Cristina y sus palabras: el pez por la boca muere
Las palabras desnudan la verdadera ideología. Uno puede andar por la vida disfrazado de progre, pero en algún momento el lenguaje lo traiciona y deja entrever el fascista, el arribista que lleva adentro. En las últimas horas hemos visto cumplirse este aforismo con rigurosidad matemática.
La Presidenta de la Nación llamando "buitres" y "caranchos" a los jubilados a los que negó -veto por medio- el 82 por ciento móvil que ordena el artículo 14 bis de la Constitución Nacional. (Insulto que abarca a su propia madre Ofelia Esther Wilhem, quien le ganó un juicio al ANSES, aunque después donara el importe a la Casa Cuna).
Por desgracia, la imprudencia verbal aqueja también a un presidente sudamericano que ha hecho cosas buenas, como asilar a Julian Assange, el creador de Wikileaks, perseguido a muerte por Washington debido a sus oportunas revelaciones. De visita en Argentina, Rafael Correa minimizó el martirio de las víctimas de la AMIA comparándolas -en un temerario cuentacadáveres- con los muertos de la agresión imperialista a Libia.
No le podemos permitir a un mandatario extranjero -por más aliado sudamericano que sea- que se entrometa con una de las mayores tragedias de nuestro país agraviando la memoria de los mártires de la AMIA que eran argentinos. Y el gobierno que lo recibió con todos los honores debidos a un estadista amigo, debió decírselo con toda crudeza. Es necesario repetirlo: la imprescindible alianza con otros pueblos y gobiernos sudamericanos no le otorga permiso a ningún aliado para opinar irresponsablemente sobre temas internos tan sensibles y delicados como el atentado terrorista contra la AMIA.

