Coronavirus: por qué a Mendoza le cuesta bajar el riesgo

Coronavirus: por qué a Mendoza le cuesta bajar el riesgo

A pesar de las obligaciones determinadas para enfrentar la pandemia, sigue habiendo problemas. La bronca del Gobernador y una frase contundente. Preparan el plan para abordar los momentos críticos.

Pablo Icardi

Pablo Icardi

Perros que se pasean solos, gatos que ejercen de dueños, calles ganadas por las motos de los repartidores de alimentos. La realidad de Mendoza y del país ha cambiado y tiene imágenes más dolorosas, como la de los ancianos recluidos en las habitaciones de los geriátricos sin recibir visitas. Justamente el sector más vulnerable al virus.

Pero no todos responden como corresponde y por eso no baja el riesgo de propagación.

La MacBook del gobernador Rodolfo Suarez tembló: “No voy a permitir que se me muera un mendocino culpa de unos irresponsables”, gritó el gobernador. En realidad, usó otras palabras aún más duras. El mensaje también era una arenga para que el gabinete, conectado por videoconferencia, aumente la intensidad de trabajo.

Las imágenes de cientos de personas violando el pedido de “quedarse en casa” le hicieron perder la ingenuidad a Suarez y también aumentar la preocupación. A pesar de los mensajes, a pesar de las advertencias, muchos mendocinos no respetan el aislamiento.

Con la aparición de los primeros casos de coronavirus en la provincia eso puede cambiar. En los próximos días se van a multiplicar. Es que las estadísticas de hoy son una imagen del espejo retrovisor; del estado de situación de hace una semana. Por eso la necesidad de extremar los cuidados.

Solo al seguir los casos ya detectados, se nota lo vulnerable que es la comunidad y la facilidad con que se puede propagar el virus si no hay respeto a las pautas de prevención. La suspensión de clases llegó en el momento justo y, el menos por ahora, uno de los temores que había está comenzando a saldarse: pasaron más de dos semanas de la Fiesta de la Vendimia y no hubo un pico de contagios. La frontera porosa es el principal foco de transmisión. Por eso cuatro de los cinco casos detectados tienen origen en Brasil. 

En busca de un plan

Mientras siguen los análisis de casos sospechosos y se suman más, aún está en preparación la estrategia sanitaria para hacerle frente a la parte más aguda de la pandemia en Mendoza; es decir el momento en que haya casos autóctonos, sin poder controlar el recorrido epidemiológico de los pacientes y que demanden atención en los distintos niveles del sistema de salud. Para eso desde hace dos semanas se realiza un relevamiento de recursos disponibles. Por un lado, para aislamiento, por otro para pacientes graves que requieran atención de terapia intensiva, respiradores y personal especializado.

En ese sondeo, hay un recálculo de los recursos y también la necesidad de solucionar otros problemas. Ocurre, por ejemplo, con el sector nuevo del Hospital Central, que fue inaugurado pero no está operativo. Aunque la infraestructura está terminada, la obra no está entregada por problemas internos. Por eso buscan acelerar el certificado de final de obra para que, llegado el caso, puedan adaptar esos recursos a la atención de la pandemia. Allí podrían sumarse 20 camas y más de 10 equipos de alta complejidad que ya están instalados, a pesar de que el destino original de la ampliación del hospital no era atender enfermedades respiratorias, sino trauma, guardia.

El sistema de salud pública tiene unas 2200 camas, pero si se suman las del sector privado supera las 4200. Incluso, si se suman todas las posibilidades se pueden expandir a 6 mil. Claro que se trata del sistema sanitario completo que debe seguir funcionando y asistiendo a las personas más allá del coronavirus. Para terapia intensiva hay 180 camas en el sector público, sumadas otras 20 pediátricas. Los respiradores disponibles no llegan a 200 y con esos recursos hay que asistir a toda las personas que tienen problemas de salud. La "emergencia total" que busca Suarez apunta a poder volcar dinero a la compra de esos insumos. En una pandemia la demanda de recursos es global y Mendoza es una más. Pero puede haber recursos disponibles. 

El plan que elabora el gobierno incluye los centros asistenciales de todos los niveles y también el factor social: cómo aislar a los pacientes para evitar contagios y también el “efecto estigma”, es decir que los prejuicios sociales y el pánico generen rechazo. Por eso, incluso, se prevén cordones de aislamiento para proteger a los trabajadores de la salud y a los propios pacientes.

El aislamiento obligatorio no se cumple y asoma una medida que sonaría insólita: declarar el estado de sitio para obligar, ahora sí, a no salir a la calle. Allí sí se perderían garantías constitucionales, algo que Alberto Fernández evitó con su enfoque en el manejo de la cuarentena. 

 

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