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Si quiere, Pérez puede emular a Obama

Desde MDZ señalamos que hay una falta de liderazgo y un vacío de poder en Mendoza. Pero creemos firmemente en que es humanamente posible revertir la situación. Para ello, "hay que tener lo que hay que tener" y avanzar contra viento y marea. Se puede salir del pozo. Es posible terminar el último año de gestión de Francisco Pérez de una manera digna y no en un tobogán.
Foto: Alf Ponce/MDZ
Foto: Alf Ponce/MDZ

 Empieza un nuevo año, pero para Mendoza y el país no será cualquiera. En 2015 elegiremos autoridades, aquellos que conducen los destinos del país, la provincia y los municipios y, también, a quienes deberán controlarlos.

Mendoza, nuestra porción de Patria, no llega bien parada a esta instancia. Tiene su matriz productiva en jaque y ni siquiera se anima a plantear ya no una salida, sino un debate serio y sostenido, argumentado y sin golpes bajos, en torno al futuro de la economía que da sustento a la vida en esta provincia.

El desierto fue labrado por los antepasados con un esfuerzo que hoy nos parece sobrehumano, ya que nos plantamos como incapaces de repetir la hazaña. Lo hicieron, con las condiciones adversas del desierto, al que transformaron en vergel. Hoy, está resulta difícil sostener esos oasis: una parte de la "culpa" la aporta la Naturaleza, que cambia sus condiciones y nos impide contar con las reservas acuíferas heladas; otra parte es nuestra: no supimos prever lo que sucedería, nos hicimos los distraídos, nos ocupamos de cuestiones menores, nos entretuvimos -quizá- en alguna de las tantas crisis propias. Buscamos la cola para mordérnosla sin saber con qué objetivo.

Pero no seríamos humanos si no tuviéramos capacidad de resiliencia, esa que nos hace salir del pozo una y otra vez, aunque no podamos taparlo e evitar futuras caídas.

Para ello hace falta un liderazgo, que está vacante.

A nivel político, se vive una natural devaluación del poder. Esa que ocurre al final de los mandatos y, sobre todo, cuando quien gobierna está imposibilitado de replantearse el rumbo con una reelección, situación en la que si no hace lo correcto, el plebiscitado lo castigará. Mendoza no se dio espacio para que un gobernador tenga más poder que los intendentes ni la oportunidad de que pueda planificar más allá de sus propios límites políticos.

A nivel nacional, si bien ocurre algo similar, el gobierno viene de completar una reelección y la continuidad de un proceso iniciado hace 12 años. A pesar del desgaste lógico y de la inclemencia de la disputa política, un liderazgo fuerte funciona con Cristina Fernández de Kirchner: condiciona a propios y ajenos, sigue tomando decisiones, gusten o no; la opinión de la Presidenta resulta determinante, por no decir excluyente en el esquema de gestión.

En una versión opuesta, en Mendoza el Gobernador se ve vacío de poder. A la licuación que implica el hecho de no poder continuar con su plan más allá de los cuatro años, se suman decisiones erróneas propias y de su propio partido, desde donde no hubo empacho en generar una embestida institucional grave, aldesatar una catarata de adelantamientos de las elecciones en los municipios que dejó solo, en un mal momento económico y ahora también político, al jefe del Poder Ejecutivo.

Pero la realidad indica que, en situaciones similares, hay posibilidad de enderezar el rumbo. 

Basta con que el capitán del "barco" tome las actitudes adecuadas y defina avanzar, para llegar a buen puerto y no naufragar en el camino.

Esta es una decisión estrictamente personal que debe asumir (o no, aunque tiene la oportunidad de hacerlo) el gobernador Francisco Pérez.

Salvando las distancias y notorias diferencias de casos, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, está sorteando un segundo mandato sin más posibilidades de reelección tomando al toro por las astas.


En las elecciones de medio término recibió una señal de alarma furiosa: una clara derrota en el Congreso, lo que lo condicionó y obligó a salir adelante por cuenta propia, sin apoyo parlamentario.

Su enfoque: los asuntos sociales que más impactan en la población, como el seguro de salud y los nuevos derechos de los inmigrantes, temas que los republicanos le negaron reiteradas veces en el Congreso. El inicio de relaciones con la isla de Cuba es la coronación de su propio "relato" pero con hechos: no se va a ir con la popularidad por el suelo y sin hacer nada.Lo hará en el pleno ejercicio de sus poderes como titular del Poder Ejecutivo.

Las oportunidades se toman o se dejan, pero no esperan a los indecisos. La escena de un enojo entre partes en medio del status quo es la peor señal que se le puede dar a Mendoza.

El cambio de año puede ser (o no) un cambio de época. El gobernador Francisco Pérez puede elegir un puñado de temas que han quedado pendientes e ir a fondo, y asumir el liderazgo que corresponde por su investidura, a pesar de las adversidades políticas e institucionales.

Para imponer la agenda hay que hablar: de eso consta la política.

Desde MDZ hemos trabajado por que Mendoza discuta temas centrales para poder emerger y hoy creemos que es una fecha propicia para reflexionar sobre esta oportunidad que está a mano. 


El Gobernador, seguramente, con templanza, inteligencia y decisión; sin partidismo, sin ira que bloquea, podrá nutrir, mejorar y hasta cambiar la lista. Hace falta sabiduría y convicción y avanzar con pasión, pero sin apasionamiento:

- El monstruo en el que se ha transformado el empleo público nos impide diferenciarnos, ya, de aquellos estados provinciales de los cuales se dijo alguna vez que recurrían a la planta estatal por su "inviabilidad económica". ¿Es este el caso de Mendoza? Los cambios producidos en la Subsecretaría de Trabajo son una oportunidad alentadora. Durante años, funcionarios y sindicalistas estatales trabajaron de consuno: más y más empleados a la planta, sin medir incidencia presupuestaria ni evaluación previas ni posteriores, ni dirigidos a generar un estado despierto y presente, inteligente y activo como, por ejemplo, sí se logró en áreas como la de documentación con el impulso del Ministerio del Interior. Hay cinco mil trabajadores estatales en condiciones de jubilarse y toda una planta para redefinir. Se puede. Pero se tienen que querer hacerlo para poder avanzar y ponerse por encima de los pequeños grupos que toman de rehenes a los mendocinos. Se puede. Y no solo para evitar que una carpa entorpezca la llegada del Gobernador a la Legislatura un 1 de mayo, como ya ha pasado. Los recursos públicos no pueden ser el decorado de una puesta en escena de los gobernantes. Más tarde o más temprano, su actuación será evaluada y no por lo estético. Hace falta garantizar de que no siga entrando gente por la ventana: entes autárquicos, Legislatura o Municipalidades y la posibilidad de retiros voluntarios y jubilaciones anticipadas.

- La educación puede ser la nueva bandera. Ni permisiva ni represiva. El Gobernador puede retirarse haciendo sentado las bases de una educación moderna, tecnologizada, con escuelas que tengan computadoras pero también en dónde conectarlas y de qué redes servirse para no ser cáscaras vacías. O puede irse así, como estamos. Puede ser el primero que se imponga a los criterios estrictamente gremiales: no para combatirlos ni cercenarlos. Pero para poner equilibrio, medir calidades, proponerse ir más allá y no conformarse con la tranquilidad del estancamiento o la inercia de las estructuras anquilosadas dentro de las oficinas que debieran bregar por la calidad de la enseñanza y no solo por los beneficios para una sola de las partes de la comunidad educativa, los docentes. Necesitamos una educación inclusiva, con alumnos y docentes evaluados. De la exigencia y la capacitación surgen personas formadas para los nuevos desafíos.

- Desde hace años se nos prometió una "planificación estratégica de Mendoza". Se gastó dinero en ello durante la gestión anterior y se montaron todas las escenografías para mostrar "como qué". Pero no. Ahora está la oportunidad de dejar sentada una Ley de Ordenamiento Territorial que sirva para que, cuando se discuta sobre el crecimiento real de Mendoza, haya un marco. increíblemente, no lo hay en pleno siglo XXI.

- Habitualmente, el Estado ha hecho un uso oportuno de la alta inflación para licuar sus deudas con los proveedores. Hoy, con escasos recursos reales y con un altísimo déficit, quienes pagan la inoperancia son quienes brindan sus servicios para aceitar la vieja maquinaria estatal. Con responsabilidad y decisión, con visión de futuro, se puede enderezar el déficit y eliminar los gastos superfluos, suntuarios o exagerados beneficios de los que se goza por el solo hecho de ser funcionario público: hablamos de evitar el "cotillón" en la fiesta porque, además, no hay mucho que festejar.

- Puede el Gobernador hacerse cargo del gobierno de la Seguridad. De hecho, la Constitución se lo encomienda y, por lo tanto, exige. No es un tema que pueda delegar en los trabajadores del sector que, en este caso, son -grave caso- "civiles con armas". Mucho menos puede entregarlo como cuota de poder a un sector interno de su propio partido para que lo use como quiera, pueda o tenga ganas. Del funcionamiento del sistema de seguridad depende que más o menos gente viva en paz y tenga tiempo, ganas, ánimo para ponerle el hombro a Mendoza. y por cierto: de la eficacia y eficiencia del sistema de Seguridad también depende que los hospitales tengan menos gente que atender, heridos en circunstancias criminales o bien, como producto de incidentes viales, cuyo control está en la misma órbita del Estado, aunque hoy se gestione en forma dispersa o atomizada, entregada a diversos factores de poder partidario que la reclamaban como bastión propio. Puede liderar la confección de un plan moderno y democrático de Seguridad, con las correspondientes encuestas de victimización de modo de saber realmente qué es lo que pasa, ni más ni menos. Tiene que ser una política de Estado que involucre a toda la sociedad y que se le encargue a verdaderos expertos.

Un gesto de grandeza democrática que debe dejar en claro, es garantizar el financiamiento de las campañas políticas, de modo de que todos los partidos puedan difundir sus ideas y candidatos en igualdad de condiciones y que no tengan que mendigar aportes, con las consecuencias consabidas de esas viejas prácticas.

El Gobernador tiene la oportunidad de ejercer el poder en un doble sentido: simbólico y real. 

Para ello, debe reasumir el cargo, con una nueva vocación, sin promesas, con un plan de acción y la convicción de que, si lo hace, no vivirá un año cayendo por el tobogán, sino ascendiendo al lugar que la historia tiene reservado para quienes saben ocupar su lugar en el momento adecuado.