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Goles secuestrados o pueblos degradados
"Ella -la Presidenta- se presenta como heroína del mundo nacional y popular", sostiene Lacoste en esta columna.
La decisión de la presidenta Cristina Kircher, en el sentido de utilizar 600 millones de pesos para financiar la televisación del fútbol, ha sido anunciado ayer, en el marco de un apasionado discurso.
“Mientras a uno solo de los argentinos, le falten cosas básicas, estaremos en deuda”, admitió la presidente, pensando tal vez en los problemas de salud, educación, vivienda y seguridad. Pero, a pesar de eso, justificó el uso de estos dineros para el fútbol. “Hoy es un día histórico para los argentinos, para la posibilidad de vivir en una sociedad más justa y más democrática”, aseguró. Y luego dijo que esta medida era un avance en la “democratización de la sociedad argentina”. Más adelante, con afectado tono dramático, dijo que no podía soportar que los intereses de las corporaciones “secuestren los goles” de la misma manera que “secuestraron a 30.000 argentinos” durante el gobierno militar.
El discurso trataba de justificar la decisión desde la perspectiva de una gran sensibilidad social: ella es generosa; se preocupa por la felicidad de los argentinos. Realmente, ella se presenta como heroína del mundo nacional y popular.
Se puede pensar que la autora de estos discursos, está al frente de un Estado rico; que ha logrado resolver los problemas básicos de la vida de los argentinos. Y una vez resueltos esos problemas, ya se pueda avanzar en otros temas, como el entretenimiento. Un observador externo se inclinaría a pensar justamente así.
Sin embargo, basta observar la realidad argentina, para ver que eso no ocurre. El Estado no es capaz de honrar sus mínimos compromisos. Los docentes cobran salarios miserables; lo mismo sucede a los jubilados. Los proveedores del Estado ven como se atrasan los pagos. Los empresarios pequeños, medianos y grandes, de la leche y el trigo, obligados a vender por debajo de los costos a cambio de la promesa de subsidios, sufren porque esos subsidios llegan tarde, mal y nunca. Además, el Estado reduce el poder adquisitivo de los argentinos, con el impuesto inflacionario. A ello hay que sumar la captura de los fondos que los trabajadores estábamos ahorrando para la futura jubilación…
O sea, el dinero que los trabajadores habíamos ahorrado para, en el futuro, poder comer, lo está usando la señora Kirchner para entretenernos.
¿Cómo podríamos juzgar a un padre de familia que vende la comida de la casa para comprar un plasma?
La situación es realmente asombrosa. El Estado cada vez tiene más problemas para asumir sus compromisos. Con un discurso ideológicamente igual justificó la estatización de Aerolíneas Argentinas, que hoy le cuesta 30 millones de dólares por mes de subsidio, para obtener un servicio caro y malo.
Además, el Estado no puede seguir soportando los subsidios a los servicios públicos; tuvo que admitirlo públicamente, pero la suba escandalosa de las facturas generó tal reacción en el congreso, que el gobierno se vio obligado a hacer marcha atrás, aún sin saber de dónde sacaría los fondos para seguir sosteniendo tarifas bajas. Mientras tanto, las obras públicas se van paralizando en todo el país, y las provincias –por la reduccion de los recursos coparticipables- van ingresando, lentamente, a los números rojos.
El Estado nacional va avanzando, paso a paso, hacia el desfinanciamiento y la incapacidad de hacerse cargo de tantos gastos.
¿Qué hay detrás de esto?
Bueno, hay que decirlo con todas las letras: los Kirchner saben que se van pronto del poder. Y quieren que su gobierno sea recordado como un periodo de bonanza, en el cual, gracias a su sensibilidad social, los argentinos vivimos bien; tenemos carne buena y barata; y buen fútbol, gratis.
De esto se trata el problema. Los argentinos tenemos el lujo de tener uno de los cuatro torneos más competitivos del mundo. Lejos, muy lejos estamos del resto de América Latina. En el futbol argentino participan muchos jugadores de selecciones de los países vecinos. Es un fútbol caro, pues competimos con las grandes ligas del mundo por los jugadores mejores y más caros. Por ese motivo, los clubes están todos fundidos. Y por ese motivo, se necesitan más recursos. Esa es la causa por la cual el futbol por TV es pagado: es la forma que tienen la AFA y los clubes para financiar un torneo tan competitivo y de altos costos. Pero se produjo una inconsistencia entre los ingresos del fútbol, (incluyendo el aporte de la TV) y sus altos costos.
El alto nivel y los bajos costos del fútbol de primera división que tenemos el lujo de tener en Argentina, tiene el mismo perfil que la carne. Nosotros accedemos a la mejor carne del mundo, a un precio ridículamente bajo.
Un país no puede darse el lujo de tener la mejor carne del mundo y uno de los cuatro mejores fútbol del mundo, en forma gratuita. Alguien paga eso. ¿Y quien lo paga?
El lujo que nos damos de comer la mejor carne del mundo, lo pagan los ganaderos pobres que tratan de mantener viva la ganadería de zonas áridas, una de las pocas actividades económicas que se pueden realizar en regiones pobres del país, como por ejemplo, los departamentos del este de la provincia de Mendoza. Cuando el gobierno K dispuso las restricciones a la exportación de carnes de la pampa húmeda, y obligó a los ganaderos ricos a volcar sus carnes al mercado interno y dictó la sentencia de muerte para la ganadería pobre de zonas áridas. Esos mendocinos pagaron el costo.
Y este nuevo lujo, de ver por TV gratis uno de los cuatro mejores torneos de fútbol del mundo, tiene también su costo: lo van a pagar los maestros, los jubilados y los enfermeros que van a tener menos sueldos; y todos los argentinos, con el impuesto inflacionario; y nuestros futuros jubilados, porque esos ahorros se están usando ahora, precisamente, para darnos este lujo.
Es notable la diferencia de los K con los grandes estadistas de la región, como Ricardo Lagos.
Durante su gestión, Chile usó los fondos de jubilación para construir 1.500 kilómetros de carretera de doble vía. Uno recorre esos caminos y ve los carteles: “con sus ahorros se financió esta autopista; mañana, esta autopista financiará su jubilación”.
Con el mismo dinero, ambos gobernantes hicieron lo opuesto: Lagos construyó infraestructura para el desarrollo de su país. Cristina evitó el secuestro de los goles.
En Chile, los que desean ver fútbol en directo, pagan. Pero tienen los 1500 kilómetros de carreteras terminados y ya están en marcha la construcción de 500 km más. En Argentina, todavía no hacemos ni el 20% de doble vía en los 1.100 km de carretera de Buenos Aires a Mendoza; y llevamos casi una década para terminar la doble vía a Tunuyán. Pero, eso sí, hemos democratizado el fútbol.
La reflexión final es muy clara: la Argentina tuvo su época de oro hace cien años, cuando los inmigrantes trabajaban con esfuerzo, apostando al futuro. Trabajaban y trabajaban, postergando la satisfacción, por amor a sus hijos, soñando con sus estudios y su progreso. Esa era la Argentina de Sarmiento y Emilio Civit. Era el país que estaba entre los diez mejores del mundo.
Ahora estamos en la Argentina de la decadencia, que hipoteca el futuro, a cambio del placer de un buen asado y un entretenido partido.
Ayer, los emperadores degradaron al pueblo de Roma con pan y circo.
Hoy, los gobernantes K degradan al pueblo argentino con asado y fútbol.
O sea, el dinero que los trabajadores habíamos ahorrado para, en el futuro, poder comer, lo está usando la señora Kirchner para entretenernos.
¿Cómo podríamos juzgar a un padre de familia que vende la comida de la casa para comprar un plasma?
La situación es realmente asombrosa. El Estado cada vez tiene más problemas para asumir sus compromisos. Con un discurso ideológicamente igual justificó la estatización de Aerolíneas Argentinas, que hoy le cuesta 30 millones de dólares por mes de subsidio, para obtener un servicio caro y malo.
Además, el Estado no puede seguir soportando los subsidios a los servicios públicos; tuvo que admitirlo públicamente, pero la suba escandalosa de las facturas generó tal reacción en el congreso, que el gobierno se vio obligado a hacer marcha atrás, aún sin saber de dónde sacaría los fondos para seguir sosteniendo tarifas bajas. Mientras tanto, las obras públicas se van paralizando en todo el país, y las provincias –por la reduccion de los recursos coparticipables- van ingresando, lentamente, a los números rojos.
El Estado nacional va avanzando, paso a paso, hacia el desfinanciamiento y la incapacidad de hacerse cargo de tantos gastos.
¿Qué hay detrás de esto?
Bueno, hay que decirlo con todas las letras: los Kirchner saben que se van pronto del poder. Y quieren que su gobierno sea recordado como un periodo de bonanza, en el cual, gracias a su sensibilidad social, los argentinos vivimos bien; tenemos carne buena y barata; y buen fútbol, gratis.
De esto se trata el problema. Los argentinos tenemos el lujo de tener uno de los cuatro torneos más competitivos del mundo. Lejos, muy lejos estamos del resto de América Latina. En el futbol argentino participan muchos jugadores de selecciones de los países vecinos. Es un fútbol caro, pues competimos con las grandes ligas del mundo por los jugadores mejores y más caros. Por ese motivo, los clubes están todos fundidos. Y por ese motivo, se necesitan más recursos. Esa es la causa por la cual el futbol por TV es pagado: es la forma que tienen la AFA y los clubes para financiar un torneo tan competitivo y de altos costos. Pero se produjo una inconsistencia entre los ingresos del fútbol, (incluyendo el aporte de la TV) y sus altos costos.
El alto nivel y los bajos costos del fútbol de primera división que tenemos el lujo de tener en Argentina, tiene el mismo perfil que la carne. Nosotros accedemos a la mejor carne del mundo, a un precio ridículamente bajo.
Un país no puede darse el lujo de tener la mejor carne del mundo y uno de los cuatro mejores fútbol del mundo, en forma gratuita. Alguien paga eso. ¿Y quien lo paga?
El lujo que nos damos de comer la mejor carne del mundo, lo pagan los ganaderos pobres que tratan de mantener viva la ganadería de zonas áridas, una de las pocas actividades económicas que se pueden realizar en regiones pobres del país, como por ejemplo, los departamentos del este de la provincia de Mendoza. Cuando el gobierno K dispuso las restricciones a la exportación de carnes de la pampa húmeda, y obligó a los ganaderos ricos a volcar sus carnes al mercado interno y dictó la sentencia de muerte para la ganadería pobre de zonas áridas. Esos mendocinos pagaron el costo.
Y este nuevo lujo, de ver por TV gratis uno de los cuatro mejores torneos de fútbol del mundo, tiene también su costo: lo van a pagar los maestros, los jubilados y los enfermeros que van a tener menos sueldos; y todos los argentinos, con el impuesto inflacionario; y nuestros futuros jubilados, porque esos ahorros se están usando ahora, precisamente, para darnos este lujo.
Es notable la diferencia de los K con los grandes estadistas de la región, como Ricardo Lagos.
Durante su gestión, Chile usó los fondos de jubilación para construir 1.500 kilómetros de carretera de doble vía. Uno recorre esos caminos y ve los carteles: “con sus ahorros se financió esta autopista; mañana, esta autopista financiará su jubilación”.
Con el mismo dinero, ambos gobernantes hicieron lo opuesto: Lagos construyó infraestructura para el desarrollo de su país. Cristina evitó el secuestro de los goles.
En Chile, los que desean ver fútbol en directo, pagan. Pero tienen los 1500 kilómetros de carreteras terminados y ya están en marcha la construcción de 500 km más. En Argentina, todavía no hacemos ni el 20% de doble vía en los 1.100 km de carretera de Buenos Aires a Mendoza; y llevamos casi una década para terminar la doble vía a Tunuyán. Pero, eso sí, hemos democratizado el fútbol.
La reflexión final es muy clara: la Argentina tuvo su época de oro hace cien años, cuando los inmigrantes trabajaban con esfuerzo, apostando al futuro. Trabajaban y trabajaban, postergando la satisfacción, por amor a sus hijos, soñando con sus estudios y su progreso. Esa era la Argentina de Sarmiento y Emilio Civit. Era el país que estaba entre los diez mejores del mundo.
Ahora estamos en la Argentina de la decadencia, que hipoteca el futuro, a cambio del placer de un buen asado y un entretenido partido.
Ayer, los emperadores degradaron al pueblo de Roma con pan y circo.
Hoy, los gobernantes K degradan al pueblo argentino con asado y fútbol.