Presenta:

Show

El retrato de San Martín los observa. Silba. Está lleno de calor en medio del invierno. Los de carne y hueso, en cambio, ni se enteran. Ni humor ni política. Circo criollo en su esplendor.
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Voz inglesa.

1. Espectáculo de variedades.

2. Acción o cosa realizada por motivo de exhibición.

Macri no es De la Rúa y Cristina no es Menem. Eso lo van teniendo en claro propios y extraños, en especial aquellos que al principio de esta nueva administración nacional llamaron a "levantarse", a "derrocar", a "voltear", un gobierno tan legítimo como democrático. Tanto como los que "desean", "ansían" y "exigen" la prisión para la ex presidenta, antes de comenzado los varios procesos judiciales que la tendrán más ocupada en el pasado que en el futuro.

El único que sí es el mismo y que no cambia demasiado es Marcelo Hugo Tinelli. Su vigencia, por llamarla de algún modo, radica en esta posición bastante conservadora: siempre igual. Acaso, como afirma Mario Pergolini, el "nada nuevo" habla sobre el estado de la televisión en Argentina y sus contenidos. 

El éxito del formato "indio", esto es, "gente medio en bolas y a los gritos", le alcanza a la televisión para atraer audiencia y publicidad. Marcelo Hugo Tinelli es el abanderado, lo que no es ni bueno ni malo. La televisión tiene sus leyes. Y sus dueños, también. "Es lo que hay", según el insoportable latiguillo del conformismo.


La "cumbre" entre Macri y Tinelli ha sido uno de las actos más innecesarios desde que asumió el presidente. Si hubo un win-win ha quedado reducido a dos personas, dentro de un show que concita la atención de millones. Varios de esos millones, apoyando incondicionalmente a uno u a otro. Varios otros tantos asistiendo a un espectáculo fuera de la realidad, relacionado a lo circense, a la primera A de la farándula argenta.

Como dice Tato Bores: "Parece un chiste, sino fuera una joda grande como una casa".

 

Macri llevará su budismo del Oriente al Occidente tantas veces como sea necesario. Pero no va a pelearse públicamente con nadie que sea políticamente correcto. En su consideración, se sospecha según sus estrategias, Tinelli es un tipo con el cual no debe haber, siquiera, posibilidad de conflicto.

Todo sería aceptable si Macri estuviera al frente del Club Atlético Boca Júniors.

Pero sucede que es el presidente, el capitán de un país que está en medio de una tormenta ordenada por su propio mando, y que no está de ánimo para verlo tan sonsamente. El tiempo y la agenda de Macri, en este plan de recibir en Olivos durante más de una hora a Tinelli, no parece coincidir con los intereses de sus votantes, mucho menos de sus oponentes políticos.

Varias señales se desprenden de esta "cumbre" bastante berreta, pese al snapchat y demás fruslería digital propia de eterno adolescente:

1) Si el gobierno quería comunicar firmeza ante las burlas de una simplona imitación en televisión (y hasta es tonto enumerar la causa), falló.

2) Si el gobierno quiso empatizar con una audiencia segmentada y no alterar las aguas, también falló. Las redes sociales y los medios amplifican un asunto decididamente menor a la altura -casi-  de asunto de Estado.

3) Si -como se dice- la disputa ha sido fogoneada por temas menos visibles, como el negocio del fútbol y acaso la situación de Tinelli como declarante en una causa contra Cristóbal López, el fracaso surge más evidente. Ahora también sabemos que funciona el apriete "público", como escenario para medir el tamaño de los genitales, o sea, quien tiene el poder. 

Macri no es De la Rúa. Cristina no es Menem. Sin embargo, hay momentos en que todos ellos se parecen, peligrosamente, a los otros.