Mendoexit: el placebo discursivo que marca las carencias propias

Mendoexit: el placebo discursivo que marca las carencias propias

Cornejo lo dijo a manera de provocación: Mendoza puede vivir como un "país aparte". Se trata de un placebo discursivo que puede servir para analizar problemas a fondo o para llorar por las carencias propias.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

En la forma de decirlo hasta se puede notar algún pudor, pues Alfredo Cornejo es un político inteligente y sabe que sus dichos no son más que una provocación. Pretender que Mendoza se escinda del resto del país es un placebo discursivo que puede servir como detonante de debates serios o, ese es el problema, para mañosear por las carencias propias. Las de gestión y las políticas. 

De hecho, el propio Cornejo lo hace de manera caprichosa: intenta construir un posicionamiento nacional para competir por el poder, pero las dificultades propias del "unitarismo" político y mediático de Argentina impiden que ese proceso sea más acelerado. Si las puertas del poder central se abren, seguramente el discurso sería otro; como lo fue para Julio Cobos y todos los mendocinos que se encandilaron con los luces de la bella Buenos Aires. Algunos fracasaron en el intento y por eso la mendocinidad extrema puede tener más que ver con frustraciones propias. 

No es que Cornejo y el resto de quienes pregonan el quiebre con la Nación no tengan razón en la base de la queja por la postergación que tiene la provincia en varios temas. El drama para el Estado provincial es la dependencia nacional que tiene para enfrentar la crisis. Mientras más dependencia económica y financiera, menos independencia política. El propio Cornejo lo sufrió al inicio de su gestión con Mauricio Macri, cuando debió ser cauto para cuestionarlo. Suarez lo mismo, a pesar del destrato que sufre.

Pero entre las razones sensatas que se plantean en el postulado de Cornejo hay un análisis ineludible: el país ha quedado partido en dos con la pandemia, la forma de gestionar de Alberto Fernández y las conveniencias de mantenerlo así. La duda que ya no es existencial, es una pregunta concreta: si Argentina “puede vivir” sin Buenos Aires o cómo vivirá Argentina con un Buenos Aires adormecido. Alberto Fernández ha mostrado problemas de pericia para gestionar armónicamente todo el país y está concentrardo en el AMBA, en un país que no está preparado para prescindir política y económicamente de Buenos Aires. Pero ahora las realidades son tan diversas que las soluciones no pueden ser homogéneas.

El 50% de los recursos del Estado dependen de la Nación y si bien hay quienes pregonan que Mendoza podría vivir con lo suyo, también es real que no puede vivir sin sus vecinos y sus demandas. Buenos Aires es el principal consumidor de vinos mendocinos, los porteños son los turistas más frecuentes y ni hablar del resto de los rubros que hacen de Mendoza un provincia dependiente. La zona, al igual que Mendoza, aporta más al PBI nacional de lo que recibe.  

Las rutas miran hacia el Este, los puentes aéreos tienen como núcleo Buenos AIres. Los ferrocarriles fueron pensados de manera radial para "llevar la riqueza" de las provincias al lejano puerto de Buenos Aires. El problema de fondo es el federalismo que se pregona y el centralismo con que se gestiona, cuestión potenciada desde la reforma constitucional de 1994, que generó, con el distrito electoral único, que el objetivo político esté centrado en el AMBA. Pero también hay un dato engañoso con ese enfoque. ¿Es que acaso el Gran Buenos Aires es un sector privilegiado en la Nación? Los principales bolsones de pobreza y marginación están en esa zona. Es decir, allí están los votos y el objetivo político. Pero no necesariamente el desarrollo. Los partidos populares toman muchas veces a los grupos sociales como clientela política. En definitiva: la política está concentrada en Buenos Aires, pero eso no implica que les vaya bien. 

 

"La Provincia de Mendoza es parte integrante e inseparable de la Nación Argentina y la Constitución Nacional es su Ley Suprema". Lo dice el artículo 1 de la Constitución provincial y lo podría repetir cualquier persona más o menos sensata y fuera de chicanas. Entonces el debate sobre la Mendoza independiente podría comenzar con un saneamiento institucional primero (malos ejemplos tenemos en estos días). Y en paralelo con un análisis productivo serio sobre cómo puede generar riqueza para que todos los habitantes del suelo mendocino puedan "constituir el mejor gobierno de todos y para todos, afianzar la justicia, consolidar la paz interna, proveer a la seguridad común, promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad para el pueblo y para los demás hombres que quieran habitar su suelo". Claro, todos y no solo quienes tienen tiempo de acceder a una cuenta de Twitter para pregonar el Medoexit. 

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