El archivo de 2001: el Gobierno recurre a la generación "Clemente"
Son las vueltas de la vida. O de la política mejor dicho. El Gobierno tiene en mente usar un artilugio como maniobra política para presionar a la oposición a que discuta la reforma de la Constitución. Y para ello quiere usar las elecciones que fueron un ícono de repudio de la población a la clase política; las elecciones del 2001, donde el “voto Clemente” le ganó a todos.
La intención es usar una maniobra arriesgada, pero aparentemente “no negada” desde el punto de vista legal, al usar el referéndum del 2001 como aval a la reforma y así llamar directamente a elecciones de Convencionales Constituyentes. Ese año el gobierno radical sometió a votación la ley de declaración de la reforma de la Constitución que había sido votada por unanimidad. Pero el referéndum no pasó el filtro impuesto por la Suprema Corte acerca de que es necesario el voto positivo de la mitad más uno de los empadronados.
El Gobierno busca aprovechar la elección que fue histórica por el repudio de la población a la clase política.
Esas elecciones fueron el 14 de octubre del 2001, en la agonía del gobierno de Fernando De La Rúa. Se elegían senadores y diputados nacionales y también legisladores provinciales. La crisis ya estaba instalada y la decepción generada por la Alianza trajo como consecuencia un repudio a la clase política argentina. Comenzaba el “que se vayan todos”. Así, antes de votar se instaló a “Clemente” como candidato testimonial. “Por lo menos no tiene manos para robar”, era la frase. La intención era no votar, votar en blanco o, la forma más popular, anular el voto. En las urnas aparecieron desde estampas de clemente, hasta fetas de salame.
El voto castigo salió segundo en Mendoza, con 157.597 entre votos anulados y en blanco, apenas por debajo del PJ que ganó. La UCR quedó en tercer lugar.
En Mendoza el resultado fue contundente: los votos en blanco y los anulados salieron segundos, a pocos pasos del PJ y por encima de la UCR. En total el “voto bronca” sumó 157.597 apoyos, entre votos en blanco y anulados, es decir casi un 20 por ciento de los votos emitidos. El PJ ganó la elección con 184.070 votos. La Alianza (UCR) obtuvo 131.852 votos, es decir por detrás de Clemente. El PD fue votado por 127.343 personas y FISCAL, el partido formado por Aldo Giordano aprovechando el descontento social, logró un diputado nacional con 87.354 votos.
El referéndum quedó en segundo plano, tanto en la campaña como el día de las elecciones. Pero los números estuvieron lejos de lo esperado por los partidos. Sólo el 65% de los que fueron a las urnas votaron por el referéndum. Y el Sí ganó 58% de los votos válidos, pero con sólo 311.187 sufragios (de los más de 800 votantes y más de 1 millón de empadronados). Es decir, ahora el Gobierno asegura que ese referendum fue aprobado, pero sólo se logra ese porcentaje positivo si no se tienen en cuenta los votos anulados y en blanco.
De los más de 800 mil votantes, sólo 311.187 votaron a favor de la reforma. El resto no votó, la mayoría, o votó en contra.
Otro dato curioso tiene que ver con quienes eran los protagonistas políticos de esa historia. En PJ tenía como candidatos y referentes a Pardal, que fue electo senador y a Guillermo Amstutz. En el radicalismo había más caras que aún hoy se mantienen en escena: el candidato a diputado que perdió contra Clemente era Víctor Fayad (que fue electo igualmente), Raúl Baglini era el candidato a Senador y el gobernador Roberto Iglesias, actual aliado del gobierno en la búsqueda de la reforma.
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