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Néstor, de pesca en el río revuelto de la política argentina
La oposición busca instalarse. Pero lo hace como una confederación de individualidades y no como una alternativa sólida de ideas diferentes a las que imperan en el Gobierno. Mientras el acuerdo de radicales, socialistas y carriotistas parece estallar por los abandonos, pero también por candidaturas de "tapados", el peronismo disidente al que llaman "federal" recurre a las viejas mañas heredadas por el General y se reproducen.
Con el facturero en la mano, los dirigentes políticos nacionales se instalan reclamando por cuestiones del pasado, por dudas a futuro o por malos gestos del presente. Cualquier chispa enciende una fogata. Cualquier viento reaviva las brasas que yacen sobre las cenizas.
Es que en política nada es para siempre, y en esa premisa no reconoce diferencias entre los amores y los odios: siempre hay una segunda oportunidad.
Este espectáculo es lo que la sociedad ve sumida en la confusión y no tiene a qué grupo de ideas aferrarse: o se queda con la imagen o termina optando por su conveniencia personal.
Despegados ya de las ideas que en algún momento determinaron que una persona fuera de uno u otro partido, los “presidenciables”, ahora, se instalan como en un reality show. De allí podremos elegir tal cual lo hicimos tantas veces bajo otros ejes temáticos. Claro que, esta vez, se trata del sistema democrático, y no de un concurso (¿no?) de vanidades, peinados, gestos, frases fuertes, acciones descontroladas o historias personalísimas.
Esta semana, desde la Coalición Cívica desempolvaron viejos rencores y salieron a decir que el radicalismo se equivocó en elegir a Roberto Lavagna, ex ministro de Economía de Kirchner, para competir por la presidencia y vice a la fórmula integrada por Cristina y Cobos. Para Fernando Iglesias, diputado carriotista, obviamente, “esa candidatura la debió ocupar Lilita Carrió”.
En un intento por recular con la carta en la que la chaqueña abandonó el Acuerdo Cívico y Social, sus seguidores se reparten en los programas políticos de la TV explicando que hay que leer párrafos en los que Carrió dice que “nada es definitivo”, “quiero la unidad” y que espera estar “junto” a radicales, socialistas y muchos más en 2011. Claro está, lo que buscó es aparecer. Pero el costo que está pagando es carísimo.
Tras el abandono a los radicales, la polémica y mística dirigente se arrimó a Fernando “Pino” Solanas, quien aprovechó el feriado para aceptar, públicamente, que quiere ser candidato a presidente por un espacio “de centroizquierda”, según él mismo definió en declaraciones que le tomó –con amplio despliegue- el canal cercano al gobierno C5N.
Muchos, vía Twitter, se solazaron de la cercanía de Carrió con el cineasta: “Se confundió con la playa Solanas, de Punta del Este”, tronó el cyberkirchnerismo, con notable capacidad histriónica.
En el peronismo disidente al que han bautizado como “federal” la situación no es menos caótica. Cuando todos daban por sentado que Mauricio Macri era la “nueva figura” capaz de aglutinar a los ex seguidores de Duhalde y de catalizar con los sectores más liberales de la política, le aparecieron competidores en el mismo terreno.
Primero fue Francisco De Narváez quien, luego de instrucciones precisas que al parecer emanaron de la cena entre el CEO de Clarín Héctor Magnetto junto a Eduardo Duhalde, retrocedió hasta territorio bonaerense para peleárselo a Scioli, Moyano o Cristina, a quién el kirnerismo le ponga enfrente.
Esta misma semana, Felipe Solá le puso un freno a quien se autoinstituyó como “jefe” del sector anti k del peronismo, Duhalde, notificándolo que él también quiere serlo. Pero en esa tarea hay unos cuantos, a saber: Alberto Rodríguez Saá, Mario Das Neves, el ya mencionado Macri y el que puede dejar a todos callados: Carlos Alberto Reutemann.
Aquí se mencionó a quien puede ser la clave de las definiciones, aunque quienes aseguran que han podido extirparle alguna afirmación sostienen que el santafecino no quiere, por nada del mundo, aspirar a la presidencia.
“Si es Reutemann, se bajan todos”, afirman solapadamente desde el peronismo federal, sector que –cumpliendo con la premisa que legó El General- se muestra peleando, pero en realidad “se está reproduciendo”.
Las revistas que el kirchnerismo señala como pertenecientes al establishment porfiaron este fin de semana con que el mendocino Ernesto Sanz está bien visto por los empresarios, lo que le socava las posibilidades más a Ricardo Alfonsín que a Julio Cobos. Pero Cobos –además- se vería ensombrecido por su sosías Reutemann.
Ahora, en cuanto si “será pingüino o pingüino”, nadie lo sabra. Sólo uno. Pero, a esta altura y con este panorama, poco importa. El río revuelto le está dando ganancias a Néstor, el pescador.
En un intento por recular con la carta en la que la chaqueña abandonó el Acuerdo Cívico y Social, sus seguidores se reparten en los programas políticos de la TV explicando que hay que leer párrafos en los que Carrió dice que “nada es definitivo”, “quiero la unidad” y que espera estar “junto” a radicales, socialistas y muchos más en 2011. Claro está, lo que buscó es aparecer. Pero el costo que está pagando es carísimo.
Tras el abandono a los radicales, la polémica y mística dirigente se arrimó a Fernando “Pino” Solanas, quien aprovechó el feriado para aceptar, públicamente, que quiere ser candidato a presidente por un espacio “de centroizquierda”, según él mismo definió en declaraciones que le tomó –con amplio despliegue- el canal cercano al gobierno C5N.
Muchos, vía Twitter, se solazaron de la cercanía de Carrió con el cineasta: “Se confundió con la playa Solanas, de Punta del Este”, tronó el cyberkirchnerismo, con notable capacidad histriónica.
En el peronismo disidente al que han bautizado como “federal” la situación no es menos caótica. Cuando todos daban por sentado que Mauricio Macri era la “nueva figura” capaz de aglutinar a los ex seguidores de Duhalde y de catalizar con los sectores más liberales de la política, le aparecieron competidores en el mismo terreno.
Primero fue Francisco De Narváez quien, luego de instrucciones precisas que al parecer emanaron de la cena entre el CEO de Clarín Héctor Magnetto junto a Eduardo Duhalde, retrocedió hasta territorio bonaerense para peleárselo a Scioli, Moyano o Cristina, a quién el kirnerismo le ponga enfrente.
Esta misma semana, Felipe Solá le puso un freno a quien se autoinstituyó como “jefe” del sector anti k del peronismo, Duhalde, notificándolo que él también quiere serlo. Pero en esa tarea hay unos cuantos, a saber: Alberto Rodríguez Saá, Mario Das Neves, el ya mencionado Macri y el que puede dejar a todos callados: Carlos Alberto Reutemann.
Aquí se mencionó a quien puede ser la clave de las definiciones, aunque quienes aseguran que han podido extirparle alguna afirmación sostienen que el santafecino no quiere, por nada del mundo, aspirar a la presidencia.
“Si es Reutemann, se bajan todos”, afirman solapadamente desde el peronismo federal, sector que –cumpliendo con la premisa que legó El General- se muestra peleando, pero en realidad “se está reproduciendo”.
Las revistas que el kirchnerismo señala como pertenecientes al establishment porfiaron este fin de semana con que el mendocino Ernesto Sanz está bien visto por los empresarios, lo que le socava las posibilidades más a Ricardo Alfonsín que a Julio Cobos. Pero Cobos –además- se vería ensombrecido por su sosías Reutemann.
Ahora, en cuanto si “será pingüino o pingüino”, nadie lo sabra. Sólo uno. Pero, a esta altura y con este panorama, poco importa. El río revuelto le está dando ganancias a Néstor, el pescador.