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El quiebre: el error del gobierno y el de la oposición

La Corte no falló contra el tarifazo por lo técnico sino por lo político: opinó sobre la capacidad de pago de la gente, no solo en torno a la urgencia de restablecer la pauta tarifaria.

Si Juan José Aranguren no hubiera tomado las medidas que tomó en la forma en que lo hizo, probablemente hoy estaríamos hablando de otras cosas, en un gobierno nuevo al que la gente -por suerte para ellos- parece haberle dado un año entero de gracia antes de bajarle el pulgar.

El fallo no es técnico sino político.

La definición de la Corte de Justicia de la Nación en torno a las tarifas no representa un fallo técnico sino político. Lo que han hecho es opinar sobre la capacidad de pago de la gente, no solo en torno a la urgencia de restablecer la pauta tarifaria. De paso, digamos, con el tema más sensible del momento, la Corte hace su juego político y ensambla cuerda para negociar sus cosas pendientes, entre otras podría ser que no se avance en la reforma judicial enviada por Mauricio Macri al Congreso, siempre impermeables a que les toquen lo que creen solamente jurisdicción suya.

 La Corte hace su juego político y tensa la cuerda para negociar sus cosas pendientes.

El fallo, sin embargo, es producto de la falla del gobierno al querer resolver de un plumazo, atendiendo a "una planilla Excel" y no a la realidad social, el total desbarajuste creado por el kirchnerismo en el país en materia energética.

Es cierto el argumento que la discusión por las tarifas es menor comparado con la dimensión del descalabro energético en que se sumió a la Argentina en poco más de una década en la que había viento de cola económico para resolver las desiguales e inequidades más profundas. Prefirieron guardar esa plata en hoteles y conventos.

El gobierno falla al resolver con "una planilla Excel" lo que es una realidad social.

Pero por cierto que el costo de haber sostenido a Aranguren, a pesar de su impericia, es muy alto. Y fue así porque no se trata sólo de un ministro caprichoso o interesado o torpe o inexperto o simplemente equivocado. Sino de todo un sector del gobierno que no supo cómo hacer algo que había que hacer, pero bien hecho.

La política es bastante más que caer bien en Snapchat y, por ello, el gobierno que abrió el diálogo con todos los sectores pecó probablemente de no hacerlo hacia adentro de Cambiemos y del propio PRO.

La tarea pendiente es abrirse a la autocrítica y generar un esquema de ensayo previo al error, en lugar de insistir con corregir después de meter la pata. 

Hoy los protagonistas del entuerto festejan la independencia del Poder Judicial, que les pudo pegar una cachetada libremente. Pero eso debe ser así, no hay ninguna concesión graciosa del Ejecutivo que agradecer. En todo caso, la tarea pendiente es abrirse a la autocrítica y generar un esquema de ensayo previo al error, en lugar de insistir con corregir después de meter la pata.

Quienes celebran el daño de la Corte, a la vez, deberían darse cuenta que más allá de pagar una boleta más o menos de un servicio que recibe, está en juego mucho más que embanderarse en blanco o en negro. La decisión es totalmente legítima, pero pone a todo el país y no solamente al macrismo, en un aprieto grave. Celebrar la tragedia en la Argentina no es nuevo. Baste recordar aquel diciembre con medio centenar de muertos tras un levantamiento policial mientras la cúpula del poder bailaba en cadena nacional en Plaza de Mayo.

Pero si en algo es que empezamos a cambiar, que sea en comprender la dimensión de los problemas más allá del interés partidario que cada uno pueda tener, o de la tajada política que quieran sacar.