Postales de una Argentina "selvática", con perdón de Alberto

Postales de una Argentina "selvática", con perdón de Alberto

La clase política parece seguir desconectada, inmersa en sus cálculos electorales. Mientras, la población también parafrasea un poco a Litto Nebbia y piensa: "... solo se trata de (sobre) vivir".

Nicolás Attias

Nicolás Attias

Cuando uno mira la vidriera política argentina no encuentra cosas para entusiasmarse. En medio de enredos propios de la rosca preelectoral y anuncios para la tribuna que solo buscan capturar porciones de votos de un electorado desesperado. Electorado que a su vez se debate entre las sombras de la penuria, el miedo al covid, y la incertidumbre de un porvenir que nunca termina de asomar.

Esta semana tuvimos dos muestras de un manejo de la botonera del poder en donde parece primar la oportunidad y la desconexión a la vez. La familia monotributista despertó una mañana muy aturdida por una deuda que apareció en forma de retroactivo. A las pocas horas y a la par que crecía un comprensible fastidio entre los que facturan para poder vivir, todo se mandó a corregir  a las apuradas mientras a los operadores políticos les latía el párpado al hacer los cálculos electorales de rigor. La medida piantavotos, concluyeron, debía barrerse cuanto antes bajo la alfombra de la procrastinación de la cosa pública, bajo la ficción de la eterna búsqueda de la eficiencia de gestión.

Otra postal de antología política silvestre fue nuestro coterráneo Ramón revoleando la frazada para celebrar la aprobación en Diputados de la ley de zonas frías, que rebaja la tarifa de gas. Claro, hacen lo más simple y efectista: reducir el valor de la factura del servicio, beneficiando a todos, al que puede y al que no, al tiempo que agregan una cuenta que la terminaremos pagando con nuestros impuestos para reforzar el subsidio con que el Estado seguramente compensará a las distribuidoras. Queda para algún tiempo utópico discutir un plan real de desarrollo de infraestructura que permita conectarse al gas a los que aún dependen de las garrafas y a los que no cubre la frazada de Ramón.

Estas jugadas y correcciones de la agenda política se inscriben en un contexto de desánimo social generalizado. La inflación es un malestar omnipresente que se revela en cada ticket junto a un changuito a medio llenar y que suele ser algo que muchas personas comentan incrédulas: “mirá lo que compre con 2000 pesos”. Mientras la política busca la inmediatez de un título que capture la atención y el favor del público, gran parte de la sociedad se las rebusca como puede para llegar a fin de mes peleando por no descender en la escala social, tratando de conservar a como dé lugar cuotas de calidad de vida, a la vez que sigue el “ejemplo” de Mauricio Macri de despejarse de la agotadora realidad conectándose al streaming, aquellos que tienen el abono al día.

Un futuro que atrasa 

Mientras tanto, quienes ya no dan crédito al futuro de la Argentina parten en avión al extranjero a buscar nuevos horizontes, para completar una dolorosa parábola imaginaria: si los argentinos llegamos en barco, como recordó esta semana el presidente littonebbista Alberto Fernández, escapamos por Ezeiza en busca del aire que nos quita un presente lleno de signos de interrogación.

El blooper de un presidente aturdido, que parafrasea a un cantante popular al que confunde con un poeta mexicano, mientras el presidente español lo mira de reojo, revela la profundidad del desconcierto y agobio losardista que padece.
Más allá del malestar diplomático que generó, que incluso dio lugar a que el extremista Jair Bolsonaro lo corriera por izquierda al tratarlo de racista, Alberto Fernández pareciera haberse vuelto un espectador pasivo que sigue muy de atrás, en slow motion, la corriente de la actualidad.

De todos modos, el arribo de nuevas tandas de vacunas le dio al Gobierno Nacional cierto respiro. Permite ver alguna luz tenue al final del largo túnel de la pandemia, ya que mayores sectores de la población podrán inmunizarse y la actividad podría ir ganando más ritmo. Se espera que en las próximas semanas, de no mediar ningún retroceso en los casos, se aplique cierta flexibilización de las restricciones, lo cual haría juego con el alivio social y con las necesitadas cajas de la economía. Pero igual parece estar todo atado con alambres, y el indicador de camas disponibles se ha vuelto tan consultado como el Riesgo-país.

En Mendoza se celebró la llegada de nuevas dosis que permiten acelerar la inoculación al tiempo que se apura la normalización de diferentes sectores de la economía, en especial el comercial y el turístico. El panorama sanitario local parece haber dado cierto respiro a los terapistas, y permite a la gestión Suarez amagar con colgarse la cucarda del on/off como método más flexible de la gestión pandémica, a diferencia del fundamentalismo que primó en el círculo K más cerrado.   

Todas estas postales pueden mezclarse en un calidoscopio argento y decodificarlo según la interpretación que más interese. Pero mientras el reloj de arena del mundo sigue su curso, y las sociedades más avanzadas gozan de ciertas previsibilidades, aquí el almanaque parece haberse detenido en las semanas que el mundo pasó hace rato. Perturba una sensación de estancamiento e inmovilidad social, mientras se teme que nos revoleen algún nuevo impuesto por la cabeza. Alguno seguramente pensará: mejor evadirse de la selva criolla, con perdón de Alberto nuevamente.

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?