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El demoledor pronóstico económico de un examigo de Argentina

Alejandro Werner fue, desde su cargo de director gerente para el Hemisferio Occidental del FMI, un aliado del país. No sólo en el cierre del Stand By del 2018, sino en los comienzos de la gestión de Alberto Fernández. Hoy, ya fuera del organismo, pronostica una crisis terminal.
Foto: Forbes Argentina
Foto: Forbes Argentina

Las frases impresionan. Y cuando se descubre quién las dijo, directamente alarman. Primero los dichos. “Creo que la situación de Argentina es un poco invariable a un programa del FMI. Argentina no va a pagar al FMI”. "Argentina no va a hacer buenas políticas macro-micro institucionales. Como máximo, con un programa del FMI, vamos a tener cuatro meses en los que no pasen una única revisión. Y eso es todo, volveremos a los atrasos o cuasi atrasos al final del día”. “El acuerdo como mucho va a ser una curita temporal para mantener las expectativas y retrasar la corrida bancaria durante cuatro meses”. “Creo que todos estamos exagerando el programa del FMI porque como mucho va a ser una curita temporal para mantener las expectativas y retrasar la corrida bancaria durante cuatro meses. Luego todo se resolverá. Porque si miran a estos tipos, ¿qué van a esperar de este Gobierno?”.

¿Quién es el autor de semejante duro y crudo pronóstico? Alejandro Werner. El economista argentino/mexicano que durante muchos años detentó el cargo de Director Gerente para el Hemisferio Occidental del Fondo Monetario Internacional (FMI); quién dejó su cargo el 31 de agosto pasado y que rompió el silencio, al menos sobre Argentina, ayer vía Zoom en un panel por el Instituto de Política Económica y Monetaria del Foro Oficial de Instituciones Financieras y Monetarias (OMFIF). Acompañado por el hombre de la casa Pablo Guidotti y Joaquim Levy, expresidente del Banco de Desarrollo de Brasil.

¿Porqué es importante la frase y el tremendo diagnóstico sobre Argentina? Porque Werner fue uno de los actores fundamentales que negociaron el Stand By que se firmó con el Gobierno de Mauricio Macri en 2018; que estableció puentes en 2019 con el primero candidato y luego electo presidente Alberto Fernández y el que inició el por ahora fallido camino para que Martín Guzmán avanzara hasta febrero pasado en un Facilidades Extendidas.

También es uno de los acusados por el kirchnerismo de haber entregado dinero al Gobierno de Macri para que utilice dólares durante la campaña electoral. Se sabe que define todo el capítulo argentino como un gran fracaso, al punto de determinar una salida algo agridulce de un funcionario que en el FMI mantenía una muy buena gestión. El economista nacido en Córdoba fue uno de los exitosos encargados en el cambio de políticas e imágenes del organismo financiero internacional, luego de las críticas duras por las crisis crónicas nacidas de la aplicación de los planes ultraortodoxas de la década del '90.  

Werner pidió en abril su salida del FMI, la que fue aceptada inmediatamente y concretada en agosto. Desde allí en adelante no se conocían declaraciones de Werner sobre el país. Hasta ayer. Nadie quedó de aquel equipo que había cerrado el préstamo por más de US$57.000 millones de los que se concretaron giros por unos 44.700 millones de dólares. Ya se habían ido la directora gerente Christine Lagarde, su segundo David Lipton en febrero de 2020 y Roberto Cardarelli, el encargado del caso argentino que terminó sus funciones atendiendo problemas de países africanos.

Para el Gobierno, Werner hablaría desde la bronca. Y con cierto tufillo a venganza. En algún momento tenía una relación casi perfecta con Alberto Fernández. El 27 de junio de 2019, cuando el entonces flamante candidato opositor se reunió por primera vez con el director gerente. Alberto Fernández llevaba sólo semanas como el hombre elegido por Cristina Fernández de Kirchner, y desde el FMI se había generado una inquietud importante sobre cuál era su idea sobre el megapréstamo otorgado.

Concretamente, la duda era si un eventual Gobierno suyo iba a reconocer esa deuda o la negaría por cuestiones políticas, ideológicas o de cualquier otra naturaleza. Para conocer la respuesta de boca del propio vencedor de las PASO, la conducción de ese entonces de Christine Lagarde dispuso que sea el propio Werner quien viajara a Buenos Aires y se encontrara con el candidato opositor.

Aquella tarde de junio, ambos se encontraron en las entonces oficinas partidarias de Fernández en la calle México de la Capital Federal. Para distender el clima algo tenso, el candidato apeló a un recuerdo. Mencionó al padre del visitante, el cordobés Manuel “Lito” Werner; un exfuncionario y jefe de Gabinete del equipo de José Ber Gelbard, asegurándole que “dentro del movimiento, era un hombre muy respetado y siempre recordado”. Hablaron luego del exilio que el padre del hombre del FMI tuvo que vivir primero en Uruguay y luego en México, donde finalmente Alejandro desarrolló su carrera económica y política. Ya distendidos, y siempre sin abandonar los buenos gestos y la cordialidad, comenzaron los reproches desde el lado local.

“Cuénteme, y sabiendo que ustedes tienen sus obligaciones políticas, ¿cómo fue que se aprobó el último acuerdo, donde se está violando el acta constitutiva del FMI? ¿Cómo le dieron un préstamo semejante a Macri en estas condiciones?”. Fernández hablaba puntualmente de la habilitación que llegó el último 29 de abril, para que el Gobierno pueda utilizar hasta US$9.000 millones para contener eventuales corridas hasta fin de año; mecanismo que le permitió al Gobierno sostener una estabilidad cambiaria que probablemente llegue a las elecciones PASO. El candidato definió este último acuerdo como un pacto “con Macri, no con la Argentina” que generó “un dólar ficticio y electoral”. Relató Fernández el artículo VI de la Carta del FMI, en el párrafo donde se menciona que “ningún miembro podrá utilizar los recursos generales del Fondo para hacer frente a una salida considerable o continua de capital”.

Werner escuchó callado la siempre diplomática embestida; y, según los locales, asintiendo con la vista. Insistió Fernández en que “se comprende que hay cuestiones políticas detrás” (sin mencionar la acción directa de Donald Trump en el último préstamo), y lanzó otra estocada: “De los US$39.000 millones que ya prestaron, se fugaron ya US$30.000 millones. ¿Y van a prestar US$1.000 millones más? Se los van a dar para que se siga financiando la fuga”. Recordó que la deuda externa pasó de US$100.000 millones a US$150.000 millones y estimó luego que el déficit fiscal del año pasado será de 1% del PBI, “pese al ajuste y sin contar el financiero”; habló de “la ficción de las cuentas públicas” y de “la deuda que se está generando entre la Nación y las provincias” y del “descalabro de las Leliq”.

Fue la primera vez que se mencionó desde los locales una cuestión clave: “es imposible pagar así esta deuda. Se necesita renegociar”. Werner dio luego la frase clave que durante mucho tiempo replicó Alberto Fernández: “De buena fe siempre habrá un acuerdo. Si hay voluntad, será una responsabilidad mutua que deberemos asumir”.