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Urgente: Vendimia e institucionalidad
La agraviante silbatina contra la Reina Nacional de la Vendimia, y la atemorizante presencia de patotas oficialistas en el Acto Central, que lograron entradas sin hacer la cola republicana, son dos marcas negras de la última edición de nuestra fiesta mayor. No son hechos aislados, sino parte de un proceso mayor, de desborde de la organización de este mega evento. La situación ya no da para más, y es urgente, hoy màs que nunca, avanzar en la institucionalización de la fiesta.
Cuando hablamos de “calidad institucional” nos referimos precisamente a esto: la necesidad de construir mecanismos impersonales que funcionan en forma racional y previsible, conforme a reglas claras y conocidas por todos. La idea es que, dentro de esas reglas, se reduzca el margen de discresionalidad para evitar, justamente, las manipulaciones, los caprichos y los abusos de poder, que terminan por irritar al pueblo.
La Fiesta Nacional de la Vendimia de Mendoza es una de las cinco mayores fiestas del mundo. No puede quedar disponible para que un grupo de amigos, entre cuatro paredes, puedan decidir arbitrariamente sobre ella. Y mucho menos puede quedar sujeta a la presión que se ejerza desde fuera de la provincia, sobre todo de nuestros primos tontos de Buenos Aires, con su arrogancia y prepotencia característicos.
Todo esto es lo que ocurrió ahora. Buenos Aires (es decir, la Casa Rosada) presionó para obtener entradas sin formar filas y quizá sin pagar, para las fuerzas de choque del matrimonio presidencial. Como Juan Manuel de Rosas mandaba a los mazoqueros a invadir Mendoza, y como el gobernador bonaeranese del fraude patriótico, Manuel Fresco, enviada a sus matones en los años 30, los Kirchner repiten la operación mandando a sus inefables piqueteros. ¿Cuántas horas hicieron de cola para conseguir entradas? ¿A qué hora se levantaron para estar allí?
Esa operación fue posible porque las entradas se manejan según el antojo del gobierno de turno. Y como éste depende del mandamás de Buenos Aires, fue posible que esas entradas, en vez de ir para los mendocinos, fueran para las patotas. Afortunadamente, éstas no dieron rienda suelta a su violencia en Mendoza. Pero el riesgo existió.
A ello hay que añadir la irregular distribución de las entradas. ¿Por qué tienen que ser entregadas según las conveniencias políticas, en vez de hacerse con visión estratégica y criterios más amplios?
El otro punto negro fue la silbatina contra la Reina Nacional de la Vendimia, ocurrida en la noche de la repetición del Acto Central. Esto es un bochorno. Y las causas se encuentran en la manipulación de la elección: todos sabemos que Santa Rosa es el departamento jaquista, y que desde varios días antes corrían rumores de arreglos para sacar a su candidata como Reina Nacional. La pregunta es: ¿quién vota en las elecciones vendimiales, tanto de los distritos y departamentos, como en hasta la fiesta central? ¿Qué manos negras manejan esos resortes? ¿Por qué dejamos que la corrupción penetre hasta el corazón mismo de nuestra cultura? ¿Por qué no se aplica un sistema transparente e impersonal, donde el gobernador, los intendentes y sus entornos no tengan absolutamente nada que ver, ninguna capacidad de influencia, en el resultado? ¿Por qué no se prestigia la elección, integrando el jurado con miembros probos e insospechables, absolutamente independientes del poder de turno? Allí están los mendocinos laboriosos del mundo del arte, de la solidaridad, de la educación, de la academia, de la ciencia, de la empresa, del trabajo; gentes que en forma silenciosa y eficaz, se han ganado un espacio de prestigio y reconocimiento entre sus pares por los servicios prestados a la comunidad.
La situación no da para más. Es urgente institucionalizar la fiesta. Sacarla de las garras de los gobiernos de turno, y ponerlas en manos de una institución autónoma, algo así como el Instituto Provincial de Vendimia. Este cuerpo tiene que ser tan autónomo del gobierno como una Universidad.
Es indispensable que la Legislatura de Mendoza reconozca que la Fiesta Nacional de la Vendimia es un patrimonio de todos los mendocinos. Se ha construido durante un siglo de historia social. Y no puede entregarse en manos de oportunistas que deseen aprovecharla para su propio beneficio personal; para pagar favores, para comprar voluntades o para manipular a la opinión publica.
El año pasado el problema se produjo por la transmisión de los derechos de televisión y la venta de entradas; ahora se reiteró lo de las entradas, con el agravante de la presencia de las patotas foráneas, y la manipulación de la elección. Se ha llegado al extremo de someter a nuestra Reina Nacional a un abucheo generalizado. ¿Hasta cuándo vamos a esperar? ¿Qué tiene que ocurrir para que nuestra clase dirigente reaccione?
Es preciso recordar que existe en la Legislatura de Mendoza un proyecto de ley para solucionar este problema. Esperemos que nuestros diputados y senadores se pongan a trabajar, con urgencia, para darnos una solución a la altura de las circunstancias.
A ello hay que añadir la irregular distribución de las entradas. ¿Por qué tienen que ser entregadas según las conveniencias políticas, en vez de hacerse con visión estratégica y criterios más amplios?
El otro punto negro fue la silbatina contra la Reina Nacional de la Vendimia, ocurrida en la noche de la repetición del Acto Central. Esto es un bochorno. Y las causas se encuentran en la manipulación de la elección: todos sabemos que Santa Rosa es el departamento jaquista, y que desde varios días antes corrían rumores de arreglos para sacar a su candidata como Reina Nacional. La pregunta es: ¿quién vota en las elecciones vendimiales, tanto de los distritos y departamentos, como en hasta la fiesta central? ¿Qué manos negras manejan esos resortes? ¿Por qué dejamos que la corrupción penetre hasta el corazón mismo de nuestra cultura? ¿Por qué no se aplica un sistema transparente e impersonal, donde el gobernador, los intendentes y sus entornos no tengan absolutamente nada que ver, ninguna capacidad de influencia, en el resultado? ¿Por qué no se prestigia la elección, integrando el jurado con miembros probos e insospechables, absolutamente independientes del poder de turno? Allí están los mendocinos laboriosos del mundo del arte, de la solidaridad, de la educación, de la academia, de la ciencia, de la empresa, del trabajo; gentes que en forma silenciosa y eficaz, se han ganado un espacio de prestigio y reconocimiento entre sus pares por los servicios prestados a la comunidad.
La situación no da para más. Es urgente institucionalizar la fiesta. Sacarla de las garras de los gobiernos de turno, y ponerlas en manos de una institución autónoma, algo así como el Instituto Provincial de Vendimia. Este cuerpo tiene que ser tan autónomo del gobierno como una Universidad.
Es indispensable que la Legislatura de Mendoza reconozca que la Fiesta Nacional de la Vendimia es un patrimonio de todos los mendocinos. Se ha construido durante un siglo de historia social. Y no puede entregarse en manos de oportunistas que deseen aprovecharla para su propio beneficio personal; para pagar favores, para comprar voluntades o para manipular a la opinión publica.
El año pasado el problema se produjo por la transmisión de los derechos de televisión y la venta de entradas; ahora se reiteró lo de las entradas, con el agravante de la presencia de las patotas foráneas, y la manipulación de la elección. Se ha llegado al extremo de someter a nuestra Reina Nacional a un abucheo generalizado. ¿Hasta cuándo vamos a esperar? ¿Qué tiene que ocurrir para que nuestra clase dirigente reaccione?
Es preciso recordar que existe en la Legislatura de Mendoza un proyecto de ley para solucionar este problema. Esperemos que nuestros diputados y senadores se pongan a trabajar, con urgencia, para darnos una solución a la altura de las circunstancias.