Una elección polarizada y que comienza a dirimir el poder para 2023

Una elección polarizada y que comienza a dirimir el poder para 2023

La política cerró otro período de armado de listas para las legislativas en donde Rodolfo Suarez plebiscitará su gestión. Anabel y Cornejo serán las figuras de la campaña, pero con la mira puesta en lo que ocurrirá en dos años. Las terceras fuerzas y su problema para romper con la polarización.

Marcelo Arce

Marcelo Arce

La política cerró finalmente este sábado otro de esos períodos en donde se dedicó durante largas semanas a su ejercicio preferido: el armado electoral y la distribución de los cargos en las listas. O como lo describió con crudeza el analista Enrique Zuleta Puceiro: “La política ha perdido la voluntad de contribuir a solucionar los problemas. Se convirtió en un ejercicio narcisista en donde lo que se definen son solo espacios de poder. Del otro lado, está la realidad”.

Mucho de este contenido es lo que abarcan a las elecciones de medio término que ya están en marcha. Y allí, definitivamente, nos encontramos en la antesala de la disputa de poder para el 2023 entre Alfredo Cornejo y Anabel Fernández Sagasti quienes serán, sin dudas, las dos figuras mas representativas de la campaña.

Anabel Fernández Sagasti junto al resto de los precandidatos. Foto: Twitter

Anabel es quien ya tiene blanqueado su proyecto para intentar llegar a la gobernación dentro de dos años. Pero pondrá mucho en juego en septiembre y, sobre todo, en noviembre próximo. Un único resultado posible para ella en estas elecciones será obtener como mínimo el mismo porcentaje de votos que el PJ consiguió en 2019 y que estuvo alrededor de los 36 puntos. La cuesta será alta: hoy ronda los 30 puntos y podría caer algunos más si no cambia su suerte que, en altísimas dosis, está atada a la del gobierno de Alberto Fernández. En este punto, serán esenciales el avance del plan de vacunación y, por sobre todo, el impacto de la inflación y la marcha de la economía.

El Frente de Todos logró concretar en las listas un acuerdo entre el kirchnerismo y los intendentes que le sirvió para dar muestras de unidad. Pero la concordia que se alcanzó para armar la estructura de las candidaturas, terminó generando mucho malestar en los departamentos en los que no son gobierno y no había un intendente que terminara ordenando la discusión. Ante el temor de que muchos de esos dirigentes terminaran buscando opciones en boletas por fuera del peronismo en esos distritos, surgió la idea dentro del frente de definir el problema a través del uso de las colectoras que, a todas luces, tienen su destino en la Justicia Electoral.

Adolfo Bermejo es un buen candidato según el reflejo de las encuestas y es quien más mide dentro del PJ. Pero por sobre todas las cosas había mostrado su predisposición a estar, ante la reticencia de Emir Felix para quien Anabel había reservado ese primer lugar en la lista de diputados nacionales. El futuro (y el resultado de las elecciones) dirá si los Félix se terminaron corriendo de las escena hoy para intentar discutirle mañana el poder a Sagasti dentro del PJ. José Luis Ramón terminó facturando su acuerdo con el kirchnerismo de una manera pragmática: había pedido encabezar la lista de diputados y le dijeron que no, le ofrecieron a cambio otros casilleros en las listas nacionales pero esa oferta tampoco prosperó porque no se trataba de lugares "entrables". Finalmente, se terminó acomodando en uno que sí y buscará ingresar a la Legislatura como candidato a diputado provincial en el primer distrito.

Cornejo pone mucho en juego en esta elección, pensando también él en 2023. Aunque aquí el objetivo final esté un poco más difuso todavía. El exgobernador no solo estará pendiente de lo que suceda en Mendoza, porque además será una de las cabezas de la campaña del oficialismo, sino que la atención estará en la provincia de Buenos Aires.

Con un radicalismo que renovó su optimismo en ese distrito con la candidatura de Facundo Manes, el proyecto presidencial de Cornejo volvió a tomar fuerza. Antes de eso, regresar para retomar el poder en la provincia aparecía como el plan principal. Sin embargo la posibilidad de que Manes le gane la interna al PRO de Juntos por el Cambio, primero, y que luego tenga un buen desempeño en el distrito electoral más importante del país (perder por poco seria un buen desempeño) revitalizaron la intención del exgobernador a lanzarse a nivel nacional. Parte de su estrategia de pasarse al Senado siempre tuvo que ver con esto: desde esa Cámara confrontará ahora directamente con Cristina Kirchner.

Pero para ello, Cornejo precisa que el triunfo en Mendoza sea contundente, es decir, que el resultado no baje de los 40 puntos para poder ir y mostrar esas credenciales a nivel nacional. En la proyección que hace el Gobierno, el resultado estaría por debajo de los 52 puntos que logró Rodolfo Suarez para ser electo. Pero Cambia Mendoza confía en sacar 44 puntos en estos comicios.

¿Qué rol ocupará el gobernador ante lo que se viene? Una ministra suya, Mariana Juri, está en las listas con lo cuál no podrá escapar de tener también él un papel protagónico. Cambia Mendoza saldrá a plebiscitar su gestión, aunque el foco esté un poco más corrido hacia la cuestión nacional en estos comicios. Ahora bien: lo hará remarcando la forma en que Suarez administró la pandemia casi como único caballito de batalla. No es un tema menor, ese manejo de la crisis sanitaria fue lo que lo llevó al mandatario mendocino a trepar en las encuestas hasta ser considerado uno de los mejores del país y la clave es saber cómo el FdT conseguirá salir de esta encerrona. Resquicios para entrar tiene, sobre todo, por los problemas que se han acentuado en materia de seguridad.

Algo quedó claro en este frenesí electoral que concluyó anoche. Tanto el oficialismo como la oposición provincial privilegiaron los acuerdos internos por sobre la competencia y no se dirimirán candidaturas importantes en la PASO. Cornejo enfrentará una interna, es cierto, pero allí no se discutirá su poder. La elección será sin dudas polarizada y las terceras fuerzas tienen un panorama complejo.

Estas opciones alternativas al radicalismo y al peronismo finalmente no lograron estructurar un frente común y se presentarán divididas en al menos tres espacios y a ellos se sumará el Frente de Izquierda, para tratar de captar el voto de los desencantados y de los indecisos que no son pocos y que rondan el 20%. A dos meses de la primera prueba electoral no es un caudal despreciable y les podría permitir, con algunos puntos menos incluso, a alguno de ellos llegar al Congreso Nacional. Pero para saber qué sucederá en la general, habrá que esperar cuál de todas las opciones por afuera de los partidos tradicionales es la más votada y cuáles no pasarán el filtro de la PASO.

Sin embargo los  problemas de los que adolecen para lograr irrumpir como opción seguirán allí después de septiembre. Las terceras fuerzas no han conseguido que las termine representando una figura de arrastre electoral (la opción de Omar de Marchi fue uno de esos planes) y sobre todo ninguno logró todavía concentrar en una idea la estrategia de campaña que les permita captar la atención de quienes están decididos a romper con la polarización.

Para que sea más claro: aún no asoma ningún slogan como aquél que proponía la Izquierda en 2013 para que un diputado cobre lo mismo que una maestra. Y no se ve que ninguno esté dispuesto a exponerse con una frazada y un megáfono para pregonar que defiende los derechos de los consumidores, como apeló Protectora en 2017. Podrá entenderse esto como una banalización de las propuestas electorales y hay mucho de eso. Pero también es cierto que un montón de gente está dispuesta a votar por fuera de las estructuras tradicionales y que lo haría solo con el más mínimo estímulo que encuentre para hacerlo.

Volviendo a Zuleta. En su análisis de la realidad política del país, sostiene que detrás del armado electoral frenético también se esconde “una pasión inútil” que nos enfrentará a una campaña de candidatos y no de partidos. “Será una elección polarizada, en donde no habrá fórmulas sino candidatos. El fenómeno que estamos observando es de una fragmentación absoluta del sistema de partidos, que se dividen y se subdividen entre sí”.

Si se analiza la oferta electoral, todo esto está sucediendo. El Frente Cambia Mendoza está integrado por quince partidos políticos, el Frente de Todos por catorce, el Vamos Mendocinos por ocho y el Frente de Izquierda por tres. A esto, hay que sumarle al Partido Verde, a Compromiso Federal y al Partido Federal que también se presentaron a la carrera. Es decir, un escenario de más de cuarenta partidos (muchos de ellos meros sellos de goma) para sostener un sistema que, además, no funciona para dar respuesta a los problemas porque en definitiva se tratan solo de alianzas electorales y no de coaliciones de gobierno. O como decía un viejo caudillo político argentino: “Ganar elecciones, las gana cualquiera. El problema después es gobernar”.

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