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Sigue la polémica en Uruguay por lo que Cristina dijo de Artigas

La presidenta había afirmado que el prócer más importante de Uruguay "quería ser argentino y no lo dejamos, carajo" y eso provocó rechazos y apoyos. Un profundio análisis de ese discurso.

“Esta bandera de Entre Ríos, cruzada por la franja roja que es el símbolo de Artigas, vivo en la tierra entrerriana, de ese Artigas que quería ser argentino y no lo dejamos, carajo. ¿Cómo pudo haber sido posible?. Ay, se me fue, discúlpenme”.

 Estas frases polémicas fueron pronunciadas hace doce días por Cristina Fernández en la capital de Entre Ríos, mientras entregaba netbook a escuelas, pero los uruguayos siguen reaccionando ante las mismas porque les toca en la fibra más íntima: Gervasio Artigas fue el prócer más importante que tuvo la nación hermana.

Desde el otro lado del Río de la Plata, el dirigente del partido Colorado Pedro Bordaberry dijo que “Artigas no quería ser argentino sino que las Provincias Unidas del Río de la Plata, que es algo muy distinto”. El hijo del ex presidente Luis Lacalle sostuvo que “Artigas es el jefe de los Orientales, pensó una Patria Grande no en ser argentino". José Amorin Batlle, del partido Colorado, fue más contundente:  "Artigas quería ser argentino". Él era oriental, republicano y federalista. Y por eso fue traicionado por los gobernantes argentinos".

El diputado por el Frente Amplio de Uruguay, Juan Carlos Mahía, dijo que “es la primera vez que un gobierno argentino hace una autocrítica tan grande con el artiguismo, a tal modo que Sarmiento estaría enfurecido”. “Los dicho de Cristina van más en línea con una revisión histórica que con un agravio. Es una reivindicación”, agregó.

“Los argentinos nunca admitieron nuestra Independencia desde Artigas hasta nuestros días. Esa actitud es la que genera problemas hoy en día” (senador Luis Alberto Heber, presidente del Directorio del Partido Nacional). “¡Basta de zonceras con Uruguay! ¿Sabe que San Martín era uruguayo?” (diputado Jaime Trobo, del Partido Nacional). 

Un análisis detallado

El diario uruguayo El Observador revisó los dichos de la presidenta argentina y de los políticos uruguayos que lo cuestionaron, , que pasamos a describir:

"La señora de Kirchner se equivoca por varias razones: primera, porque no es verdad que a Artigas “no lo dejaron” ser argentino; de alguna forma, lo fue toda su vida y murió siéndolo. Segunda, porque atribuye la independencia de Uruguay, hecho complejo si los hay, a un único factor: el rechazo de los diputados orientales por parte de la Asamblea General de 1813. Y ello implica una simplificación con la que no puede seriamente concordarse". 

"Más allá de toda polémica, hay un aspecto central en el que los orientales tenemos que estar agradecidos a la presidenta de Argentina: es la primera persona en la historia que, desde ese alto cargo, realiza una autocrítica de la injustificada exclusión de los representantes de la Provincia Oriental en la Asamblea de 1813. Y aquel exabrupto, consecuencia de la estrecha mentalidad centralista que por entonces predominaba en dicha institución, fue un factor de mucho peso en los problemas posteriores del federalismo artiguista con los gobiernos de las Provincias Unidas. No habrá sido la causa central de la escisión de 1828, pero sin duda contribuyó a la misma". 

"Buenos Aires no podía decidir por sí sola lo que le correspondía resolver a la totalidad de las provincias que constituían el virreinato del Río de la Plata; por ello, la convocatoria de un congreso o asamblea provincial que aceptara o rechazara lo resuelto hasta entonces, era imprescindible. La reunión de este organismo pasó por dos frustraciones hasta que, por fin, se formalizó en Buenos Aires (la “hermana mayor” del ya ex virreinato, al decir de Juan José Passo) el 31 de enero de 1813. Se la suponía depositaria de la legitimidad política, al menos hasta la restitución en sus funciones del monarca español, aunque en el ánimo de la mayoría predominaba ya idea de independizarse". 

"A la Banda Oriental (aún no provincia), le correspondía enviar sus delegados; y para ello convocó José Artigas, militar al servicio de la Junta de Mayo (para obedecer a la cual había desertado de su jerarquía de capitán de blandengues), el congreso provincial de Tres Cruces, en abril de 1813. Artigas lo abrió con un célebre discurso (la Oración Inaugural) que contiene una no menos famosa definición de  su carácter democrático: “Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa ante vuestra presencia soberana”. 

"Pero el planteamiento del caudillo fue insólitamente audaz: lejos de dar como un hecho que había que elegir a los diputados, de acuerdo con un reglamento aprobado por la Asamblea de Buenos Aires, se cuestionó si, previamente, había que reconocer o no la autoridad de dicho organismo, y, en caso afirmativo, si dicho reconocimiento debía de hacerse por mera obediencia o condicionada a un pacto. Esta actitud ya implicaba una concepción federal, en la que la provincia (declarada tal en el mismo congreso) se reservaba el derecho absoluto de decidir su propio porvenir". 

"Por fin, se resolvió admitir la autoridad de la Asamblea condicionada a un pacto, la principal de cuyas exigencias era una respuesta, por parte del gobierno convocante (con sede en Buenos Aires), al enviado artiguista ante el mismo, don Thomas García de Zúñiga. Este, a cargo de una misión que implicaba la reivindicación del jefe de los orientales (gravemente ofendido por Manuel de Sarratea en 1812) había sido hasta ese momento ignorado".

"En definitiva, la polémica (y la ofensa) se debe a la caracterización que la presidenta de la República Argentina hizo de Artigas como alguien que quiso ser argentino y no pudo. A este punto se refieren todas las objeciones que ya se han comentado". 


El periódico uruguayo también analizó las respuestas a la presidenta argentina hechas por políticos y funcionarios uruguayo. En este sentido se refirió al senador Bordaberry quien expresó que  “Artigas no quería ser argentino: quería Provincias Unidas del Río de la Plata que es algo muy distinto”.

"Formalmente tiene razón; Argentina no estaba constituida como tal, de manera que mal podía Artigas pretender ser parte de algo que no existía. El fondo del asunto es mucho más discutible: Provincias Unidas (nombre que aún mantiene Argentina, según su texto constitucional) era la denominación que recibía el Estado que se estaba formando, y del cual Artigas se sentía parte integrante. Eso quedó claro en 1813 y en todas y cada una de las circunstancias posteriores en las que se planteó el tema de la posible escisión de algún territorio. El caudillo rechazó incluso la constitución de un Estado aparte formado por la Provincia Oriental y Entre Ríos ofertado por uno de los gobiernos porteños de turno". 

"El diputado y candidato presidencial Luis A. Lacalle Pou rechaza las expresiones de la señora de Kirchner con el argumento de que Artigas “es el jefe de los Orientales, pensó una Patria Grande, no en ser argentino”. Nuevamente hay que distinguir los aspectos formales de los de fondo. Esa “Patria Grande” a que se refiere el doctor Lacalle Pou, ¿era la actual Argentina más los territorios de Uruguay y Paraguay, o algo aun más extenso? Cualquiera sea la respuesta, es evidente que el jefe de los orientales (carácter que nadie niega al formidable caudillo) se sintió siempre parte de una misma nación con los miembros de las demás provincias, y jamás soñó con separar la Banda Oriental y transformarla en nación aparte.  Es más: vivió dicha separación como una dolorosa tragedia personal". 

“Los argentinos nunca admitieron nuestra Independencia desde Artigas hasta nuestros días” –ha señalado el senador Luis A. Heber. Y cae con ello, según nuestra óptica, en un anacronismo; pues en tiempos de Artigas no se planteó seriamente la separación nacional de Uruguay. Y si algún gobierno porteño lo hizo, tuvo en Artigas su más decidido adversario". 

"Por lo tanto, ni ignorancia, ni cinismo, como dice el doctor Solari, ni “zoncera” como expresa el diputado Trobo, el que, además, pretende pagar con la misma moneda al recoger la peregrina tesis de que José de San Martín era oriental".

 

 

Lo que la señora Cristina Fernández de Kirchner ha señalado es su parecer de que si no se hubiera rechazado, por parte de la Asamblea General de 1813, a los diputados orientales, Uruguay no existiría hoy como país independiente.

"Es una tesis aventurada e imposible de probar, pero no me parece ni ofensiva para la dignidad nacional, ni disparatada. En definitiva, creo que se está haciendo una tormenta en un vaso de agua". 

"Artigas fue, es y seguirá siendo el jefe de los orientales. Pero es también, y sin menoscabo de ello, un caudillo decisivo para la evolución política de toda el área platense, como creador del gran movimiento federal que se extendió inicialmente por seis provincias (Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Santa Fe, Córdoba y la Oriental), generó caudillos del peso y la importancia de Pancho Ramírez, Estanislao López, Facundo Quiroga, Justo José de Urquiza, Juan Manuel de Rosas o Felipe Varela, y contribuyó a generar esa gran nación que es hoy la República Argentina".

 

 

¿Debemos ofendernos, entonces, porque un mandatario de la misma afirme que Artigas quiso ser argentino? Entiendo que no; que, por el contrario, deberíamos sentirnos orgullosos. Bolívar y San Martín, entre otros,  son admitidos sin problemas como héroes de varias naciones. No se ve razón valedera para que Artigas no disponga de idéntico privilegio. 

"El ilustre historiador compatriota Guillermo Vázquez Franco ha expresado: “Es un disparate considerar a Artigas como el fundador de la nacionalidad uruguaya. Incluso muere como argentino. Fue argentino. Luchó como argentino y murió como argentino. Le ofrecieron la separación de la Provincia Oriental, junto con Corrientes y Entre Ríos. Y lo rechazó. Cuando en Paraguay se entera de la Convención Preliminar de Paz, dijo: ‘Ya no tengo patria’. Artigas es un argentino. Pero como nos apropiamos de Carlos Gardel, nos apropiamos de Artigas”.

"Coincido con entusiasmo en lo de Gardel; pero mantengo distancias con los restantes conceptos. Artigas sí fue, incluso contra su propia voluntad, el fundador de la nacionalidad oriental. De él heredamos el respeto por las instituciones, el amor a la libertad individual, el apego a la democracia y la filosofía de que, en este mundo, “naide es más que nadie”, como decían los gauchos. Aunque se trate del único caudillo del universo que no quiso el país del que es héroe indiscutido, su orientalidad no está en discusión. Tampoco, creo, lo está su argentinidad, con ese u otro nombre. Porque, anterior  en el tiempo a la división de su patria en dos naciones (o en tres, si incluimos a Paraguay, donde se exilió y murió), fue, por definición, el Protector de los Pueblos Libres. De todos ellos", concluye el análisis.