Opinión: Ni adelante, ni atrás; juntos a la par

Opinión: Ni adelante, ni atrás; juntos a la par

La senadora provincial Daniela García escribe con la mirada puesta en este 8M.

La equidad de género es el paso necesario para acompañar el cambio cultural que ha tomado impulso desde el movimiento de mujeres, que al final de cuentas solo tiene como objetivo principal lograr una sociedad más justa, libre e igualitaria.

Por esto, al comenzar a debatir sobre la sociedad que deseamos y que estamos construyendo día a día, es inevitable pensar en el papel que queremos que la mujer cumpla en ella. Cuando profundizamos sobre esto, podemos ver que históricamente la mujer ha estado condicionada por las expectativas que la sociedad tiene en relación a lo que es “apropiado” para su sexo. Este condicionamiento puede verse reflejado muchas veces en la asignación de características que aparentemente son propias del género femenino, como la sensibilidad o la compasión, pero que en realidad han sido utilizadas como excusas para considerar que no podrían con ciertas tareas o trabajos. Esto no solo limitaba las posibilidades de explorar y explotar las capacidades del género femenino, sino que además lo relegaba a un papel secundario en la comunidad.

Equidad de género significa crear estándares para aquellas oportunidades existentes y repartirlas justamente entre ambos sexos. Mujeres y varones han de contar con las mismas oportunidades de desarrollo en todos los aspectos; a nivel personal, económico, político. El Estado debe garantizar que los recursos se asignen de manera proporcional.

Pero también para que la equidad de género pueda darse, han de generarse dos circunstancias imprescindibles. Por una parte, igualdad de oportunidades, y por otra crear una serie de condiciones para aprovechar estas oportunidades.

Debemos tener presente que la igualdad de oportunidades es una parte importante de los derechos de la mujer y la niña, los cuales forman un conjunto inalienable e indivisible de los derechos humanos universales. La plena participación, en condiciones de igualdad, de la mujer en la vida política, civil, económica, social y cultural y la erradicación de todas las formas de discriminación basadas en el género, son objetivos prioritarios para que una sociedad sea equitativa.

Probablemente lo que nos falta como sociedad, sea comenzar a estar más informadas/os sobre los roles de género que nos han adjudicado desde la infancia, rompiendo con las estructuras de tareas para varones y para mujeres y entender un poco la historia del machismo, que históricamente ha colocado a las mujeres en una posición más débil y de cuidado.

Hoy, siendo protagonistas del avance de la sociedad en cuanto a la amplitud de derechos consagrados, se hace visible que para que éstos puedan ser ejercidos en su plenitud hace falta poner en práctica este concepto fundamental: sin equidad de género, todos los cambios que se logren serán solo circunstanciales.

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