Teléfono para la política

Teléfono para la política

La política no tiene nada para festejar. La sociedad argentina no dijo basta solo al peronismo, se lo está diciendo a toda la política.

Luis Costa

Por Luis Costa, sociólogo y analista político.

Debería tomarse con más atención lo ocurrido en la provincia de Buenos Aires, ya que en el peor momento del peronismo, en las condiciones más desfavorables de gestión y de tensión interna llevadas al espacio público, la diferencia entre Santilli y Tolosa Paz se redujo a 1,5%. Esto obliga a pensar el futuro con los ojos de la historia, ya que donde parece haber novedad, hay muchas veces oculta una repetición.

Con la victoria encima, los candidatos y candidatas de Juntos deben ofrecer su festejo de victoria frente a los públicos que miran las noticias. Las sonrisas, gestos con los brazos y amontonamientos de felicidad no pueden extenderse al espacio privado, a la realidad de la intimidad, ya que todos fácilmente comprenderán que desde el 12 de septiembre al día de hoy es muy poco lo que se pudo avanzar. Para esa fuerza opositora, ganar o perder en la provincia de Buenos Aires parece más una suerte compartida con la forma en que la fuerza contraria, el peronismo, se anda relacionando con su base electoral, que a capacidades propias de construcción de logros.

Hace demasiadas elecciones que Juntos por el Cambio saca exactamente lo mismo, en los mismos lugares y con los mismos perfiles socio demográficos. Se trata de una fortaleza que ofrece al mismo tiempo la paradoja de la quietud. Vidal ganó la elección a gobernadora con 39,42%, Bullrich la senaduría en 2017 con 41,34%, Vidal perdió la gobernación con 38,28% y Santilli está obteniendo casi 40% en una victoria muy ajustada luego de imaginar una distancia mayor. Si no logra ampliar su base social, su diversidad electoral y su dinámica espacial, deberá rogar que el peronismo siga perdido en su diario conflicto interno. En esto, en la misma situación que el tiempo expresa, la historia se hace presente, igual que los desafíos del futuro inmediato.

Una elección tan ajustada en territorio bonaerense no resuelve los liderazgos de ese espacio. En vez de lograr que el electorado disponga sin dudas, quién ahora se dirigirá hacia la presidencia y al liderazgo interno, deja a Larreta en competencia con otros líderes de la misma zona y a otros con peso en las provincias. Mendoza, Córdoba, Entre Ríos y Santa Fe podrán exigir que su voz y posibles liderazgos, sean también atendidos o confrontados. En las alegrías de hoy ya han comenzado las batallas del lado interno.

El peronismo enfrenta una situación semejante, pero con un despliegue operativo más complejo. Las tensiones internas se espejaron en los actos de cierre de campaña, en las voces cruzadas del gabinete y en las múltiples direcciones de procesos de decisión siempre itinerantes. Quien lideraba con presión amenazante se ha convertido en la misma productora de su posible licuación. De la genialidad electoral de 2019, como un acto de marketing que espejaba a Cambiemos, culminó generando un episodio de victoria que ha sido seguido de un calvario de dos años de una gestión que todavía no despierta. El resultado, incluso su todavía existente derrotero, es el haberse encontrado nuevamente con una derrota en elecciones que termina produciendo un desafío equivalente al que los líderes de Cambiemos enfrentan. Ella es quien está poniendo en riesgo al proyecto, al haber construido una alternativa de gestión que no puede resolver la sobrevivencia electoral, gubernamental y económica, del espacio que crearon para sostenerlo.

A pesar de todo esto, el peronismo volvió a subir, y eso habla de la sobrevivencia de patrones estructurales sociales de relación entre la oferta electoral y la gente de la provincia de Buenos Aires. El peronismo tiene en definitiva, no un problema de público, sino de convencimiento. De nuevo sus votantes no se cruzaron a la opción contraria, no votaron a Santilli. Como ocurre en las democracias de occidente (ej.: Alemania con el Partido Verde, o España con Vos o Podemos), los electorados decepcionados escapan a lo que sea una tercera opción. En esto, justamente, han perdido el Frente de Todos y Juntos por el Cambio. Hay demasiada gente enojada, con los que recién gobernaban y con los que todavía lo hacen.

La política no tiene nada para festejar. La sociedad argentina no dijo basta solo al peronismo, se lo está diciendo a toda la política y el caso de Javier Milei de Espert, son un ejemplo de eso. Como siempre, unos quedan primero y el resto por debajo, pero siempre hay que mirar cuánto realmente se ha modificado de la forma en que se unen los procesos de preferencia, y de esto de nuevo, parece que poco. Solo hay muchos más que antes que prefieren no votar o elegir a personajes lejanos de lo conocido. En eso, en ese cambio real, están las alarmas del sistema político, que hoy parece en su conjunto, unidos en una derrota simbólica. La gente los mira con desconfianza, aunque ellos de alguna manera, los siguen votando. Solo por ahora.

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