El caso De Rosas, o la búsqueda permanente de la trampa
Desde que empezó el proceso de Jury al fiscal de Estado Joaquín de Rosas, dos años atrás, se sabe que el funcionario resistiría su expulsión hasta el último aliento. De hecho, en el curso del proceso presentó media docena de recursos y nulidades claramente dilatorios que dieron vergüenza ajena. Buscó todos los caminos posibles para esquivar el juicio y una condena segura. Ahora ha sufrido una indisposición física que ha generado todo tipo de suspicacias, y que probablemente estuvo planificada con anterioridad, de acuerdo a las fuentes consultadas.
Como todo proceso político, en un Jury se producen hechos que en un juicio normal serían escandalosos. Que el presidente de la Suprema Corte de Justicia no haya estado en este juicio es más que llamativo. Lo mismo las “ausencias” convenientes de algún que otro legislador, como suele ocurrir en estos casos o cuando hay que hacer votaciones secretas en el Senado. Es política, pasa... Y avergüenza pero no tanto. Pero aquí hubo mucho más. Las dilaciones en el juicio a De Rosas han colocado la seriedad del Jury al borde del ridículo. Sólo ha sido salvada por los extremos cuidados del tribunal en esquivar las frecuentes trampas de zorro del fiscal De Rosas -quien ha estado jugando todo el tiempo en el borde del área buscando que le cobren un penal inexistente- y por la tarea del Procurador de la Corte Rodolfo González, quien ayer mismo tenía preparado su escrito con el alegato acusatorio contra el fiscal de Estado.
Con la abundancia de pruebas y testimonial que prácticamente sentencia a De Rosas, cualquier decisión que se tome en el Jury que no sea condenatoria será espuria. Salvo, alguna triquiñuela formal que el Fiscal de Estado consiga para apelar a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, y llegar a 2015 o aun después en su puesto. La estrategia fue siempre la demora: desde los planteos del principio, las famosas pericias y "recontrapericias" de Catastro que nunca llegaban, los peritajes a los honorarios de más de treinta abogados desperdigados en toda la provincia que participaron en el proceso de las tierras para Divisadero Largo, y que luego rechazó cuando empezaron a llegar aquellos testimonios; todo fue dilación. Más tarde vino aquella historia de “a mí ya me juzgaron cuando el Senado me eligió para ser fiscal, por estos mismos hechos”, lo que fue rechazado, y finalmente llegó el último recurso: la enfermedad.
El fiscal De Rosas -quien hasta ahora se abstuvo de declarar- está buscando la forma de probar que su defensa no ha sido tenida en cuenta. Y que por lo tanto sus derechos fueron violados. La “chicana” de tener un abogado patrocinador en lugar de uno defensor fue expuesta ayer cuando Roberto Godoy Lemos se sentó entre el público, algo que fue advertido por Omar Palermo, que lo hizo constar en el acta. Si hubiesen sesionado sin esperar a que el fiscal se recupere, el Jury podría haber sido declarado nulo. Los miembros del tribunal están lidiando con ese tipo de celadas todo el tiempo, contando además con que probablemente el fiscal tenga aún algunos aliados entre los integrantes del Jury de enjuiciamiento.
En el affaire De Rosas, lo que está en juego es la institucionalidad de Mendoza. Es el caso en que la justicia y la política tienen la oportunidad de demostrar que los resortes del poder son manejados por ciudadanos elegidos por otros ciudadanos en elecciones libres, y por los procesos institucionales que corresponden en el caso de los magistrados. Y no por la billetera, por generosa que esta sea.
Así de simple.