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La Justicia de Mendoza enfrenta su propia purga

Como en las familias, el Poder Judicial está enredado en mil cuestiones que comienzan a destaparse y que entorpecen la garantía de justicia.
Foto: Alf Ponce / MDZ
Foto: Alf Ponce / MDZ

El término es fuerte: una purga no es otra cosa que una "medicina que sirve para evacuar el vientre". Todos sabemos el resultado de ello y del alivio que le sigue: ayuda a que todo funcione normalmente en el organismo.

La Justicia de Mendoza está enfrentando momentos cruciales y, de algún modo, tiene en sus manos la posibilidad de su propia purga. Uno de los poderes del Estado que menos ha cambiado con el paso del tiempo, parece haberse acostumbrado a respetar una especie de "loteo" interno en donde cada factor de poder sostiene su propio ecosistema político. Pero la convivencia parece haber hecho eclosión y las disputas internas dan a entender que la situación se ha tornado inmanejable para la Corte, el máximo organismo del Poder Judicial, que tiene como desafío salir

Dentro del palacio, los cabos que parecían bien atados comienzan a ceder y la cuerda muestra sus hilachas; ya no es un poder que "solo opina a través de sus fallos", sino que lo hace por todas las instancias disponibles, formales e informales. Tampoco se tolera multiplicidad de ejes y, por eso, toda la justicia se bambolea al ritmo de denuncias, traspiés y recusaciones internas. Una sensación (tan solo una sensación) que se percibe desde "el afuera", es que los magistrados están más ocupados en refutarse, empujarse, hacerse zancadillas, defenderse de sus colegas o señalarlos, más que de ocuparse de las miles de causas de la sociedad que esperan resolución.

Algunos voceros sostienen de que es solo eso, una sensación, y que es producto de las nuevas formas de comunicación, que a la otrora lenta usina de rumos lo vuelve rápida y además, furiosa. Sostienen que "siempre fue igual" y que ahora solo salen algunas puntas a la superficie.

De ser así, oportuna sea la "purga" y la definitiva puesta en funcionamiento de mecanismos y personas a su cargo a la altura de las necesidades de justicia de este tiempo.

Si no fuera así, bienvenida sea esa misma "purga". Por lo que vemos, de todos modos está haciendo falta que un cambio se produzca y la pregunta pasa a ser de compleja respuesta: ¿quién debe encararla? Ese es el gran desafío de una Corte que declaró iniciadas mil "reformas judiciales" y que solo logró romper la inercia con algunos cambios que, aunque importantes, van siendo superados porque el tiempo corre a su lado, en forma paralela y más rápido.

La "familia judicial" es otro tema que se volvió una novela: tan grande es el entramado de vinculaciones de sangre y parentesco político o afinidades cruzadas, que pasa lo que en cualquier cumpleaños de familia numerosa en casa de los abuelos: siempre salta algún escándalo o resalta alguna intolerancia contenida.

Hemos llegado a asistir a acusaciones de persecución de ex suegro contra ex yerno, como justificación de un caso de proporciones que la política intenta manejar a su gusto y acuerdo, pero que en los pasillos de los tribunales provinciales y aun de los federales, suena a mucho más que a un despecho, sin descartar tal posibilidad, por supuesto. Así funcionan las familias. Pero no se trata de una familia, sino de uno de los tres poderes fundamentales del Estado.