La pelea por los millones en ATE
El estridente color naranja con el que esta semana terminaron pintadas las paredes del edificio de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), podría llevar a la confusión de que la actual jefa del gremio, la combativa Raquel Blas, se pasó a las filas del sciolismo. Pero no es para nada así.
La secretaria general del gremio de los estatales terminó por cerrar en estos últimos días su pase definitivo a las filas de la izquierda, para lanzar su candidatura a secretaria nacional enrolada en la Lista Naranja Tribuna Estatal, en medio de denuncias de corrupción, desvío de fondos y tras una caótica y violenta asamblea que el miércoles debió ser suspendida luego de haber sido convocada por la actual conducción del sindicato.
Ya no es novedad que Blas abrochó su futuro sindical y político al Partido Obrero y que desde hace poco menos de un año intenta arrastrar a ATE en Mendoza en esa dirección. Aunque más allá de las lecturas políticas, lo que subyace es un manejo del gremio que, según denuncian quienes se oponen a la actual conducción, incluye sospechas de transferencias de dinero de los aportes de los afiliados para financiar a los candidatos del Frente de Izquierda de los Trabajadores (FIT) en la provincia.
No por nada el punto central del escándalo de la asamblea que a mediados de esta semana terminó a los sillazos en la Sociedad Libanesa fue la discusión por los congresales que debían aprobar la memoria y balance del sindicato.
Hace al menos cuatro años que Blas no muestra los números de ATE, una caja importante: un gremio que hoy no puede lucir ni un camping para sus afiliados, que posee un edificio central que prácticamente se viene abajo y que ni siquiera tiene habilitación municipal, que no paga ayuda escolar y cuyos trabajadores, en su mayoría, deben hacer frente a los costos de las guarderías de sus hijos, se queda con 2,2% mensual de cada uno de los más de 14.000 afiliados en toda la provincia, lo que representaría una suma de alrededor de $9.000.000 anuales.
Y además, ATE suma el 1,8% de cada trabajador estatal (no afiliado) cada vez que consigue un aumento salarial en paritarias.
La denuncia concreta es, en la voz del referente opositor Carlos Simón, que la conducción gremial desvió recursos del sindicato para costear gastos en las últimas campañas del PO y que, asimismo, “tenemos la sospecha de que también se utilizaron fondos para cuestiones personales. No nos explicamos, por caso, como Roberto Macho (el número dos de ATE Mendoza) puede costearse vacaciones en Cariló”.
Según Simón, en las últimas incursiones electorales la izquierda se benefició con hoteles y con viandas para sus militantes a costa de ATE, aparecieron gastos para campañas en Lavalle que nunca se rindieron y, entre otras cosas, el gremio pagó de su caja viajes de militantes de izquierda que asistieron a un encuentro nacional de mujeres realizado recientemente.
“Fue un micro completo costeado por ATE a Buenos Aires con más de 40 personas. Solo 9 eran afiliadas, el resto eran mujeres del PO”, denuncia el gremialista.
La política también metió la cola en el sindicato.
Hace solo diez días Raquel lanzó su candidatura a Secretaria General de ATE a nivel nacional y llamó a la formación de una lista única de oposición “antiburocrática que agrupe a la izquierda, al clasismo y a todos los sectores combativos que despiertan frente a la crisis de ATE y rompen con la lista Verde hacia la izquierda”, según publicó en un “manifiesto”.
Otro de los motivos que obligó al levantamiento de la asamblea, fue la discusión por la fecha de las elecciones para renovar autoridades. Mientras el sector oficialista pretende concretarlas en junio, Simón apunta a concretarlas en setiembre para dejarla a Blas sin chances de utilizar esos comicios como plataforma de alguna candidatura legislativa nacional.
“Esto es muy claro en la provincia de Mendoza donde ATE se ha convertido en la referencia combativa de todo el movimiento obrero, lo que no parece ser advertido por la conducción nacional.”, advierte Blas.
Y no se equivoca. La conducción nacional de ATE habría sido clave el miércoles en la suspensión de la asamblea, dando la clara señal de que la salida hacia la izquierda de Raquel no fue tolerada.
En medio de la discusión paritaria que avanza con dureza por parte de los gremios estatales, el Gobierno sigue con atención lo que ocurrió esta semana. Aunque el escenario cambió y mucho desde la salida de Matías Roby del ministerio de Salud.
El ex amigo de Francisco Pérez apuntaba a convertirse en el sostén dentro del Ejecutivo de la resistencia que impulsa Simón en ATE, plan que quedó en la nada.
La propia dirigente vociferó el miércoles como algunos sectores vinculados al peronismo estaban moviendo los hilos de sus opositores. Según dijo a Los Andes “apareció una patota de (Luis) Lobos. Aparecieron con micros del propio municipio. Les han pagado, según nos han contado algunos compañeros, 100 mangos a cada uno para que vinieran a romper. Cuando vieron que no les daban los votos para la elección de congresales, empezaron a tirar petardos, no querían votar con las credenciales, querían votar a mano alzada, querían meter gente no afiliada en la asamblea”.
Más allá de esto, lo que hay que esperar ahora es profundización ahora de una relación perversa entre el Gobierno y el gremio que al que supo alimentar con miles y miles de empleados y contratados nuevos en los últimos años.
No es un secreto que desde hace tiempo existe un pacto no escrito en dónde ATE mira para otro lado mientras los contratos crecen en la Administración Pública y que luego reclama, como bandera política, por el pase a planta permanente de toda esa gente que luego pasa a engrosar su base de afiliados.
El Gobierno, en tanto, sigue en crisis interna
Con un ojo puesto en la crisis de ATE y, sobre todo, preocupado por el futuro de las paritarias, el Gobierno siente todavía los coletazos de la crisis interna que desató el armado de las listas para las elecciones de junio.
Ya se fue La Cámpora de los pocos lugares que ocupaba en la administración para ahondar el enfrentamiento con el kirchnerimo y el problema, como hace un par de semanas, sigue estando en el Sur.
Adolfo Bermejo tuvo un mano a mano el jueves con el intendente sanrafaelino Emir Félix en un alto de su recorrida de campaña por ese departamento y no logró convencerlo por ahora de que se juegue por él en las PASO.
Emir y su hermano Omar reclaman algo que hoy parece un imposible: que exista una recomposición de la relación con la Nación, rota desde el armado de las listas y agravada luego por los desplantes de Cristina hacia Paco.
“¿Por qué si ni siquiera Scioli se pelea con Cristina, nosotros nos peleamos con todas las consecuencias que eso trae?”, fue el planteo de Félix a Bermejo, quien le confió que está intentando recomponer la relación a pesar de que sus socios principales para las primarias, Pérez y Carlos Ciurca, no están dispuestos a dar un paso en eses sentido.
Los sureños todavía no han decidido volcar su aparato hacia ninguno de los tres candidatos, aunque antes de eso deberán decidir otra cuestión que preocupa, y mucho más que las PASO, al gobernador.
Esta semana arranca el debate formal por las postulaciones de Miriam Gallardo para la Suprema Corte, de Fernando Simón para la Fiscalía de Estado y de Ricardo Pettignano como vocal del tribunal de Cuentas, con las respectivas audiencias públicas que comenzarán el día 25. Fecha previa a la votación secreta que se llevará a cabo el 31 en el Senado.
Los Félix manejan al menos cuatro votos en una sesión especial en dónde el Frente para la Victoria, con el rechazo seguro que tendrá por parte de la oposición, no podrá prescindir de ninguno de sus legisladores si pretende evitar que Pérez termine sufriendo una derrota dura.
Cuando faltan menos de diez días para esa votación crucial, desde el Sur todavía no aparece el gesto de que acompañarán a los postulantes de Paco.

