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Sindicalismo vs. sindicalistas
Nadie en su sano juicio puede negar los derechos de los trabajadores a agremiarse libremente y así defender esos derechos y negociar sus sueldos y diversos aspectos que hacen a las condiciones de trabajo.
La historia del sindicalismo está sembrada de sacrificios y de hombres y mujeres que dieron su vida por la dignidad del trabajador y sus conquistas sociales.
Pero también esta rica historia de hombres y mujeres que implementaron un nuevo orden social, al equiparar el valor del trabajo con el valor del capital, fue con los años, como en toda actividad, trastocando muchas veces –demasiadas- sus principios fundantes y generando hechos de corrupción, a medida que los sindicatos adquirían más y más poder. En la Argentina, el General Perón, designó a las 62 organizaciones peronistas, como la columna vertebral del movimiento y así esos sindicatos tomaron un poder político impensado.
Hoy las investigaciones de la justicia sobre el tema de los medicamentos truchos, ha puesto en el tapete a varios dirigentes gremiales, que como los secretarios de la CGT., se han convertido en prestigiosos millonarios, mientras en sus sindicatos hace años que desapareció la verdadera democracia.
Asociados al poder político e incluso a las dictaduras militares, permitieron en la década menemista, la venta o la destrucción de las grandes empresas del Estado, empresas que se suponía ellos debían defender junto a sus trabajadores. Pero rápidamente se amoldaron a la era privatista y entonces compraron o se asociaron a empresas de transporte; empresas de medicina prepaga y por supuesto sin sacar los pies de las obras sociales.
Además ya habían probado su poder al boicotear gobiernos o paralizar el país cuando se les daba la gana, con lo cual sus exigencias siguen creciendo, obviamente que burlándose olímpicamente de las disposiciones de la OIT al respecto, que entre otras tantas cosas dice: “Cuando la legislación nacional garantiza el derecho de huelga, muy a menudo se plantea el problema de determinar si la acción emprendida por los trabajadores constituye una huelga de conformidad con la ley. En general cabe considerar como huelga toda suspensión del trabajo, por breve que sea ésta.
La acción de los trabajadores debe limitarse, sin embargo, a expresar una protesta y no perturbar la tranquilidad pública”.
“El solo hecho de participar en un piquete de huelga y de incitar abierta, pero pacíficamente, a los demás trabajadores a no ocupar sus puestos de trabajo, no puede ser considerada acción ilegítima. Pero es muy diferente cuando el piquete va acompañado de violencia o de obstáculos a la libertad de trabajo por intimación a los no huelguistas, actos que en muchos países son penalizados”.
Claro, esta penalización no existe en la Argentina, donde los gobiernos legitimizan las violaciones a las disposiciones de la OIT., porque la mayoría de las veces son socios, o porque se ponen en papel de víctimas y paran el país. El clan de los Moyanos es casi una enciclopedia sobre el tema.
Muchos recordarán –cuando se hicieron públicas- las mansiones en donde viven los señores de la CGT y la cantidad de vehículos que poseen, pero claro, la defensa de los trabajadores merece esta clase de premios. A propósito, tengo un amigo español que ocupa un alto puesto en los Sindicatos de la Unión Europea y es profesor de matemáticas. Saben cuanto gana como sindicalista, la enorme suma correspondiente a 16 horas cátedra de matemáticas.
Por último, la OIT expresa que para decidir una huelga, la votación debe ser secreta, obviamente para evitar las presiones y democratizar las decisiones; pero en este país a quien carajo le importa la legalidad, si las cosas se consiguen por la fuerza y cuando esa fuerza viene acompañada por su hermana la corrupción; pues así andamos, los dirigentes solo se mueven un poco, para ser senadores o diputados, siempre defendiendo a los obreros claro, mientras el chófer lo espera en su Mercedes Benz, hasta que llega su jefe, molesto y preocupado porque no sabe si por la inflación con su sueldo podrá llegar a fin de mes y que además lo amenazan con el impuesto a las ganancias, igualito, igualito que a los pobres jubilados.
Además ya habían probado su poder al boicotear gobiernos o paralizar el país cuando se les daba la gana, con lo cual sus exigencias siguen creciendo, obviamente que burlándose olímpicamente de las disposiciones de la OIT al respecto, que entre otras tantas cosas dice: “Cuando la legislación nacional garantiza el derecho de huelga, muy a menudo se plantea el problema de determinar si la acción emprendida por los trabajadores constituye una huelga de conformidad con la ley. En general cabe considerar como huelga toda suspensión del trabajo, por breve que sea ésta.
La acción de los trabajadores debe limitarse, sin embargo, a expresar una protesta y no perturbar la tranquilidad pública”.
“El solo hecho de participar en un piquete de huelga y de incitar abierta, pero pacíficamente, a los demás trabajadores a no ocupar sus puestos de trabajo, no puede ser considerada acción ilegítima. Pero es muy diferente cuando el piquete va acompañado de violencia o de obstáculos a la libertad de trabajo por intimación a los no huelguistas, actos que en muchos países son penalizados”.
Claro, esta penalización no existe en la Argentina, donde los gobiernos legitimizan las violaciones a las disposiciones de la OIT., porque la mayoría de las veces son socios, o porque se ponen en papel de víctimas y paran el país. El clan de los Moyanos es casi una enciclopedia sobre el tema.
Muchos recordarán –cuando se hicieron públicas- las mansiones en donde viven los señores de la CGT y la cantidad de vehículos que poseen, pero claro, la defensa de los trabajadores merece esta clase de premios. A propósito, tengo un amigo español que ocupa un alto puesto en los Sindicatos de la Unión Europea y es profesor de matemáticas. Saben cuanto gana como sindicalista, la enorme suma correspondiente a 16 horas cátedra de matemáticas.
Por último, la OIT expresa que para decidir una huelga, la votación debe ser secreta, obviamente para evitar las presiones y democratizar las decisiones; pero en este país a quien carajo le importa la legalidad, si las cosas se consiguen por la fuerza y cuando esa fuerza viene acompañada por su hermana la corrupción; pues así andamos, los dirigentes solo se mueven un poco, para ser senadores o diputados, siempre defendiendo a los obreros claro, mientras el chófer lo espera en su Mercedes Benz, hasta que llega su jefe, molesto y preocupado porque no sabe si por la inflación con su sueldo podrá llegar a fin de mes y que además lo amenazan con el impuesto a las ganancias, igualito, igualito que a los pobres jubilados.