Sol Salinas: "Nadie nace siendo presidente"
La conocí el día siguiente a que se cumpliera el año del triunfo de Mauricio Macri, sobre el candidato Daniel Scioli en un ballotage histórico. Ella estaba contenta, orgullosa, por qué no decirlo. Sol Salinas comenzó a militar en las filas del PRO en 2012. Confiesa que al principio no sabía de qué se trataba ni el PRO ni lo que hacía Macri.
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Ella vivió con su familia unos 4 años en Bariloche y al regresar a Mendoza, por esa época, se alistó en la agrupación juvenil de un partido político que desde su nacimiento ha estado relacionado con el poder. Y su crecimiento en poco más de una década ha consolidado esa idea, a punto tal que hoy posee la máxima pieza del tablero político: la presidencia del país.
Salinas fue invitada por un compañero de facultad a su primera reunión en el PRO. "Siempre me ha gustado la política, participar, opinar. Lo hice ya en el Centro de Estudiantes de la secundaria, así que me interesó oír lo que tenía para decir el PRO", recuerda, ahora, que hace un año sucedió la derrota de los que pensaron que siempre ganarían (o que nunca jamás podían perder). Y por entonces, el presidente de la juventud era Gustavo Senetiner.
Antes de desgrabar esta entrevista he pasado un par de capítulos de una novela más que recomendable, en tiempos donde las migraciones están en las principales agendas de la política del mundo. Está escrita por la nueva sensación de la literatura holandesa, Tommy Wieringa y se llama "Los nombres". Allí leo:

"Era la primera vez que oía hablar de un antiguo chino llamado Confucio. Si Confucio estuviera al mando en un país lo primero que mejoraría sería el uso de la lengua. Porque si el uso de la lengua no es correcto, lo que se dice no es lo que se quiere decir. Y si lo que se dice no es lo que se quiere decir, no hay obras. Y si no hay obras, no prosperan el arte ni la moral. Y si estas no prosperan, no se puede administrar la justicia. Si no se administra la justicia, la nación pierde el rumbo. Es por ello que no debe tolerarse el uso arbitrario de las palabras. Todo se reduce a eso".
No sé si al leerlo pensé en lo que nos pasó o en lo que viene. Probablemente corra tanto para Cristina como para Mauricio.
- En el 2012, ¿era un delirio pensar en derrotar al kirchnerismo?
- (Ríe) Y la gente nos miraba un poco raro, incluso nuestras propias familias. Pero en mi caso particular yo estaba convencidísima que se podía. No me preguntes qué era. Pero es como cuando se te mete algo en la cabeza y no lo podes sacar hasta que se cumple. Veníamos de una situación en la cual Macri se bajó de la candidatura, del 54 % de Cristina. Fue cuestión de esperar, aunque no fueron años fáciles.
- En su triunfo por la presidencia hay como tres componentes: cierta mística, cierta lógica y lo imprevisible de lo inesperado. Macri acabó con una fase política, sin dudas. Pero, ¿cuál comenzó?
- Una en que la gente, el ciudadano común, comenzó a ser más exigente. Y se ha empezado a dar cuenta que si no se involucra, si no se exige, no vamos para ningún lado. Es lo que ha pasado este año. Lo que pasó con el fin del kichnerismo es que fue la gente la que se dio cuenta que si no ponía un freno ibamos, ya no a cualquier lado, sino al peor lugar. El tipo de liderazgo de Macri, en cambio, permite que la gente pueda criticarlo y que él asuma esas críticas, las escuche. Y de hecho, con su gabinete, han dado marcha atrás en cosas que se han hecho mal, como el caso de las tarifas.
- Ha sido un año muy difícil.
- Sí, lo es. Posiblemente pasemos unas fiestas muy difíciles también. Y tristes: el 30 % de nuestro país vive en la pobreza.
No es menos cierto que todo cambio tiene su aspecto duro pero también hemos entendido que todos debemos poner esfuerzo y que si no aportamos todos, no salimos

- Leí un tuit a propósito del año del triunfo. Era irónico, pero no tanto, si lo pensamos mejor. Destacaba que hace un año había cambiado el monólogo por el diálogo.
- Totalmente. De hecho dejamos de escuchar las cadenas nacionales de una presidente que nos decía cuál era la realidad del país y debíamos encajonarnos allí. Y el que no pensaba así seguramente tenía algún problema antipatriótico, decían. Hoy tenemos a ministros que van al Congreso a dar explicaciones y hasta dan precisiones sobre lo que harán con sus presupuestos. También sabemos que las áreas de Educación y Desarrollo Social, a cargo de Bullrich y Stanley, serán los ministerios que recibirán más dinero. Por ahí, hasta nosotros mismos, en la vorágine del día día, pensamos que esto no arranca. Pero si lo pensamos en perspectiva hay cambios importantes. Como las mesas de diálogos con todos los sectores. Y nadie puede decir: "no, no me atienden". Esto demuestra una apertura para gobernar. También hay que analizar que nadie nace presidente.
- Aunque sea como fantasía, ¿has pensando en ser alguna vez gobernadora?
- No, jamás, ni como fantasía. Y tampoco en otra clase de postulaciones. Tengo 24 años. La verdad que ya decirlo me da mucho pudor. Incluso todavía no me recibo. Y además creo que con estas cosas no se jode. Decirlo ya es una responsabilidad que te compromete.
La gente está cansada de escuchar sobre candidaturas. La gente necesita que resolvamos los problemas ahora

- Tampoco el PRO posee una militancia tan masiva. Pienso en las legislativas del año próximo.
- Si la necesidad de cubrir los lugares, en capacidad, en vocación, hace que podamos cubrir espacios, obviamente que estoy a disposición. En realidad es al revés: uno tiene que estar a disposición de la sociedad y no de las ambiciones personales. La lucha pasa por erradicar la pobreza y mejorar la calidad de la educación. Y eso se puede hacer desde cualquier lugar. Uno tiene que aportar desde el lugar que le toca.
- El PRO en Mendoza vive una situación rara: es parte de un gobierno, pero se siente como que nunca les es propio. ¿Cómo se explica?
- El PRO es parte del gobierno, de Cambiemos. Si me lo preguntas al revés también podemos decir lo mismo: los radicales no se sienten parte del gobierno nacional. Pero en realidad sí. Y ocurre en Mendoza que nuestra participación no es tan visible porque el radicalismo es muy fuerte. No hay que olvidar que Mendoza es la cuna del frente "Cambiemos". Acá se forjó y creció para el resto del país. Grandes dirigentes del radicalismo nacional son de aquí. Por eso es difícil que se perciba para afuera. Pero internamente estamos todo el tiempo trabajando con la provincia y los municipios.
- ¿Cómo evaluás casi el primer año de Cornejo aquí?
- Ha sido una gestión ordenada. En realidad, Mendoza terminó en un pozo ciego y cualquier cosa que se hubiera hecho ya era un cambio respecto al pasado. Veníamos muy mal en Mendoza. Y Cornejo ha planteado una serie de lineamientos muy claros. Y hemos visto cambios en muy corto plazo, con algunos que serán muy visibles en el largo plazo. Ha demostrado que su liderazgo es de orden y sus mismos funcionarios lo dicen: es una persona super exigente, muy ordenada, detallista y trata que todo salga correctamente.
- Por qué nos cuesta tanto re-insertarnos en el mapa nacional. Me refiero a las decisiones, a la gravitación económica.
- No sé si lo veo como que nos "cuesta". Sucede que destruyeron las economías regionales y eso ha repercutido en lo profundo. Los que hicieron grande a esta provincia, de perfil productor, que invirtieron, fueron destruidos por los gobiernos con falta de política económica, de políticas públicas. Pero Mendoza tiene una impronta de provincia emprendedora. Y vamos a salir adelante. Es cierto que por nuestro pasado el presente es un declive. Y tenemos un compromiso histórico de volver a ser una provincia rica.
- Está visto que con la producción agrícola no alcanza, independientemente de una buena cosecha o no.
- Ese es nuestro compromiso como jóvenes: inducir e insertar nuevas economías, surgidas de la tecnología y la ciencia. Por eso tenemos que mejorar el sistema educativo. Nosotros tenemos que ponernos fichas, más allá de la historia. Y hay que invertir en políticas públicas. Lo que genera puestos de trabajo es alentar nuevos modelos de economía. No se consigue por una ley. Pero insisto: mejorar el sistema educativo es lo que nos dará una Mendoza más desarrollada.
- ¿Es tan cerrada la estructura del PRO, como se afirma? ¿O qué tanto de abierta?
- No sé lo que se dice. La realidad es que no. La juventud del PRO está conformada por amigos de amigos de amigos o del primo del amigo y es más bien como una militancia que se ha formado por el boca en boca.
- ¿Me estas hablando de una familia o de una organización política?
- Somos una organización política. A lo que voy es que somos una juventud que crece por el boca en boca. No somos una estructura política grande que funciona como un aparato, Al contrario: somos muy nuevos y con otro espíritu. Cuando te transformas en aparato eso te encierra en limitaciones partidarias, ideología y no sé cuánta cosa más. Y la verdad que eso no nos identifica. Somos una juventud de voluntarios.
-Si entiendo bien hacen política pero descartan las herramientas clásicas de la política.
- No es que las descartemos, sino que entendemos que no sirvieron. La gente necesita políticos más humanos: verlos en la calle, subiendo a un colectivo o verlos reunidos en una estación de servicio, como a veces lo hacemos nosotros. Somos un grupo de voluntarios que, inclusive, tenemos nuestras prioridades: primero el estudio, después la familia y los amigos y si te queda tiempo trabajamos en alguna acción política.
- ¿Cómo definirías a Macri? Mi pregunta apunta a saber si el país estaba preparado para un liderazgo como el suyo.
- Como muchos dicen me sumo a lo siguiente: Macri es un tipo que está haciendo lo que hace, sin necesidad personal. Y es el fiel reflejo del político con vocación. No estamos acostumbrados a ver esto en la Argentina. Macri no necesitaba ser presidente de la nación. Lo mires por donde lo mires, podemos criticarlo por lo que quieras. Pero si no se puede negar que Macri no necesitaba ser presidente. Y lo sigo porque es raro encontrar un político con vocación de servicio. No he conocido a ninguno como él desde el 2001 para acá. Y asumió un buen quilombito (risas). Con doble responsabilidad: que esas bombitas no exploten y ofrecer reglas claras para todos. Lo elegimos presidente y por eso considero que el país está preparado para tipos como él.




