El epitafio incoherente que Alberto Fernández sueña para su gobierno

El epitafio incoherente que Alberto Fernández sueña para su gobierno

El presidente cerró su discurso explicando cómo querría que lo recuerden. Pero antes había generado una idea distinta. Hubo un deseo que en Mendoza puede inquietar: mejorar los pasos a Chile alternativos. También hizo propio un proyecto de la senadora Anabel Fernández Sagasti.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

El presidente Alberto Fernández habló casi dos horas y en su discurso hubo un error de concordancia; no lingüístico sino político: cerró con el deseo de que su epitafio político sea referido a la unión de los argentinos. Pero antes había repetido el modelo agrietado de la política con la que tan cómodos se sintieron Cristina Fernández, Mauricio Macri y ahora él. Gran parte de su opaco discurso estuvo asentado en mencionar la herencia, en la idea de "reconstrucción" y uno de los pocos anuncios tuvo que ver con ahondar las teorías ya instaladas por el kirchnerismo más duro.

"Quiero ser recordado como un argentino que un día fue elegido como Presidente y fue capaz de servir a su Pueblo sembrando la mejor de las semillas que un ser humano puede sembrar: la unidad de su Patria más allá de las diferencias, la unión nacional más allá de la pluralidad de miradas, la concordia del país más allá de las razonables críticas", dijo al finalizar. Antes, había enumerado cuestionamientos y acusaciones de todo tipo mientras era interrumpido por los gritos de los legisladores oficialistas. 

Alberto tomó parte de los anuncios del año anterior, pero sobre todo en un tema: la reforma judicial y el funcionamiento de tribunales. Por eso retomó y ponderó las conclusiones de la comisión ad hoc para reformar el funcionamiento de la Corte y pidió al Congreso sancionar la reforma. Es un tema "transversal" dentro del Frente de Todos, que genera empatía entre los propios. 

Allí hubo además un gesto hacia una mendocina. Alberto anunció que propondrá que se instaure el Juicio por Jurados en el fuere federal para juzgar delitos graves. El proyecto es de la mendocina Anabel Fernández Sagasti, quien logró meter el tema en la agenda presidencial aún a pesar de cierta duda de Alberto.

Federalismo de amigos

El Presidente agradeció en general a los gobernadores y mencionó la falta de federalismo, pero siempre con la culpa externalizada. "Todas nuestras políticas están definidas por este enfoque federal", dijo. Y renglón seguido enumeró acciones y obras para promover el desarrollo. Allí hubo un sutil gesto inquietante para Mendoza. El Presidente mencionó la necesidad de realizar las obras que promuevan el comercio hacia el Pacífico, un dato alentador a priori. Pero destacó una ruta que esquiva a la provincia y pondera otro corredor. 

Cuando mencionó el Plan de Desarrollo Federal, Alberto Fernández priorizó "las obras que faciliten la salida de la producción argentina a través de puertos chilenos sobre el Océano Pacífico", pero hizo hincapié en el camino que pasaría por San Juan. "En particular las vinculadas con el corredor bioceánico Noa-Centro", dijo el mandatario.

En Mendoza buscan potenciar el paso Cristo Redentor, la principal vía de contacto con los puertos de Chile. Pero en paralelo se potencia desde la Nación el túnel y corredor en el paso Agua Negra, que serviría de ruta comercial nueva para transportar vía terrestre mercaderías. En su visita a Chile el Presidente y la comitiva que lo acompaño también abogó por ese paso, mientras que el gobernador de Mendoza Rodolfo Suarez no fue invitado a la misión. 

La sesión fue tediosa, pesada y molesta. La palabra cansina del presidente era interrumpida por legisladores opositores bravucones. El mensaje fue previsible, lento y cargado de lugares comunes. Empezó con un llamado a la unidad, estuvo sustanciado en la división y cerró con un epitafio difícil de cumplir, pero cuyo yerro no será novedoso: unir a los argentinos.

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?