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Salud: la pelea es por la transparencia

Las paritarias no son sólo salariales. Roby inició un camino difícil: Hacer una salud eficiente que les sea útil a los mendocinos.
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El ministro de Salud Matías Roby ha iniciado una compleja pelea por la eficiencia en la salud pública. No se trata aquí sólo de discutir sueldos o paritarias, sino de debatir transparencia en un sistema de gestión que debería ser mucho mejor de lo que es: 2.566 millones de pesos al año podrían ser suficientes para darles a los ciudadanos de esta provincia una salud que los atienda, los cure, les administre remedios de forma adecuada, y los trate en instalaciones limpias, equipadas, y eficientes. Al revés que en Educación donde en general mejor enseñanza tiene que ver con más y mejores maestros –con salarios realmente buenos- en Salud se puede hacer mucho con lo que hay y sueldos solidariamente justos.

Es cierto que el ministro Roby ha cometido errores en su comunicación, granjeándose los sentimientos más negativos posibles de la corporación gremial, y de parte de la corporación médica. A poco de asumir, el ministro ya ventilaba en los medios la desastrosa situación del instrumental público, del estado de los centros de salud, y de un cúmulo de prestaciones, guardias, horarios, y cargas de trabajo que no se cumplen y se pagan religiosamente. Estas escaramuzas le van a costar al ministro –y al gobierno- desgaste político, pero al final del día lo que habrá que contar es en qué se mejora la salud y en qué no, y de quiénes serán las responsabilidades.

En el curso de esta semana debería haber solución a las paritarias del sector, sobre todo luego de un cierre que se anticipa favorable en Educación y del clásico acuerdo con ATSA, que al gobierno le ha servido para “romper” por el medio de ATE y AMPROS. Pero más allá de estas discusiones salariales, lo que trata de llevar adelante Roby es un sistema de gestión en Salud que garantice transparencia y debería derivar en lo único realmente importante: más atención, más cobertura, más remedios, más salud. Ello incluye una recomposición salarial solidaria que les pague mejor a los que menos ganan, y menos a los más favorecidos, al estilo del peronismo clásico. Es cierto que hay médicos que entre prestaciones, consultorios, guardias de todo tipo, y OSEP; facturan hasta 79.000 pesos mensuales según la documentación a la que hemos accedido. La pregunta que es si todos esos servicios se cumplen. Por eso el tope de aumento nominal en 5.500 pesos en el extremo superior de la escala salarial.

En 12 semanas de gestión el ministro ha conseguido algunos avances. La administración de turnos telefónicos ha achicado la brecha entre las necesidades de atención de la gente y el momento en que un médico los atendía. Dicen que para el 30 de abril estará satisfecha un 75 % de la demanda pendiente en el Gran Mendoza. Médicos que multiplicaron por cuatro las operaciones que hacían hasta hace poco, la reglamentación de la Ley de Sangre, un Consejo Provincial de Salud que trabaje más allá del “vacío” que le han hecho los gremios en la pelea paritaria, descentralización en la gestión de medicamentos; son algunas de las novedades. Muchos médicos e incluso la oposición radical le reconocen a Roby la iniciativa, con ideas que podrán ser debatidas en un marco democrático, pero que son ideas al fin. Los últimos seis o siete ministros se dedicaron a administrar las relaciones con las diversas corporaciones que se alimentan de un sistema que se ha vuelto turbio e ineficiente. Los gremios, hay que decirlo, también tienen responsabilidad en ello. No pueden mirar desde afuera lo que pasa en Salud y tienen que integrar el Consejo Provincial, como ámbito de aportes por una mejor salud pública de los mendocinos.

La gestión en salud es política. Debe serlo, en tanto se administran recursos de toda la población. Roby ha conseguido solidaridades nacionales. Los ministros Juan Manzur y Alicia Kirchner están a disposición y el senador Aníbal Fernández es algo así como un gestor político cerca del poder. Llama la atención, en cambio, que en el propio gabinete de Pérez no hubo figuras que se pusieran en “la foto” de la Salud en estos días difíciles. Hay que anotar, sí, como error político del ministro aquello de la rinoscopia. El grueso de la población no entendió su alusión a dirigentes gremiales que le habían agraviado personalmente y la jugada le valió un vacío a su alrededor, al punto que el propio ministro de gobierno Rodolfo “Olfi” Lafalla se desentendió en público de aquella práctica para detectar consumo de cocaína pedida por Roby. Tanto Lafalla como Roby están en el círculo íntimo del gobernador.

Quedan rispideces a resolver más allá de los salarios en el ámbito de la Salud. Roby está decidido a descontarles los días de huelga a quienes hayan hecho paro, por “respeto a los que sí trabajaron”, aunque como hicieron los maestros en la DGE, debería guardar ese naipe para utilizarlo en la negociación paritaria. El déficit mensual acumulativo de 10 ó 11 millones de pesos de la OSEP, la obra social del empleo público, es otro motivo de preocupación. Bajo la lupa de ese número es que serán revisados los convenios prestacionales. Otro asunto en la agenda es la transparencia de los gastos. En el ministerio ha sido una práctica habitual destinar dinero de bienes y servicios para pagar salarios y prestaciones. Tanto, que el 80 % de los recursos de Salud se van justamente en el pago de todo el personal. Cualquier empresa privada que dedicase el 40 % de sus gastos a salarios, estaría en serios problemas para sostenerse.

El problema para Roby es que el modelo de gestión que tiene en su cabeza resulta indigerible para la mayor parte del empleo público: productividad. Y que cobren más los que más “produzcan” en prestaciones para la gente. Es una pelea que vale la pena dar, luego de años y años de escuchar cómo la “crisis de la salud” se lleva puesto el sistema. Una de las aristas de esta lucha es que los médicos cumplan las cargas horarias por las que cobran, y que los dirigentes y delegados gremiales hagan lo propio. No es cierto que las licencias gremiales sean habilitantes para no trabajar.

Más consultas, más turnos, más cirugías, más prestaciones, más “salud”, con tecnología y soportes adecuados son asuntos sobre los que se debe discutir. Y es el acuerdo al que deben llegar gremios, gobierno, y médicos. Claro que el debate incluye buenos sueldos, salarios justos; pero también la productividad bajo índices mensurables de gestión. Esa es la lucha que vale la pena.