Dialéctica pura: la gestación política de la pobreza

Dialéctica pura: la gestación política de la pobreza

Las sucesiones de gobierno no han generado pasos hacia adelante, sino que se traduce en sucesivos proyectos que anulan al anterior, por sus intereses propios e internos.

Andrea Ginestar

“Si la luna brilla sobre la parrilla, come luna y pan de hollín”, dice el clásico tango escrito por Horacio Ferrer e interpretado por el genial Polaco Goyeneche. Poco más de 50 años han pasado de esa poética creación que refleja lo que parece haberse convertido en el ADN argentino.

La parrilla es y será la economía, no porque lo queramos, no porque nos guste o porque solo lo deseemos. Es porque así funciona el sistema; sin la vida cotidiana resuelta desde lo material, el resto de las cosas se vuelve falso. Podemos, sin temor a equivocarnos, relucir frases sobre la felicidad, el amor o sobre la salud como importante argumento para la vida de nuestros espíritus. Pero ese espíritu habita un cuerpo material que debe ser atendido, abrigado, alimentado y contenido. 

Esa contención tiene estrecha relación con los roles políticos que asumen los gobiernos y las personas, aunque con diferentes grados de responsabilidad, claro está. Porque aunque a muchos no les guste, todo es política y todos/as hacemos política, incluso cuando nos autoproclamamos apolíticos, hacemos de nuestra posición, un elemento funcional de la política que necesita en parte de la apolítica. Parece un juego burdo de palabras vacías, pero para ponerlo en claro, se trata de que si existe un nosotros, debe constituirse un ellos. Un otro. 

Kirchnerismo/Macrismo es la brecha evidente y mediatizada, otros la llevan hacia las fuerzas políticas como Juntos por Cambio/Frente de Todos, peronismo/radicalismo (como se vive con más fuerza en Mendoza). Brechas que dirimen sus diferencias y miden sus fuerzas en sucesivos rounds como reformas judiciales, constitucionales, casos de espionaje, causas por aquí, otras acusaciones por allá, que las listas encabezadas por tal y la interna de tal otro partido que marginó a tal otro. Toda una serie de pleitos que tampoco engendran protecciones civiles sino que responden a intereses de facciones partidarias. Y en el medio de todo eso, la parrilla sigue brillando.

La brecha de esas rencillas ha generado, como una de sus consecuencias más evidentes, el desgaste y fragmentación de la política como herramienta de cambio. Ni hablar de políticas a largo plazo, de Estado y en muchos casos, ni siquiera de gobierno. Las sucesiones de gobierno no han generado pasos hacia adelante, sino que se traduce en sucesivos proyectos que anulan al anterior, por sus intereses propios e internos. Dialéctica pura.

De forma que cada vez tenemos más niños de mil años, esos que viven en su corta vida las peores penurias, una triste primavera en la que florecen asentamientos al tiempo que se marchitan hogares en la carrera por alcanzar esa canasta que cotiza más de 50 mil pesos; esa es ahora la solitaria empresa de muchas familias.

El tiempo que cada gobierno ha pedido en su momento, se agotó hace décadas. El segundo semestre que no llegó, o sí lo hizo, pero de la mano del crecimiento que no vimos, porque, claro, era invisible; el tiempo de pandemia que se ganó para organizarnos y salir fortalecidos, sigue transcurriendo y en el medio de las discusiones y armados para las legislativas, van quedando pocas ganas de esperar el amanecer. Porque la verdadera brecha está entre lo que nos muestran como verdad y lo que vivimos como realidad.

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