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Sindicatos, qué y para qué


El sindicalismo es un fenómenos relativamente nuevo en la historia. Se inicia con el capitalismo y la novedad que significó el trabajo asalariado. Sus comienzos no fueron fáciles, el liberalismo político y económico consideraba que era un factor distorsionante del mercado y negativo para la república basada en el mito de una sociedad constituida por individuos aislados, racionales, iguales y libres. La burguesía industrial descargó contra ellos el peso de la represión estatal. A pesar de todo esto los sindicatos se fortalecieron y constituyeron una pieza clave en la conquista de reivindicaciones obreras como fue la jornada de ocho horas, la regulación del trabajo infantil y femenino y muchas otras.
 
El segundo momento importante en la historia del sindicalismo es la conformación de un modelo de acumulación llamado fordismo enel cual los sindicatos ocuparon un papel central. A través del Estado, consitituido como mediador, se establece un sistema de convenios colectivos de trabajo discutidos con las corporaciones empresarias. Los sindicatos adquieren un poder enorme basado en el creciente número de obreros industrailes, en una organización fuerte y consolidada, y en el predominio de la teoríia keynesiana que pregonaba la importancia del consoumo como motor de la economía. Es la mejor época para el logro de mejoras sustanciales en los salarios y las condiciones de trabajo.
 
La edad de oro del sindicalismo termina con el agotamiento de este modelo y el surgimiento de otro régimen llamado posfordismo que busca solucionar las crisis capitalistas a través de la disminución de los salarios y de los asalariados mediante la incorporación de nuevas tecnologías.
 
En la Argentina, con algunas peculiaridades, este  esquema se repite. Pasamos de los sindicatos combativos y combatidos de las primeras décadas del siglo XX a los sindicatos potentes asociados al Estado de Bienestar, en nuestro país inaugurado por el justicialismo. Esto marca ya una impronta, el sindicalismo argentino será casi totalmente peronista, aunque en él hayan confluido dirigentes de otras extracciones. Otra marca será su estrecha relacióncon el Estado, especialmente si gobierna el justicialsmo.
 
A pesar de las grandes conquistas que el sindicalismo logró para sus afiliados, se inicia tempranamente un proceso de burocratización y de corporativización creciente que atenta contra las posibilidades de expansión democrática, tanto internas como externas, y contra los mismos intereses de la clase obrera y de los trabajadores asalariados en general.
 
Esto se ejemplifica en la relación de las cúpulas sindicales con el poder militar. Recordemos que asisten a la asunción de Onganía, que colaboran en la persecución de todos aquellos que llaman infiltrados por el hecho de sostener posiciones de izquierda, pactan (tal como lo denunció Alfonsín) con los militares del Proceso la transición hacia la democracia. Se alían con el menemismo al que le permiten destruir gran parte de las conquistas logradas por el mocimiento obrero y el remate del patrimonio nacional. Los dirigentes "obreros" enquistados en el poder desde hace décadas devisnen empresarios en las mismas ramas de actividad en las que dicen defender los intereses de los trabajadores y son cómp0lices de la terciarización como forma de mantener los salarios deprimidos.
 
Y como si eso fuera poco mandan a sus barras armadas a atacar militantes sociales, en una macabra suerte de terciarización de la represión. Lucran y se enriquecen a costa de la salud de sus afiliados, como las últimas investigaciones judiciales demuestran.
 
Así como otras corporaciones han visto disminuido su poder en la última década, caso de los militarias y la Iglesia, la burocracia sindical argentina está cada día más fortalecida a pesar de la pésima imagen que tienen en la mayoría de la sociedad. Esto no puede explicarse si no se entiende su relación con el Estado, sea por acción u omisión.
 
Dentro de este conjunto mafioso de burócratas sindicales no hay buenos y malos como intentan infructuosamente hacernos creer desde ciertas usinas ideológicas. Todos son iguales y tienen los mismos intereses, como lo han demostrado ante la encarcelación de Venegas.
 
Desarmar la burocracia y democratizar el sindicalismo es una de las tareas pendientes de la democracia en la Argentina.