Cornejo acelera, el PJ busca identidad y el rol de los díscolos

Cornejo acelera, el PJ busca identidad y el rol de los díscolos

Pablo Icardi

Pablo Icardi

"Provinciano", ex gobernador, radical y bravucón. En la Ciudad de Buenos Aires la usina de poder del Pro mide a Alfredo Cornejo como aliado de una carrera electoral que se aceleró de manera inusitada. Claro, Buenos Aires es la sede del poder en todo sentido; tanto que ha hecho crecer de manera exponencial la subestimación del resto de los distritos.

La Ciudad pone los dirigentes (Mauricio Macri, Alberto Fernández, Cristina Fernández de Kirchner y siguen las firmas) y la Provincia de Buenos Aires pone los votos. El resto son actores políticos de reparto porque no se evalúan capacidades, sino volumen. Por eso alrededor de Horacio Rodríguez Larreta, que está en construcción de su proyecto 2023, analizan si Cornejo tiene potencial como compañero de fórmula del Jefe de Gobierno porteño. Lo mismo ocurre con otros dirigentes radicales. Pero el ex gobernador de Mendoza busca salir de ese esquema de segundo lugar para ponderar a un "candidato radical" dentro del frente. Y, para decirlo mejor, a un candidato radical que se llame Alfredo Cornejo. La relación entre ambos dirigentes es  buena; mucho más si se suman como enlace ex funcionarios desencantados con Mauricio Macri.

 

La dinámica política argentina es tan extraña que el propio Cornejo hizo algo fuera de lo común para él: acelerar los tiempos. Se sumó oficialmente a la carrera electoral para 2023, aún cuando no está definida la etapa previa; es decir las legislativas del año que viene, de la que podría ser parte para comenzar a medirse y cambiar el escenario desde donde pelea. Cornejo hizo una confesión: no tiene equipo aún, no tiene arraigo nacional y sobre todo no ha hecho pie aún en el lugar donde se definen las elecciones; el conurbano de Buenos Aires.

El motivo de la inesperada confesión de Cornejo tiene que ver con la imprevisibilidad institucional y política del país. Así como en 2003 Néstor Kirchner llegó a presidente cuando tenía solo un 3% de intención de voto "propio" y sacó menos del 25% en las elecciones (con el impulso de Duhalde), la posibilidad de que la crisis acelere el desgaste del oficialismo hace crecer las chances de que la oposición sea "competitiva". Es decir, no porque tengan un proyecto que entusiasme, sino porque sugieren que el Gobierno actual puede tener un mal desempeño. 

Cornejo es un dirigente político hábil y conservador para exponerse. No se animó a ser candidato a gobernador hasta tener sellada una estrategia de poder que le garantice ser competitivo y que comenzó a macerar mucho tiempo antes. En 2007 fue intendente casi a regañadientes y allí se dio cuenta que la gestión era la mejor forma de construir políticamente. Hasta entonces su lugar de confort eran las sombras del poder. En 2011 dejó pasar a Roberto Iglesias como candidato y se quedó con el manejo de la UCR y la Legislatura, en una hábil maniobra. Ahogó al gobernador Francisco Pérez y construyó la alianza más ecléctica que se haya conocido para ser electo gobernador "ungido" por la oposición de derecha y de izquierda.

En su carrera nacional Cornejo no tiene la misma capacidad de maniobra. Los llamados a larga distancia no alcanzan y busca influir a puras bravuconadas. Sabe que necesita estructura (la unanimidad de la UCR), caja (con apoyo empresario) y una llegada a la Provincia de Buenos Aires que no depende solo de él. Por eso esa carrera es difícil. Cornejo puede resignar esas aspiraciones porque hay un "bien superior" que asegura defender para que haya alguna posibilidad de alternancia o equilibrio de poder en Argentina: que el frente opositor se mantenga unido. 

La política suele ser una construcción que se parece más a una maratón. En Argentina se ha vuelto una carrera de 100 metros llanos y con pocos controles, donde importa la velocidad y no tanto cómo se obtiene la aceleración. 

El poder y los votos

En Mendoza también se aceleran los tiempos, pero de manera menos visible. La etapa electoral del año que viene servirá para medir liderazgos. En el peronismo, porque Anabel Fernández Sagasti querrá poner a prueba la conducción y también ser candidata en un contexto adverso electoralmente. Pero también comenzaron con una estrategia propia Emir Félix y la usina de poder de Maipú, aunque por ahora con pretensiones humildes. La unidad del PJ no está blindada y se mantienen las desconfianzas. Hacia el año que viene habrá una disputa fuete entre el poder que ostenta Fernández Sagasti (que va a crecer) y las mediciones de las encuestas que favorecen a otros dirigentes con menos arraigo en el "proyecto nacional", pero con más territorio. 

En el radicalismo también ocurre, pero de manera aún menos eufórica. Ni siquiera está definido si, por ejemplo, el año que viene Suarez mantendrá la idea de ir por todo en la misma elección (voto por legisladores, reforma de la constitución y convencionales en un mismo proceso). La prioridad para ellos es mantener el frente Cambia Mendoza unido. La salida de una porción del PD no genera alarma por volumen electoral, sino por idea conceptual. 

La estructura política de la provincia va camino a ser bipartidista. O mejor dicho a que haya dos grandes frentes que se repartan el poder. Mucho más cuando esos bloques responden de manera orgánica. Lo ocurrido con el debate del Presupuesto respondió a esa lógica: el oficialismo y el PJ dialogaron y negociaron, sin terceras fuerzas que pudieran hacer contrapeso. 

En ese sentido la ruptura de la "ilusión" que había generado en sectores medios la aparición de Protectora se diluyó. Y ahora los dirigentes que llegaron de la mano de ese proyecto a cargos representantivos luchan para reconstruir un espacio político y ponderar el rol que cumplen: sin disruptivos, "molestos", inquietos. Impredecibles también.

Mario Vadillo y Marcelo Romano no son bichos raros de afuera de la política. Son parte de la clase dirigentes desde hace décadas, aunque de orígenes distintos. Vadillo desde la defensa de los consumidores y con un perfil alto; Romano desde la política tradicional, pero con un aire díscolo. Desde ese bloque buscan capitalizar políticamente la repercusión de las acciones que hacen. La defensa del agua genera empatía, pero no votos. Las denuncias incomodan y advierten, pero no garantizan acompañamiento electoral. La necesidad de una estructura también les juega en contra. Aunque con caminos algunas veces erráticos desde lo político, ese sector ocupa un rol importante al poner en agenda temas que incomodan al propio poder. 

El "bipartidismo" tiene amenazas tenues por ahora. Algunas encuestas realizadas en Mendoza dan cuenta de un dato curioso: quedan en tercer lugar como opción más elegida a los "libertarios", un sector político amorfo y sin dirigencia local. Una "marca" sin estructura política ni referente más allá de los mediáticos Javier Milei y José Luis Espert. 

 

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