Se viene la era de hielo K para Mendoza
"La verdad, es que el ninguneo de la presidenta era esperable. Aunque cayó como el culo", admitió un funcionario importante de la actual administración ante la consulta de MDZ en lo que fue, esta última semana, el punto de inflexión en la relación entre Francisco Pérez y Cristina Kirchner. Sin dudas.
El gobernador trató de disimular el evidente enojo de la presidenta con el peronismo mendocino, que se tradujo en un histórico ninguneo por televisión el miércoles.
A pocos sorprendió el desplante de CFK, quien ya había dado señales en los últimos días de que no estaba de acuerdo en la forma en que el PJ mendocino había cerrado sus listas locales.
La primera señal fue la salida de Juan Carlos Mazzón. Y la segunda, casi consecutiva, fue vaciarle a Paco de figuras del gabinete nacional la Fiesta de la Vendimia. Vino el ministro de Agricultura, Calos Casamiquela, obligado por las circunstancias y casi nadie más.
En lo político el maltrato presidencial quizás no traerá consecuencias. Más allá de lo que pasó, Pérez y Carlos Ciurca seguirán con su alianza con Daniel Scioli.
Y si, como se espera, Cristina busca imponer sus candidatos a legisladores nacionales para las PASO, el peronismo mendocino irá a la pelea interna con el kirchnerismo local.
Pérez es quien más está convencido de seguir pegado al gobernador bonaerense por una apuesta personal. Juega a convertirse en una figura importante en un eventual gabinete sciolista y hasta sueña todavía con que Daniel lo elija como compañero de fórmula.
Lo primera de las apuestas, ya casi la tiene asegurada. La otra dependerá, fundamentalmente, de que el peronismo gane las elecciones en Mendoza.
El cierre de listas para las PASO nacionales se concretará la noche anterior al día de la elección para gobernador en Mendoza, con lo cual será difícil para Scioli saber si lo terminará acompañando un Paco ganador o uno perdedor.
Pero habrá un termómetro antes. Y serán las internas abiertas y simultáneas provinciales del 19 de abril. Ese día se sabrá si el peronismo quedará con chances o no de retener la gobernación y si el mendocino tendrá alguna chance de alcanzar su sueño.
Ya se sabe desde hace un tiempo: el peronismo menduco no quiere repetir errores del pasado y está anotado en la primera línea de Scioli, cosa que no hizo mientras Carlos Menem ascendía al poder, ni tampoco cuando llegó Néstor Kirchner a la presidencia.
Hace una semana el propio Scioli buscó en la Vendimia una confirmación de fe naranja. Y la obtuvo por parte de Paco, de Ciurca y del resto, como el candidato de esa línea, Adolfo Bermejo.
A cambio, les confió a los mendocinos el dato que todos están tratando de saber por estos días: en un almuerzo que compartieron el sábado pasado, Scioli ratificó que no romperá y que dará la pelea por adentro del Frente para la Victoria.
A diferencia de lo que ocurrió en todos estos últimos años, ni el gobernador ni ninguno de sus funcionarios salió corriendo a Buenos Aires a tratar de recomponer la relación política con ella, como cada vez que se enojó.
Pero lo que parece que no tendrá consecuencias desde lo político si lo tendría, y muy graves, desde lo institucional para Mendoza. Y muchos ya avizoran que se viene la era del hielo K para la provincia.
Una serie de reuniones de las últimas horas de funcionarios locales acrecentó los rumores de que el primer golpe por parte de la presidenta vendrá por el lado del Banco Nación.
Para hacerlo hocicar rápido, la entidad financiera está definiendo quitarle al ministerio de Hacienda la prerrogativa de girar en descubierto a través de las cuentas del Fondo Unificado y además dejar sin efecto los Anticipos Financieros Transitorios (ATF) que le permitieron al Gobierno conseguir recursos durante 2014 para cubrir el déficit.
Por contrato, al ser agente financiero de la provincia, el Nación permite que las cuentas de la Tesorería podrán estar en rojo al menos hasta el 90% de la suma del Fondo Unificado, constituido por las más de 2000 cuentas que tiene el Gobierno en ese banco.
Desde hace unos años, por decisión política nacional, Mendoza puede girar en descubierto entre el 100% y el 110% sobre esas cuentas, que representan hoy entre $200 y $300 millones mensuales. Lo que está amenazando el Nación, es volver a lo que dicta el contrato.
Por otro lado ya estaría decidido terminar con los ATF, que representan unos $600 millones aproximadamente, y que son créditos que deben ser devueltos a los 30 días.
En base a ellos, Hacienda sobrevivió en 2014. Sin ellos, se avecinan tiempos convulsivos: si bien están acallados, los problemas financieros no cesaron y, por caso, el Gobierno ya lleva dos meses de atraso en el pago de las retenciones de sus empleados, la deuda con proveedores no baja de los $2.000 millones y con las clases iniciadas apenas si se alcanzaron a pagar los subsidios a los colegios privados.
Sin el Nación da de baja las prerrogativas que tiene Mendoza, el impacto podría notarse en el pago de los aguinaldos estatales. Un golpe que podría ser fulminante por parte de la presidenta.
Una infraestructura atada con alambre
El viernes quedaron al desnudo el estado de los servicios de agua y de energía eléctrica como nunca antes. Ese mismo día, un apagón convirtió el centro en un verdadero caos y el Gran Mendoza quedó prácticamente sin agua durante 24 horas como consecuencia de tareas de mantenimiento, según se informó oficialmente.
Pero lo que quedó al descubierto, fue el estado de desinversión tanto en un área como en el otra que marcan una realidad que, en el caso de la energía eléctrica, se acerca y mucho a lo que sucede a nivel nacional.
Pero en el caso del agua, el problema es todo nuestro. Desde la reestatización de Obras Sanitarias, la provincia nunca concretó las inversiones prometidas y no cuenta el argumento de que los créditos no se obtuvieron por la crisis internacional.
En reiteradas oportunidades Mendoza obtuvo préstamos de entidades nacionales para infraestructura en Aysam, que fueron capturados por Hacienda para destinarlos a gastos corrientes y soltados en cuentagotas para mejorar las redes de agua potables y de cloacas.
Al menos dos casos se registraron: un préstamo del Banco Hipotecario por $200 millones y otro del Nación por $400 millones.
El lunes pasado, luego de una lluvia moderada del domingo, medio Mendoza se quedó sin servicio por la supuesta turbiedad del agua potable producto de las tormentas. En realidad, las piletas de la empresa estaban llenas como para abastecer a la población y el problema estuvo en las redes de distribución que no dan más.
Guillermo Amstutz, el titular de Aysam, admitió sin vueltas que en el futuro cercano se deberá discutir otra vez si aumentar la tarifa o si incrementar los subsidios estatales porque hará que pagar los aumentos salariales de los empleados.
Amstutz se queja amargamente de la situación, aunque se debería poner el foco en su gestión también: de las pocas obras que se están realizando en la empresa, una buena parte fueron destinadas a Las Heras, en dónde, más allá de que se necesitan, el peronista siempre basa su sustento electoral.
Con la luz el panorama no es distinto del todo. Pero con un agravante, como fue la firma por parte del gobernador del decreto por el cual el Estado le reconoce a las empresas el atraso del Valor Agregado de Distribución (VAD), que es uno de los componentes de la tarifa.
Y además dejó por escrito que ese reconocimiento es retroactivo al 31 de julio de 2013, momento en el que quedó congelada la revisión tarifaria que, por contrato, debe hacerse cada cinco años.
El tema fue que, por si esto fuera poco, la norma entrará en vigencia a partir del 31 de diciembre. Es decir que deberá afrontarla el próximo gobierno.
No es un hecho que con esta decisión del gobernador, en 2016 aumentarán automáticamente las tarifas.
Pero con lo firmado, en la discusión por las subas las manos del próximo mandatario están atadas porque las empresas tienen ahora el reconocimiento por parte del Estado mendocino de que existe una deuda. Y este elemento no es menor.
Igualmente: más allá de que se otorgue un incremento tarifario, el problema del servicio seguirá porque las inversiones no aparecen.
Y el propio Pérez agigantó el problema. Primero porque desde hace años que la provincia no recibe los denominados fondos FEDEI, destinados por la Nación para obras eléctricas, ya que Mendoza incumplió con su aporte prometido para la construcción de la línea Comahue - Cuyo y Cristina retiene todos los meses estos aportes de la coparticipación.
Pero por otra parte Paco, en la discusión para que no suban las tarifas de luz en el país, sucumbió como siempre a los cantos de sirena nacionales.
Firmó en Buenos Aires la denominada Convergencia Tarifaria, un acuerdo por el cual las provincias se comprometían a frenar las subas a cambio de aportes nacionales para obras de infraestructura eléctrica. Ahora bien: en 2014, la promesa nacional fueron fondos por $200 millones, de los cuáles solo llegaron $30 millones.
Este año la promesa es de $370 millones, que contemplan lo que no se pagó el año pasado más otros$200 millones.
A juzgar por lo que se viene en la relación entre Paco y Cristina, los aportes nacionales seguirán sin venir y cada vez que llueva o corra un poco de viento, seguro que se nos seguirá cortando la luz.

