El máximo temor: ajustar antes de las elecciones en medio de la tensión social y el aumento de la pobreza

El máximo temor: ajustar antes de las elecciones en medio de la tensión social y el aumento de la pobreza

Todos dan por descontado que el gobierno de Alberto Fernández llegará a los tumbos a las elecciones. Por eso postergaron el calendario electoral y hasta amenazan con suspender las PASO. La gran incógnita pasa por saber qué haría el oficialismo si se queda sin nafta antes de esos comicios.

Beto Valdez

Beto Valdez

La movida de postergar el calendario electoral por parte del Frente de Todos apunta a ganar tiempo sobre la premisa de llegar a noviembre con una mayor vacunación y, sobre todo, poder poner en marcha la economía real y que ese rebote se sienta en los bolsillos de la población. Sin embargo, la teoría respecto a que cerca de fin de año la situación social y el humor estarán mejor empieza a ser discutible para muchos analistas económicos.

La apuesta de Cristina Kirchner, Máximo y Axel Kicillof se basa en revertir el contexto actual de pesimismo sobre todo en en el Gran Buenos Aires en base al congelamiento de tarifas, precios y tipo de cambio. Todo lo contrario a lo que apunta el ministro de Economía, Martín Guzmán. Pero nadie está en condiciones de afirmar que a mitad de año se inicie ese supuesto ciclo virtuoso que le permita ganar las elecciones al Frente de Todos. 

Incluso, en el círculo rojo se mira con mayor atención a lo que pueda ocurrir después de las legislativas de medio término. Se da por descontado que al oficialismo le alcance la nafta para llegar sin grandes sobresaltos a las urnas. La bomba explotaría después de esos comicios. Ahora, que pasaría si las variables se descontrolan en plena campaña y el gobierno de Alberto Fernández se ve obligado a hacer ajustes. ¿Tendrá espaldas para avanzar con medidas ortodoxas? ¿Aceptaría Cristina ese viraje ideológico?

Incertidumbre

Las dudas que empiezan a surgir tenuemente entre varios analistas económicos es cómo administra el Gobierno el déficit fiscal, la inflación y la montaña de pesos que están en letras y pases del BCRA, sobre todo porque la liquidación del campo puede estirarse con suerte hasta julio. Entonces algunos interrogantes que empiezan a surgir es cómo mantiene el equipo económico y el Central el dólar planchado. Sobre todo con tantos rumores de más radicalización K: aumento de retenciones, suba de bienes personales y mayores dosis de impuesto a la riqueza con más contribuyentes. 
 

Sin inversiones, ni financiamiento externo los dólares cada vez  van a faltar más. Nadie quiere los pesos a un 4% de inflación anual. La prueba de fuego se va a dar en agosto y septiembre, justo en la previa a las PASO, si es que el oficialismo no encuentra una artimaña para suspenderlas. El aumento del riesgo político puede provocar una dolarización que acelere aún más la suba de precios o que se dispare el dólar, escenarios inmanejables para una administración de origen peronista en campaña electoral.

Por eso algunos sostienen que el único garante para dilatar la bomba es Kicillof, en base a su experiencia en el Palacio de Hacienda en el final del segundo mandato de CFK. Y también hablan de un plan del gobernador de Buenos Aires que Guzmán ha empezó a cumplir. Aunque en esa oportunidad había reservas suficientes en el BCRA como para dilapidar. Ahora no hay margen.

Las apuestas del mercado, por ahora, indican que el oficialismo puede llegar gateando a las elecciones generales. Lo que no queda claro es cómo atraviesa el tercer trimestre con tensión social, aumento de la pobreza y sin dólares. Nadie se imagina que un gobierno kirchnerista devalúe en un año electoral. ¿Y si no le queda otra? ¿Qué herramientas puede usar una administración que no puede aprobar leyes en la Cámara de Diputados? El Frente de Todos tiene menos poder real del que parece como para evitar pagar costos políticos con iniciativas chavistas.

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