La deuda interna de la que nadie se hace cargo

La deuda interna de la que nadie se hace cargo

Argentina tiene una enorme deuda interna con la infancia. Por primera vez, los padres no pueden garantizar que sus hijos vivan mejor. Carencias y desigualdad.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

El debate político está centrado en el descalabro de la economía y lo que le debemos al mundo. Pero hay una dolorosa deuda interna que tiene consecuencias más graves y, para comodidad de muchos, es mejor no mirar. En Argentina, por primera vez, hoy no se puede garantizar que los "hijos" vivan mejor o tengan mejores oportunidades de desarrollo que los adultos de hoy. Los niños y adolescentes del país no tienen garantizados los derechos mínimos, los mismos que hoy se celebran en el mundo como consigna y el deterioro social los afecta más. El INDEC sinceró la situación de la niñez y la adolescencia a través de datos que reflejan parte de esa realidad. 

Hay una grieta involuntaria que se abrió y no tiene que ver con las opiniones políticas. La desigualdad es cada vez mayor y abre caminos distintos. Desde la inseguridad alimentaria con la que viven al menos 3 de cada 10 niños, a la carencia de condiciones mínimas con las que crecen 6 de cada 10. 

El derecho a la educación está casi garantizado en el nivel primario. Pero la desigualdad llega antes: un cuarto de los niños de sectores menos favorecidos económicamente no accede al nivel inicial (sala de 4), mientras que en el quintil de mayores ingresos casi todos logran un lugar. Las tareas que deben hacer muchos niños y adolescentes -y que no están dentro de lo que deberían hacer- es un condicionante para el futuro.

Es lo que pasa con las adolescentes que se hacen cargo de tareas del hogar (con el sesgo de género extra que también tiene) y con quienes realizan alguna actividad productiva. Según el dossiere estadístico del INDEC; hay una relación entre el desempeño y el abandono escolar y el trabajo. El 5% de las niñas trabaja de manera intensiva en el hogar y el 17% de las adolescentes también. En el caso de los hombres, el 4% de los niños trabaja y el 21% de los adolescentes está vinculado a algún empleo o actividad productiva. 

Las condiciones de vida son igual de disímiles: uno de cada 10 niños viven en condiciones de hacinamiento crítico. Un 10% de todos los niños del país, no tienen agua de red en su casa y casi un 40% tampoco cloacas. 

Hay un grupo de adolescentes que no tienen acceso a nada. Pero esa desigualdad incluso tiene disparidad según el género. En Argentina un 11% de las adolescentes no accede ni a la educación, ni al trabajo ni tiene oportunidades de desarrollo en su presente.

Son las que de manera discriminatoria se mencionan como "Ni ni", porque no estudian, ni trabajan. En realidad lo que sufren es falta de acceso a sus derechos. Si se analiza por segmento de ingresos, la desigualdad es enorme. El 16% del total de jóvenes de sectores más desfavorecidos, no tiene ni trabajo ni lugar en la educación, ni actividad productiva. 

Esa radiografía es parte de la deuda interna que Argentina aún no salda

 

 

 

 

 

 

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