"El poder es impunidad": la maldita frase que muchos recordaron con la fiesta clandestina de Olivos
Una de las máximas de Juan Domingo Perón, para justificar su éxito político, decía que "nosotros no fuimos demasiado bueno, pero los que vinieron, fueron peores". Mucho tiempo después, con el infortunio del gobierno de Fernando De la Rúa, los menemista decían lo mismo del ex presidente.
El temor que ahora invade la Casa Rosada es que no sólo sea comparado por esa pasión por el desenfreno que tenía Menem. Se persignan con sólo pensar que la gente empiece a valorar la paz e imagen familiar que reinaba cuando Mauricio Macri, a pesar de estar viendo Netflix, acompañado por Juliana Awada y su hija, Antonia. El "rey del meme", ya superó su propia marca.
El dirigente sindical, siempre filoso, jocosamente denominado "el filósofo sanmartinense" Luis Barrionuevo había considerado que el menemismo podía compararse con un motochorro si lo hacía con el robo que se produjo durante la gestión kirchnerista. Carlos Menem, también podría considerarse un déspota pero no un sínico. Al primer conflicto público que tuvo con su mujer, Zulema Yoma, la hecho de la residencia presidencial de Olivos y le sacó todas las pertenencias.
Con Alberto Fernández no pasa lo mismo. Niega la fiesta y los invitados VIP cuando ya hay múltiples pruebas de que la primera FIESTA CLANDESTINA de la pandemia se armó en el la Residencia Presidencial.
Esta hipocresía, doble moral, o amoralidad, de festejar cumpleaños y realizar reuniones como las que mantuvo con la familia Moyano, entre otros, se producía mientras policías querían llevar presas a personas que tomaban sol, hacían running, paseaban perros o la Prefectura le impedía remar a un deportista en Tigre. Y lo peor. El protegido gobernador de Formosa, Gildo Insfrán, imponía una cuarentena inhumana que terminó matando a una chiquita cuyo padre tuvo que ingresarla en brazos luego de semanas de reclamo.
Como la primera clandestina se realizó en la casa temporaria del presidente Alberto Fernández, también el vacunatorio VIP se levantó en el Ministerio de Salud.
¿Se entiende de lo que se está hablando?...
Por primera vez, este periodista, debido a la indignación, bronca por no poder ver a sus hijos por semanas, despedir a amigos y familiares, sufrir la no escolaridad virtual y tantas otras cosas, puede revelar lo que tres importantes funcionarios del gobierno nacional le dijeron en estricto off hace ocho meses, por primera vez, y luego los otros lo reiteraron a mediados de año. "Estamos en manos de un hombre que no tiene contacto con la realidad".
Todos sabían o percibían algo.
"Hay momentos donde, efectivamente, dudo que entienda la complejidad del problema", dijo. Ya había pasado el cumpleaños de Fabiola Yáñez, por supuesto. Otro, más directo, disparó: "No... no podemos esperar nada de él. Todo lo que hagamos lo tenemos que hacer nosotros".
Ahora, ningún miembro del Gobierno quiere hablar del tema. No saben qué explicación dar. En el parlamento, los principales referentes del oficialismo no contestan. Tampoco deben hacerlo. Ni Sergio Massa, ni Máximo Kirchner, ni Axel Kicillof y, fundamentalmente, Cristina Fernández de Kirchner fueron invitados a semejante escándalo privado.
Pero nadie quedará indemne del Vacunatorio VIP, en el que familiares y funcionarios se hacían pasar por médicos para darse la primer dosis de la vacuna.
Alfredo Yabrán, autor intelectual del asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas, en 1997, inmortalizó una frase que, el presidente, ejecuta a pleno. "El poder es impunidad".


