Cristina definió la economía que viene
Cristina Kirchner hizo algo más que cambiar su gabinete: trazó una reingeniería del equipo económico que intentará revertir algunos de los indicadores negativos de la economía de los últimos meses. El factor Capitanich, la avanzada de Kicillof y la incidencia de la salida de Moreno.
Cuando Cristina Kirchner decidió remover a puntuales miembros de su gabinete, hizo mucho más que un enroque político: llevó adelante una ingeniería económica que se tomó el tiempo de planificar durante el tiempo que duró su convalecencia.
Es bien cierto, como dicen los principales analistas políticos vernáculos, que esos movimientos fueron reflejo de la admisión de la derrota en las últimas elecciones —tanto las PASO como las legislativas—, pero así y todo se trata de una jugada mucho más arriesgada y calculada que lo que muchos pueden creer. Para llevarla a cabo, por caso, utilizó uno de sus sentidos por sobre todos los demás: el oído.
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A efectos de escapar del stress, y mostrarse al mismo tiempo atenta a los problemas ciudadanos, Cristina llevó adelante los cambios más relevantes de la última década. Al mismo tiempo, buscó conformar por igual a La Cámpora, los caciques del peronismo —especialmente los gobernadores—, los empresarios, los sindicatos y hasta los siempre impredecibles mercados.
Para lograrlo, la jefa de Estado hizo un trabajo que requirió la precisión de un cirujano. Por un lado, “blanqueó” al camporista Axel Kicillof como ministro de Economía; luego, pactó con el “peronista” Capitanich para que asumiera al frente de la Jefatura de Gabinete de Ministros de la Nación. La carambola se completó este martes, cuando “negoció” la salida de Moreno, dando un necesario respiro a los mercados.
Las tres medidas están vinculadas íntimamente entre sí, no solo porque el ex gobernador de Chaco fue quien —junto a los principales referentes del PJ— pidió la cabeza del otrora poderoso secretario de Comercio Interior, sino además porque trazan un ordenamiento de la economía que se hacía imprescindible.
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No debe olvidarse que se trata de alguien que, no solamente tiene título de contador público, sino que además hizo un posgrado en la Universidad de Belgrano, una maestría en Economía y otra en Administración y Políticas Públicas en la Universidad de San Andrés.
Para entender qué pasa por la cabeza de Capitanich basta repasar una anécdota surgida de una entrevista que le hizo Jorge Fontevecchia en el año 2007. Allí, cuando el periodista le preguntó qué representaba la matemática en su vida, el hoy jefe de Gabinete explicó:
“Como apasionado de la matemática, me gusta modelizar y un día estuve en un partido en el que ganaba Argentina 3 a 0 en el primer tiempo y después hizo un gol Brasil en el segundo tiempo. Modelicé lo que llamé 'modelo de optimización del uso del espacio físico en el rectángulo de juego'. Y se lo llevé a Pekerman, Salorio y Tocalli, quienes me miraban azorados durante tres horas. Hice un análisis estático y dinámico del fútbol tomando a cada jugador como un vector en un espacio de tiempo de 1 a 90 minutos analizando la Teoría de los Juegos, la Teoría del Control, y determinando con una multiplicidad de ecuaciones diferenciales la optimalidad del rendimiento del jugador. Porque el jugador tiene un rendimiento marginal decreciente con el transcurso de los minutos".
En la misma entrevista, Capitanich opinó sobre el tópico que más urticaria produce al kirchnerismo, la inflación: “Uno puede tener precios concertados para generar el tiempo necesario para que, con financiamiento, crezca la inversión y exista un equilibrio de carácter estructural entre oferta de bienes y servicios a su demanda”.
Como puede verse, allí el hoy jefe de Gabinete comenzaba a mostrar tibiamente sus principales dogmas. Incluso dejó una frase que hoy parece casi premonitoria: “El jefe de la administración es el jefe de Gabinete”. En esa misma oración, Capitanich definió cómo será su propia labor.
No es un dato menor, ya que, por primera vez, Cristina deberá focalizarse en el hecho de tener que delegar poder, un concepto al que venía escapando. Allí es donde aparece gravitante la figura del hoy jefe de Gabinete.
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Con un cuadro como Kicillof en Economía no será nada sencillo. ¿Cómo explicar que se tienen buenas intenciones poniendo al frente a un ministro que se deshace en alabanzas a Carl Marx y John Maynard Keynes?
Esa puja es la que se verá a partir de ahora, aunque se espera que no haya mayores inconvenientes toda vez que Kicillof supo trabajar en el pasado con Capitanich como su asesor técnico en el lejano Chaco. En esa pulseada, el más fuerte es el jefe de Gabinete.
Por ahora, el plan de Cristina tiene sabor a poco, pero habrá que darle maduración sobre la marcha. Es un camino largo, pero obligado. Ya alguien lo dijo alguna vez: “El peor intento es el que no se hace y la peor decisión es la que no se toma”.




