Diez años de matrimonio igualitario en Argentina: "Ved en trono a la noble igualdad"

Diez años de matrimonio igualitario en Argentina: "Ved en trono a la noble igualdad"

Hoy se cumple una década de aquella jornada histórica en la cual la República Argentina se convirtió en el décimo país del mundo en decidir que cualquier persona puede casarse con quien ama. La realidad del matrimonio igualitario nos hace una sociedad más digna y decente.

Federico Croce

Federico Croce

“Ved en trono a la noble igualdad”, dice nuestro precioso Himno Nacional Argentino.

Es la frase que, hace diez años, una parte importante de los argentinos que la cantaron desde chiquitos han podido vivirla, sentirla, disfrutarla por primera vez. 

Porque hace 10 años Argentina se transformaba en el décimo país en el mundo en garantizar el derecho al matrimonio independientemente del sexo u orientación sexual que tengan los contrayentes

¡Qué frío hacía el 15 de julio de 2010! Recuerdo que había una ola polar en todo el país. Recuerdo que yo ya trabajaba en MDZ Online, y que Jorge Hirschbrand -periodista, y uno de los editores del diario de ese entonces- se había quedado despierto y en el diario, siguiendo el minuto a minuto de lo que pasaba en el Congreso para actualizar la información, y que yo lo molestaba por Messenger, chateándole desde mi casa porque no podía más de la ansiedad… 

La vigilia en la explanada del Congreso, hace 10 años.

Recuerdo que en mi interior pensaba que no se iba a sancionar esa ley, q no iba a pasar. Y que a las cuatro y cinco de la mañana me di cuenta de que sí, y que de golpe me dio mucho calor y lloraba de emoción.

Me acuerdo que ese 15 de julio más tarde, habiendo dormido mal un par de horas, me fui a mi laburo. Bueno, mucha gente fue a trabajar y a seguir su vida como si nada, porque tenía los mismos derechos de siempre. Pero una gran cantidad de argentinos también salió a trabajar con derechos conquistados y sintiendo algo nuevo, algo raro, algo que no podía volver atrás. Fue como un sueño hecho realidad.

Porque hoy ya las cosas están más claras -aunque tampoco tanto-. Pero hace diez años, todavía se usaba para clasificar a la gente una división espantosa: vos sos normal, vos sos anormal

Lo peor de todo es que, a fuerza de la repetición, de escuchar “sos anormal”, “sos anormal”, “sos anormal”; muchos y muchas se lo creían. Y caminaban con la mirada gacha. Y tenían vergüenza. Y sufrían. Y se escondían. Y se deprimían. Y se suicidaban.

El 15 de julio de 2010, con 33 votos a favor, 27 en contra y 3 abstenciones del Senado, el matrimonio igualitario se convirtió en ley. 

Pero eso no fue una ley: fue un bálsamo, un aceite de esos que se ponen para curar las quemaduras tremendas.

El Congreso Nacional anoche, iluminado en forma conmemorativa.

Porque para muchos y muchas fue sanar, por fin, de todas esas quemaduras que te hacían en el cuerpo, en el alma, en el corazón cada vez que te decían puto, trolo, torta, macha, sidoso, degenerada, invertido. Fue un alivio para el dolor que causaron o que todavía causan los piñazos de los compañeritos de escuela, los cinturonazos para “arreglarte a golpes”, los trabajos injustamente perdidos, las burlas escuchadas en las espaldas y dejadas pasar una y otra vez.

El Estado nos sanó como sociedad. Nos reconcilió con una ley que hace que la convivencia sea más linda, que la vida sea más linda. ¿No es lindo acaso reconocer el amor? ¿Presenciar el amor? ¿Ser testigos del amor? ¿Posibilitar el amor?

Nadie le saco nada a nadie, y tampoco nadie le dio nada a nadie. Porque el Estado Argentino no otorgó derechos, sino que le reconoció a una parte de su pueblo derechos que tenía por ser ciudadanos pero que le eran vulnerados. ¡Pensá esto! Solo por ser gay se te negaba ejercer un derecho que por ser heterosexual ni siquiera te preguntabas por él, porque lo dabas por sentado. La ley vino a reparar algo que había estado dañado desde siempre. No es poca cosa: es una reparación real y simbólica.

Hoy hay 29 países, solo 29 países en donde el matrimonio es para todas las personas que quieran casarse. Y hay lugares en este siglo XXI en los que la homosexualidad todavía esta penada con la muerte. Queda mucho por conquistar.

El día de hoy en la Argentina debe ser de fiesta para todos, porque no hay mejor lugar para vivir que en uno en el cual la sociedad sea cada vez más justa, más integral, más diversa, más decente y más civilizada; y que así, camine junta. 

Hace diez años que somos mejores.

ES AMOR.

ES AMOR.

ES AMOR.

NUNCA MENOS QUE LA IGUALDAD.

EL MISMO AMOR, LOS MISMOS DERECHOS, CON LOS MISMOS NOMBRES.

SIEMPRE.

Temas

¿Querés recibir notificaciones de alertas?