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El eje Rosas-Videla-Kirchner


Mirando la historia argentina en su conjunto, llama la atención la continuidad de ciertas tendencias que, a pesar del paso del tiempo, vuelven una y otra vez a instalarse en el poder.

Mientras los países desarrollados y los emergentes avanzados tienden a consolidar las practicas democráticas y republicanas, como medio indispensable para superar la pobreza, la Argentina se empeña en encumbrar lideres autoritarios que alardean de traspasar los límites al poder.

En este sentido, es notable la semejanza entre tres gobernantes fuertes que ha tenido la Argentina en cada uno de los tres siglos en los cuales ha existido: Juan Manuel de Rosas (XIX), Jorge Rafael Videla (XX) y los Kirchner (XXI).

Más allá de los diferentes tiempos, de los contextos nacionales e internacionales en los cuales han ejercido el poder, todos han tenido en común la actitud autoritaria, el  desprecio por la constitución y las leyes, y la demonización del otro.

Rosas impuso el lema “Viva la Santa Federación. Mueran los salvajes unitarios”. Videla llamaba “subversivo” a los que no pensaban como su gobierno. Y para los Kirchner, los que no se someten a su poder son “cuervos”, “golpistas” y “conspiradores”.

Rosas, Videla y Kirchner rechazan los principios de la filosofìa kantiana, en el sentido de considerar al hombre como un fin en si mismo, que merece respeto, más allá de su raza, religión e ideas. Al contrario, estos tres gobernantes gozan con el maltrato, el insulto, el agravio y la descalificación del otro.

Los tres carecen de convicciones democráticas y republicanas. Los foros parlamentarios los fastidian. Rosas se hizo dar Facultades Extraordinarias y la Suma del Poder Público, para reunir en un mismo puño Poder Ejecutivo, Poder Legislativo y Poder Judicial; Videla disolvió el Congreso y lo reemplazó por una ridícula Comisión de Asesoramiento Legislativo (CAL). Y los Kirchner, volviendo al estilo Rosas, hicieron que sus legisladores adictos les cedieran los Superpoderes, para poder gobernar con Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU), a la vez que manipulan la justicia mediante un Concejo de la Magistratura adicto. Muchos legisladores y jueces de estas tres administraciones, son meros peleles del Poder Ejecutivo.

 Las relaciones de la Argentina con el exterior también han tenido un camino paralelo. Rosas maltrató a los uruguayos, y llegó a invadir su país y sitiar la ciudad de Montevideo. Tambièn maltrató a los chilenos residentes en Mendoza, motivo por el cual, el gobierno constitucional de Manuel Bulnes se vio obligado a cerrar las fronteras durante varios años. Algo parecido hizo Videla, al rechazar el resultado del laudo arbitral del Canal de Beagle. La Argentina se había comprometido a respetar ese dictamen, sea cual fuere el resultado, empeñando el honor nacional. Durante más de un siglo, a fuerza de promover y respetar arbitrajes, la Argentina se había posicionado como un país serio en el escenario internacional. Sin embargo, con una decisión insólita, Videla declaró la nulidad del laudo. No solo mancilló el honor nacional, sino que estuvo a punto de mandarnos a una guerra con Chile. Por su parte, los Kirchner han tenido actitudes parecidas. No hemos invadido países limítrofes, pero los hemos perjudicado bastante, rompiendo compromisos anteriores. El corte de los puentes ha causado un fuerte impacto en Uruguay; muchos uruguayos sienten que la Argentina les ha impuesto una suerte de bloqueo, parecido al que EEUU sostiene contra Cuba hace medio siglo. Además, el gobierno K tambièn ha perjudicado a Chile, al cortar unilateralmente el suministro de gas, para el cual se inviertieron 5.000 millones de dólares en gasoductos; a ello se suma el maltrato, los insultos y amenazas de muerte que Guillermo Moreno ha dedicado a gerentes y empresarios chilenos que trabajan e invierten en Buenos Aires.

Los observadores internacionales, impactados por las malas administraciones de estos gobernantes, no ahorraron críticas. Rosas fue severamente cuestionado por Alejandro Dumas, en su libro “La Nueva Troya”, donde se denunciaban sus métodos violentos y sus tendencias autocráticas. La dictadura de Videla fue severamente cuestionada por intelectuales de todo el mundo. Y durante la administraciòn Kirchner, se han levantado voces criticas, como la del escritor uruguayo Benedetti, que denunció intentos de coima como motivo por el cual las celulosas se instalaron en Uruguay y no en Argentina; a ello hay que sumar los recurrentes editoriales de los diarios como El Pais de Madrid, el New Yok Times de EEUU,  la BBC de Londres, y buena parte de los medios de Chile, entre otros.

A pesar de estas críticas, los tres gobernantes argentinos se han mantenido inamovibles en sus actitudes. Para los tres, esas voces responden a campañas antiargentinas, a intereses deleznables, y a grupos que solo pretenden sacar partido de las riquezas nacionales.

El desencuentro con la opinión pública internacional se replica al interior del país. Rosas trató de imponer sus criterios a las demás provincias; cuando un gobernador no acataba sus órdenes, buscaba la forma de derribarlo del poder. Videla hizo exactamente lo mismo: no toleró a los que no pensaban como él; y Kirchner, con otros métodos, apunta en la misma dirección: los gobernadores e intendentes que no se subordinan a su poder, son extorsionados; el presidente les niega acceso a los fondos que legalmente les corresponden para administrar sus territorios. A ello hay que sumar le guerra que ha hecho contra el campo en forma indiscriminada. Tal vez, sea justificable el impuesto o retenciones a la agricultura extensiva, sobre todo la soja. Pero, por un inexplicable error conceptual, Kirchner extendiò este criterio a toda la actividad rural; como resultado, ha castigado a la ganadería de zonas áridas, y ha librado una guerra sin cuartel contra la agricultura intensiva, la agroindustria y los pequeños productores: Argentina es el único país del mundo que cobra impuestos a la exportación industrial, como es el caso del vino.

Dada la actitud agresiva de estos gobernantes contra muchos sectores del pueblo argentino, era esperable que surgiera el descontento. Y para reprimirlo, se organizaron fuerzas especiales. Rosas armó una policía secreta, no oficial pero si oficiosa, llamada “la mazorca”. Sus miembros gozaban de impunidad para agredir a los opositores; en algunos casos llegaban a usar la fuerza, como en el asesinato del presidente de la Suprema Corte de Justicia. Videla organizó un aparato similar, pero con anteojos oscuros y Falcon verde. Y Kirchner ha fortalecido la acción de los piqueteros y sindicalistas violentos, que se sienten dueños de las calles del país, y someten a los ciudadanos argentinos a una desgastante guerra de nervios y fastidio.

La intolerancia y el autoritarismo de estos tres lideres, llevó a muchos argentinos a sentir que era insoportable seguir viviendo en el país. Durante la gestión de Rosas, muchos argentinos se exiliaron en Uruguay, Bolivia, Paraguay y Chile. Entre los más ilustres figuran Sarmiento y Alberdi. En la dictadura de Videla, los exiliados fueron también miles. Y actualmente, en la gestión Kirchner, hay 3.000.000 de argentinos viviendo fuera del país.

La contracara del maltrato dispensado a los disidentes, se encuentra en la generosidad hacia sus amigos y adherentes. Rosas repartió cientos de miles de hectáreas de la pampa húmeda bonaerense entre sus aliados; de esta forma creó la oligarquía latifundista argentina. Videla confiscó bienes de los detenidos-desaparecidos (incluyendo niños), para repartirlos después entre sus conmilitones. Y Kirchner ha puesto en marcha un sistema llamado “capitalismo de amigos”.

A pesar de sus excesos autoritarios, los tres líderes encontraron intelectuales dispuestos a respaldarlos. Rosas tuvo a Pedro De Angelis como soporte para sus proyectos; le brindó todo el respaldo oficial para crecer y publicar su obra, incluyendo los nueve tomos de su colección de documentos. Videla tuvo el apoyo unánime de la Academia Nacional de la Historia para justificar el rechazo al laudo arbitral del Canal de Beagle. Y Kirchner tiene a los intelectuales de Carta Abierta, siempre dispuestos a justificar sus decisiones.

Han cambiado los tiempos. Ya no estamos en un contexto de anarquía y guerra civil como en tiempos de Rosas, ni en la Guerra Fria, como durante Videla. Afortunadamente, los contextos nacional e internacional son mucho más pacíficos y amables. Sin embargo, el actual gobierno mantiene intacta la actitud de sus predecesores: es incapaz de reconocer errores; no tiene voluntad de diálogo; entiende la politica como el acto de imponer la propia voluntad al enemigo.

El problema de fondo en los tres casos, es exactamente el mismo: ni Rosas ni Videla ni Kirchner valoran la democracia y la república. No entienden que no existe la verdad absoluta, como se pensaba durante las monarquías. No han aprendido que no son reyes iluminados por Dios para saber, màs que nadie, cual es la verdad. No han comprendido el sentido de la revolucion francesa ni la revolución de 1810. No admiten que cada ser humano merece ser respetado, màs allà de su raza, religión o ideología; y que el gobernante tiene, como principal deber, asegurar que ninguna de sus ciudadanos sea maltratado. Al contrario, estos tres gobernantes, no solo no nos protegen de ser maltratados, sino que lo hacen ellos mismos o a través de sus partidarios (mazorqueros, represores o piqueteros).

No entienden que tenerlos en el poder, es un sufrimiento insoportable para nosotros. Es como ser hijos de un padre golpeador o maltratador.

Estos tres gobernantes nunca comprendieron que la democracia tiene que ver con los procedimientos. Una vez acordadas las reglas del juego (constitución, leyes), se tienen que respetar. Y el que tiene la mayor responsabilidad de resguardarlas, es el gobernante.

Ni Rosas, ni Videla ni Kirchner entendieron que la democracia implica ejercer el poder con límites. Limites constitucionales y legales. Limites institucionales. Y sobre todo, limites internos: los que cada uno, en la intimidad de su alma, asume por propia voluntad, como aporte a la convivencia pacífica entre los argentinos.