Termómetro: los tres datos que inquietan por el desborde inflacionario

Termómetro: los tres datos que inquietan por el desborde inflacionario

La inflación golpea más a los más pobres. Pero además genera tensión social y política. La incertidumbre por los recursos.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

Son datos que pasan de largo por la anestesia, pero tiene impacto social y político. El aumento en el costo de vida golpea fuerte y particularmente en las provincias. En el caso de Mendoza más aún: la inflación local es una de las más altas del país, en un año superó la barrera "psicológica" de los 50 puntos y no hay nada que indique que baje. Las consecuencias son inmediatas y la cuenta es simple: en las familias mendocinas aumenta el costo de vida y no los ingresos porque más de un tercio de la población tiene empleos informales, en negro. 

La palabra inflación es parte del vocabulario coloquial por la convivencia eterna con el problema. En el contexto actual, el tema inquieta por tres datos clave: en una fábrica de pobreza, agita el escenario político y genera más incertidumbre.

Más pobreza

En seis meses la inflación fue del 26,2%, pero si se considera un año calendario entero fue del 51,8%. Los alimentos crecieron 56,4% en un año. Al mismo ritmo aumentó la desigualdad, medida por el coeficiente de Gini. El impacto para las familias con menos recursos económicos es mucho mayor. Para tener una idea: subió mucho más la leche, las carnes y el pan, que son de primera necesidad, que otros elementos de menor prioridad como las gaseosas "tipo cola". Incluso con la lista de precios desactualizada que usa el propio INDEC. Por eso las familias con menos ingresos son las que más sufren la inflación y el impacto inmediato es el aumento de la pobreza. Hoy 4 de cada 10 mendocinos viven en esas condiciones y golpea más fuertemente a los niños. 

Otro de los rubros que subió más que la inflación es el de salud; justo en medio de la pandemia. La suba promedio fue del 59,7% y también afecta a los más vulnerables. Más del 40 por ciento de la población de Mendoza no tiene obra social y, por ejemplo, en caso de necesitar medicamentos deben comprarlos sin descuento. 

Tensión política

La inflación golpea más a las familias que al Estado, salvo cuando como consecuencia de los precios baja la actividad económica. Mientras que para las familias implica un más gasto inmediato por las mismas cosas, sin que aumenten los ingresos, para el Estado no es tan así: los impuestos más importantes están atados a la inflación. Ocurre con el IVA, que es nacional y se coparticipa, pues está atado al precio del consumidor final. Lo mismo con Ingresos Brutos, que es provincial y también tiene que ver con la facturación. 

Pero la inflación tira abajo todo y por eso preocupa en la provincia. Desmotiva la inversión, lima la capacidad de consumo de las personas y genera mal humor. De hecho, es la principal preocupación de la gente según todas las encuestas. "La inflación nos golpea a todos", refunfuñan en el Gobierno. Y lo dicen más por el impacto social que por el bolsillo propio. 

Ese mal humor general se hace más tangible con los representantes con los que les toca negociar a Rodolfo Suarez y su gabinete. la inflación imparable complica cualquier acuerdo salarial, pues siempre va a ser poco el ofrecimiento que pueda hacer el Ejecutivo. El 9% extra que se ofreció y se aplicará por Decreto a la mayoría, se suma al 20% acordado a principio de año y al bono de 54 mil pesos (pagado en cuotas). Lo que resta a esa cuenta es la falta de aumento del año pasado y las dudas sobre el futuro inmediato: nadie se arriesga a decir cuánto será la inflación real en 2021. 

Incertidumbre

Suarez también suma condicionamientos para gestionar. Ya hay un aumento de la luz sugerido por el EPRE y otros servicios provinciales, como los taxis, colectivos, el servicio de agua también presionan. Todos, ingredientes que pueden complicar la suba de precios. El otro problema para el Gobernador es que tampoco tiene claros los ingresos para el resto del año.

Lejos el "efecto rebote" que esperaban algunos, principalmente el presidente Alberto Fernández, la actividad económica sigue en una meseta. En Mendoza, por ejemplo, la recaudación provincial está aún 11% abajo del 2019, es decir de un año pre pandemia malo. Según explicaron desde el Gobierno, durante el primer semestre del año pasado, con varios meses de confinamiento a cuestas, la recaudación había caído 16%. Este año  y con casi sin restricciones subió solo un 6%. El crecimiento no alcanza para recuperar lo perdido. 

El clima preelectoral es otro ingrediente. Hay una máxima en la política argentina: los años pares se recauda, y los años impares se gasta. No tiene que ver con las cábalas, sino conque año por medio hay elecciones, como ocurre en este 2021. El problema es que "no hay para gastar". 

Allí ocurre como con toda la economía local: Argentina fue uno de los países que más cayó el año pasado y, por lo tanto, también será uno de los que más demore en recuperarse. 

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