Por qué la UCR no termina de entender a Suarez y qué pasará con su proyecto más importante

Por qué la UCR no termina de entender a Suarez y qué pasará con su proyecto más importante

Hace casi 11 meses llegó al poder y desprecia la rosca política, que era una obsesión para su antecesor Alfredo Cornejo. Los pifies anteriores (minería y educación) ponen en duda el timing del mandatario, que todavía no decide cuándo hará su apuesta más importante: la reforma constitucional.

Juan Carlos Albornoz

Juan Carlos Albornoz

El radicalismo mendocino todavía no termina de acostumbrarse a un nuevo estilo de conducción gubernamental, a casi 11 meses desde que llegó al poder. En la era de Rodolfo Suarez, no existe la rosca política propia de la etapa de Alfredo Cornejo. No hay una militancia obsesiva de los proyectos que al Gobierno le interesan.

En consecuencia, en la Legislatura, el propio oficialismo siente que el gobernador no lo empodera para ir a la batalla e imponer sus ideas, como ocurría antes. Esto no va a pasar, porque Suarez no es Cornejo. Suarez no va a confrontar ni a polarizar para imponerse sobre el adversario, la fórmula que tenía Cornejo para ganar.

El problema es que los resultados del "nuevo estilo" de conducción política están por verse. Suarez no cree que su misión pase de dar las instrucciones a la Legislatura de acelerar o parar con determinados proyectos, sin sumergirse nunca en el barro de la pelea.

Mandó acelerar con la minería y metió la pata. Amagó hacerlo después con la reforma educativa, y otra vez provocó reacciones. El máximo tiempista del Gobierno, a esta altura, se encuentra obligado a pensar muy bien el tema que sigue.

¿Será la tercera, la vencida? El proyecto de reforma constitucional del gobernador no ha dado un solo paso hacia adelante, pero tampoco hacia atrás. Serenamente, Suarez señala que la iniciativa no ha recibido una sola crítica certera hasta ahora, a pesar de que lleva más de dos meses de presentado en la Legislatura.

Por supuesto, nadie pidió en la Legislatura que apruebe. Nadie militó para que sea realidad. Ni lo abrieron en las comisiones para que se discuta. En el Gobierno dicen que el dueño de esa decisión es solamente Suarez.

El gobernador propuso en esta reforma la eliminación de una cámara legislativa y de las elecciones de medio término. El momento para debatir iniciativas de este tipo es un año no electoral, como éste, pero el Ejecutivo no acelera porque todavía no sabe si 2021 será un "año electoral", debido a la pandemia del coronavirus.

"No es el momento de apurar", repiten los funcionarios de Suarez. Pero ni ellos aclaran cuál será ese momento. 

Mientras tanto, el peronismo, acostumbrado al impetuoso estilo de Cornejo, critica a Suarez por no rosquear sus ideas y lo acusa de "revolear" proyectos que después no encuentran destino. Ignora a Suarez, pero el gobernador, al menos por ahora, no se siente incómodo así.

En medio de la interminable cuarentena, Suarez avanza más decidido con iniciativas prácticas (por ejemplo, Mendoza Activa) y promete que activará antes de fin de año otras para la agenda inmediata de la crisis, como el Consejo Económico, Ambiental y Social, que le brindará asesoramiento para tratar de sacar a Mendoza de una crisis que es general. Es la idea que mejor refleja su intención de diferenciarse de Cornejo a través del acuerdo y el diálogo.

Las tormentas internas por el cambio de era radical desestabilizan a algunos de sus funcionarios, pero se trata precisamente de las personas a las que Suarez más respalda. 

El ministro de Gobierno, Víctor Ibáñez, ha sido el más señalado del gabinete, porque no milita políticamente en la Legislatura los proyectos del gobernador y por cierto prejuicio generado por el "ritmo" que aplica en la gestión, por su origen universitario. 

Ibáñez no promete ningún cambio en materia de rosca. Hace lo que el gobernador le pide y avisa que la UNCuyo, en todo caso, está lejos de ser un cómodo claustro académico.

De extensa trayectoria en ese ámbito, sugiere revisar las asambleas universitarias en las que logró imponerse, además de otros datos de su currriculum político, y batalla contra la idea de que su rol en el gabinete no pasa de ser el de quien modela jurídicamente los proyectos y medidas del gobernador.

Se anota como silencioso logro propio la pasividad de los gremios estatales en medio de un año sin aumentos salariales y con aguinaldos que se han pagado con retraso. Es, por supuesto, el ideólogo de la reforma constitucional que quiere ejecutar el gobernador. Y advierte que cumple un rol trascendental en este año desquiciado: está al frente del comité transversal que toma las decisiones sobre la pandemia.

Tiene todo este trabajo y ninguna instrucción para rosquear los proyectos del gobernador, aunque los radicales de la Legislatura los miren a Suarez y a él con caras de huérfanos que perdieron el incentivo y los ardores que abundaban en la gestión anterior.  
 

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