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No seamos zonzos: para qué sirve el ministro que sobrevivió a tres presidentes peronistas

Vuelve Cristina y él sigue allí. ¿Seguirá aún más tiempo? Un secretario de Estado lo acusó, directamente, de “mentirle a la Presidenta”. Tras el recorte de poder que sufrió con el arribo de Nilda Garré a Seguridad, comenzaron a abrirse las ollas cercanas al Jefe de Gabinete. ¿Por qué los periodistas no le preguntan cosas importantes?

Es un showman. Es el mejor miembro del Gabinete. Es el escudo y la espada que todo presidente quisiera tener. Pero, ¿para qué le sirve al país tener a Aníbal Fernández en un cargo tan prominente?

Hace más de diez años Giovanni Sartori presentó su “Homo videns. La sociedad teledirigida” y después de ese libro surgieron muchas otras versiones y confrontaciones en torno a su teoría de que la televisión es la que manda en materia política (y en todas las demás materias). Y tuvo bastante razón: la política vuelta un show es más redituable que la política de las cosas serias. “Aburrido” les dicen desde la alegría gobernante a los que plantean temas de fondo, mientras se avanza al ritmo de candombe en la confrontación de nimiedades.

Como lo fue Carlos Corach para el menemismo, Aníbal, es el puching ball del Gobierno y lo hace mejor que nadie (Corach incluido). Como lo fue Christian Colombo para De la Rúa. Pero claro, en este último caso, ineludiblemente el escudado no ayudó demasiado al escudero en su misión.

Ministro nacional desde el interinato de Eduardo Duhalde hasta ahora “sin solución de continuidad”, como a él le gusta decir, Aníbal es inefable: gana todas las apuestas, tiene todas las cartas para ganar la partida, es el dueño de la última palabra, es brutal y gracioso y representa un cóctel genético que une lo histriónico de Luis Juez, la espontaneidad para decir cosas sin medir consecuencias que tiene Belén Francese y el poder que solo puede tener quien está habilitado para cambiar miles de millones de pesos de partida, con solo una visita al Congreso de vez en cuando.

Por ello Aníbal, el autor de las “nuevas zonceras argentinas”, es muy útil: desvía los temas y hace reír a carcajadas hasta al más perro de los periodistas que lo tienen de interlocutor, aun cuando le están preguntando, por ejemplo, por los muertos del Parque Indoamericano, responsabilidad exclusiva de su gestión y uno de los motivos por los que le fue recortado el poder.

Famoso más por sus ya célebres “anibaladas” (recogidas por el diario Perfil) que por responder qué hizo con la Policía en los 8 años en la que la tuvo a su cargo, antes de que Cristina se diera cuentas de que era corrupta e ineficiente, Aníbal sigue mostrando poder.

El jefe de la Policía Federal y de otras fuerzas que estuvieron durante 8 años bajo su mando sale en un videoclip de Andrés Calamaro y resulta gracioso, es cierto. También se pasea por los set de programas de chimentos y Amalia Granata lo dejó callado en el programa de Pettinato. Pero le cuesta ir al Congreso de la Nación a rendir cuentas y, cuando lo hace, el actor le gana al responsable de la carga pública, generando (en beneficio propio, claro está) un desparramo de quejosas frases hechas de parte de los legisladores de la oposición que jamás podrán alcanzar su grado de impacto e histrionismo.

Hasta un Secretario de Estado sostuvo en una entrevista publicada por El Tribuno de Salta que, a pesar de todo, “le miente a la Presidenta”.

Gravísima afirmación, si las hay: el Jefe de Gabinete no solo podría ocultarle cosas a la primera magistrada de la Nación, sino que, además, le estaría falseando información.

El que lo dijo es el titular del Sedronar José Ramón Granero, quien aseguró que escuchó "personalmente a Aníbal Fernández mentirle a la presidenta" respecto de que en el país "no había muertos por sobredosis".

Claro que Granero lleva adelante una batalla ideológica con Fernández: aquel está a favor de la despenalización del consumo de determinadas drogas, (aunque su militancia no ha pasado del dicho al hecho) y Granero es un ortodoxo en la materia.

El reportaje salteño fue reproducido por Clarín. Granero afirmó allí: "Yo escuché personalmente a Aníbal Fernández mentirle a la presidenta Cristina Fernández de que en Argentina no había muertos por sobredosis. A la semana siguiente voy a la agrupación nuestra y la primera acción que hacen es rendirle homenaje a un compañero muerto por sobredosis. Parecía un chiste negro armado".

La noticia es que hoy Aníbal Fernández, con recorte de poder o no, sigue en el cargo. ¿Y Granero? También.

El rol de Aníbal es irremplazable: sostiene (y tiene razón) que “nadie resiste un archivo”. Baste entonces revisar su libro, que es best seller: “Zonceras argentinas y otras yerbas”, en el que revisa el archivo de los demás y los deja, desde su punto de vista, en mala posición frente a su encendida defensa del Gobierno.

Con los muertos del Indoamericano todavía calientes dejó en ridículo a Luis Landriscina, Cacho Garay, el Negrto Álvarez y a varios más contando chistes en el programa Ciudad Gótika de Radio del Plata, animado y alentado a hacerlo por Jorge Rial, quien se deshizo en elogios (y recomendó su compra) para con el libro del jefe de Gabinete. Allí, Aníbal dijo que a Macri le llaman "conejo negro", "porque ni por magia alguien lo puede hacer trabajar". También tuvo ocurrencias buenísimas sobre Cobos y Carrió y despotricó contra Alberto (el otro) Fernández, "quien a pesar de haberse acostado en la cama de Máximo en El Calafate se cagó en Néstor", dijo. Pero de los derechos humanos violados durante su gestión, ni jota.

Repitió un latiguillo que dijo en alguna reunión en la que el autor de esta nota estuvo presente: "Yo disparo con la dos manos y tengo muy buena puntería". En un encuentro en su despacho, plagado de plasmas y radios encendidas a las que va llamando sistemáticamente como refutador profesional, sentado frente a organizaciones que luchan contra la violencia y frente a las Madres del Dolor, que han perdido a sus hijos en manos de asesinos, contó esa misma historia. Y agregó más. "Una vez me perseguían unos tipos, cuando era intendente de Quilmes. Yo manejaba. Y les disparé con la izquierda. Llamé al Cabezón (Duhalde,, que era gobernador bonaerense) y le dije: vayan a ver que acabo de dejar muerto a un tipo en la ruta". Una delicadeza frente al auditorio que lo miró al borde del desquicio.

En el Grupo Clarín le conocen de memoria la maña: lo llaman y le hacen decir barbaridades que después usan para denostar al gobierno. Aníbal y los programas que le bailan alrededor se retroalimentan, conformando, desde luego, un círculo vicioso en el que todos ellos ganan: se diunden y refutan; se dan de comer mutuamente.

Nosotros, miramos de lejos. Podemos reírnos o embroncarnos. Pero actuamos como espectadores atónitos, aunque a veces podamos interactuar con el propio ministro gracias a Twitter.

Pero dejando de lado al superministro stand up y sus, digamos, “cualidades”, ¿por tanto periodista que lo invita a su estudio de radio o televisión no lo indaga por las cuestiones que están o estuvieron bajo su responsabilidad y que, a todas luces, resultan un fiasco? ¿Por qué los mismos medios ensalzan un rol payasesco del funcionario, para conseguir ráting fácil, títulos de diarios instantáneos y, definitivamente, olvidar el fondo de las cuestiones más dramáticas del país?

Es curioso, pero entonces la pregunta con la que se titula esta nota debería invertirse: ¿para qué sirven los periodistas que no preguntan sobre cosas importantes a personas que tienen mucho por decir, y se conforman con que éstos los hagan pasar un buen rato, conseguir un buen título o subir un puntito de ráting?

"Me chupan los dos huevos":

Gabriel Conte en Twitter: @ConteGabriel