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El cornejismo "deshojado": más personalismo y menos coalición

Cambia Mendoza llegó al poder como una alianza, pero la gestión se maneja de manera central. Los "enemigos internos" que le quitaron apoyo.

Alfredo Cornejo llegó al poder tras ejecutar una estrategia política impecable, que incluía una simulación de coalición. Eso fue Cambia Mendoza, un bloque político que bajo ese nombre buscó sumar a toda la oposición tras Cornejo con la idea de hacerle frente al PJ pero sobre todo a la posible fuga de votos en candidatos clase B "patrocinados" por operadores, como ya había pasado en 2007 y 2011. Por eso en la misma estructura compartieron espacio sectores más cercanos a la izquierda como Libres del Sur y el Partido Socialista con otros más conservadores como el Partido Demócrata. Funcionó electoralmente.

Tampoco fue la única alianza realizada por el Gobierno. Cornejo también sumó políticamente a otros sectores sociales que sumaron conceptualmente. Así, por ejemplo, gran parte de las organizaciones defensoras del ambiente hicieron campaña para él, en base a proyectos como el Ecoparque. Organizaciones como Cullunche, Oikos, la Asamblea del Árbol, fueron parte de la estructura de soporte social del armado. Sin ponerle el sello en lo partidario, también ocurrió con cámaras empresarias.

El combo le permitió a Cornejo tener un pasar sin sobresaltos en los organismos institucionales y en la calle. Tenía bajo su manto de poder el Ejecutivo, la Legislatura, las universidades públicas, logró lo mismo con las organizaciones profesionales y también buena parte de las organizaciones de la sociedad civil. Quedaron afuera de ese armado los gremios, a quienes logró torcerles el brazo rápidamente. Casi sin oposición, el tránsito en el cargo pasó sin sobresaltos. Una de las improntas principales de Cornejo es haber recuperado el "poder del cargo" para el gobernador, pero en particular para su figura.

Pasó el tiempo y el esquema político con el que llegó al poder se deshojó. Eso ocurrió sin que necesariamente Cornejo haya perdido el control. Pero sí quedó más al descubierto la forma de ejercerlo. Algunos dirigentes del Frente se quejan porque no hubo "ni un mensaje de texto" para advertir sobre proyectos clave como la ampliación de la Suprema Corte. 

El PD quedó aislado por su decisión de no apoyar la reforma de la Corte (cuyos argumentos merecen un análisis aparte) y el propio Cornejo les hizo sentir el rigor al mencionar que la banca que tienen en la Legislatura "es de Cambia Mendoza" y no del partido. Las organizaciones civiles ya le habían retirado el apoyo formal al Gobierno, aunque algunos funcionarios provenientes de ellas se mantenían en el cargo, como Mariana Caram. La renuncia de Eduardo Sosa sacó un poco más a la luz esos conflictos.

El PD aislado no tiene casi peso político. Tampoco las OSC ambientalistas que apoyaron a Cornejo tienen un peso electoral real. Pero la política no es matemática y ambos sectores sí fueron funcionales a la estrategia oficialista en una potencia mayor a su poder electoral. Ahora Cornejo encontró a sus "enemigos" entre sus propios aliados.

El "cornejismo" quedó deshojado y se refuerza así mismo. En marzo, o probablemente antes, habrá más cambios en la estructura del Poder Ejecutivo. Ya se anticipó que habrá enroques y cambios menores. Está en su ADN ser endogámico y difícilmente se abra.

En el camino hay una realidad que ni el propio Cornejo puede cambiar. El poder de su cargo es finito y termina el 9 de diciembre del 2019. "Yo me voy", dijo con bronca. Hasta entonces el Gobernador va a intentar mantener el control y también elegir a su sucesor. Hay un antecedente de un camino similar. Roberto Iglesias también era un gobernador con mucho poder y respaldo. A Iglesias le costó elegir a quien lo sucediera como "continuidad" política y de gestión. Promocionó a Cobos, sin ser un alfil suyo, y el gobierno siguiente fue caótico en lo político por dos años: cargos duplicados y tensiones por el poder interno que nublaron los dos primeros años de la gestión del ex Gobernador.

Cornejo no es un improvisado en la política. Sabe que no solo es importante ejercer con autoridad el cargo, sino también saber cuándo le toca a otro.