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Néstor Kirchner da órdenes, la realidad no lo obedece

Con el imperativo de la unidad del PJ para vencer a Cobos, en Mendoza cada cual empieza a atender su juego. El desplante a Alberto Fernández, las dudas de Bermejo, las intenciones de Félix y de Mazzón, la búsqueda de díscolos y el rol de Fayad en una interna aún más complicada que la del peronismo.

Como una ratificación de lo que en las próximas elecciones Mendoza implica para el kirchnerismo, la semana se ha visto plagada de sucesos y anécdotas en las que resalta la obstinada presión que desde Buenos Aires se aplica para ganar sí o sí en estas tierras.

Claro, la única manera de hacerlo es fortaleciendo y dinamizando una gestión averiada como la de Celso Jaque, una tarea cuyos acuerdos alcanzados garantiza un todavía ambicioso e incierto plan de obras aún en ciernes. Ahora hace falta dotar de manejo político a esa inmensa posibilidad que significa administrar una provincia tan simbólica como Mendoza en esta ocasión, para así alcanzar el objetivo de retener el distrito y derrotar nuevamente a Julio Cobos en octubre.

Néstor baja línea. Sin dudas que el desafío no es menor, y en Buenos Aires lo saben. La reunión que mantuvieron el gobernador Jaque y un puñado de intendentes peronistas con el ex presidente Néstor Kirchner, no fue más que una nueva arenga y una jornada de adoctrinamiento, que entienden necesario a la hora de templar el espíritu como para dar la batalla.

De allí surgieron algunos futuros ejes de campaña de los que se destaca la idea de unidad, casi como un imperativo de abroquelamiento a fin de evitar más fugas y deserciones como las que el oficialismo viene padeciendo en los últimos días.

Sin embargo, ese llamamiento a la unidad parece estar en la realidad demasiado lejos de lo que se pretende como punto imprescindible de construcción política. La mejor prueba de ello la dio el ex jefe de Gabinete Alberto Fernández quien desembarcó en Mendoza con el discurso de seguir dando aire a la Concertación como soporte kirchnerista, pero que sin embargo sufrió el desconocimiento olímpico por parte del Gobierno.

Alberto busca aliados. Tal desaire, tal desprecio no se entiende entre quienes dicen sostener el mismo modelo nacional. Aunque las explicaciones tal vez se encuentren en la historia. Fernández fue uno de los principales impulsores de la gestación de los radicales K y mantuvo –todo el tiempo- un fluido vínculo con Julio Cobos. El jaquismo no le perdona haberse inclinado por César Biffi en las elecciones del 2007 y para rematar con apatía a quien hoy parece caído en desgracia, soltaron en las últimas horas: “Alberto dice que está construyendo para Kirchner, pero en realidad lo hace para él. Busca posicionarse desde el propio mundo K como una continuación más prolija que sus jefes…”.

Para ratificar que ni para Kirchner ni para Jaque, Fernández es un interlocutor válido, mientras el ex hombre fuerte se paseaba en Mendoza, el gobernador se reunía con el coordinador de la Unidad Presidencial, Rafael Follonier. Una de las cosas que el gobernador le pidió al operador cristinista es que pongan en caja a los muchachos de Libres del Sur y otras agrupaciones K que estaban organizando una silbatina para el gobernador en Vendimia.

Más acá, la idea de unidad que nadie duda que el peronismo alcanzará como lo ha hecho históricamente, choca con algunos reparos que por vía de las especulaciones de sus actores, o por la imposibilidad del contexto, dificultarán la tarea.

Adolfo duda. El principal dubitativo es el propio Adolfo Bermejo. El intendente de Maipú siente que sus aspiraciones y sus ansias lo han puesto en un lugar incómodo del cual es muy difícil salir. Sus ganas de acceder a una senaduría nacional lo están haciendo reflexionar sobre sus chances ciertas como candidato de la mano de Jaque si el oficialismo no logra revertir lo que tanto las encuestas como el humor social expresan cada día.

El maipucino se pregunta a sí mismo cómo será su futuro, que imagina con intenciones de gobernador, si el PJ pierde en octubre. Cumplirá su destino de ser senador nacional pero será el responsable de la derrota justicialista, lo cual –automáticamente- lo dejará fuera de carrera para el 2011.

Rubén está tranquilo. Mejor posicionado, sea cual sea el resultado del oficialismo, está su socio Rubén Miranda, quien sólo aspira a la presidencia partidaria y a seguir administrando Las Heras. Una elegante manera de preservarse y ya con todas las cartas ver qué pasa dentro de dos años.

Este eje, Bermejo-Miranda es uno de los tantos reaseguros del jaquismo. Creen que las administraciones comunales de Maipú, Las Heras, y suman en este esquema a las de Guaymallén y San Rafael, serán la gran fortaleza del PJ en octubre. Por más que puertas adentro no todo lo que reluce es oro.

Omar va por más. En el gobierno estiman, además, que la avanzada de Omar Félix no sólo es la disputa de poder partidario, sino también la alternativa de institucionalizar un proceso del que -sospechan- tiene el aval en las sombras del propio José Luis Manzano, en lo que entienden es la cabecera de playa de un proyecto de poder que pretende ir por todo, incluso el jaquismo.

El intendente de San Rafael ha manifestado sus intenciones de dar la pelea interna, e incluso dijo contar para ello con el banque de su par de Guaymallén, Alejandro Abraham. En el Ejecutivo en un primer momento creyeron que se trataba de una típica maniobra de mostrar las uñas para luego arreglar, pero hoy consideran que hay mucho más que eso detrás de esa expresión de deseo.

A la caza de Guillermo y Enrique. El llamamiento a la unidad incluye también tentar a los díscolos que vía Concertación abandonaron el barco del PJ. Entre ellos, y principalmente, cuentan a Guillermo Amstutz y Enrique Thomas. Creen que al primero pueden seducirlo asegurándole su reelección en la Legislatura, mientras que lo de Thomas parecería casi una misión imposible.

El diputado nacional no sólo quiere seguir jugando con Cobos, sino que también se ha convertido en una pieza clave del armado del bonaerense Felipe Solá, hoy acérrimo rival del kirchnerismo. El ex candidato a vicegobernador de la Concertación asegura que de ninguna manera formará parte de una estructura comandada por Kirchner y referenciada en Mendoza con Jaque.

En menor medida, también les interesa traer otra vez al redil peronista a figuras como Jorge Pardal y Francisco Chiqui García. Pero saben que por razones diversas, ello puede ser más complicado, aunque el interés sea más vinculado a lo emblemático –ya que también jugaron con Cobos- que al peso específico que puedan aportar sus reincorporaciones.

Celso también se anota. En el medio de tanta precariedad, el propio jaquismo también entiende que ésta es la instancia para construir su propio poder. Sabe que si logra triunfar en octubre el horizonte futuro es infinito, pero que si no traspasa ese umbral, los propios y los extraños le comerán las vísceras.

En primer lugar apuntan al factótum del gobernador, el Chueco Juan Carlos Mazzón. En charlas de gabinete se desliza que el rol de representación política ante la Casa Rosada que hoy cumple el operador, lo debe ejercer el propio gobernador. Mucho más, si –como creen- los hilos del Chueco están alentando la interna a través de Bermejo.

Mis enemigos son los mejores amigos. Paradójicamente, los radicales son los únicos que pueden salvar a Jaque. Su gran esperanza es el descalabro actual de la entente radical-cobista. Un mundo aparte en el que los operadores se rompen la cabeza para encontrar una fórmula que contente a todos y permita ir juntos a una elección que también juzgan como trascendental.

Mientras eso sucede, las alquimias dibujan desde sucesiones de internas por partido y luego generales, casi al estilo estadounidense, hasta una gran convocatoria que incluya a todos los interesados. Tampoco descartan fórmulas de mayor o menor consenso que incluyen todo tipo de variantes.

En el medio, el Viti. El jaquismo alimenta todas las peleas y todas las confusiones radicales. Incluso, le da aire al capitalino Víctor Fayad como una manera de jugar en una interna de por sí más compleja que la del peronismo. El encuentro para “trabajos conjuntos” de días atrás y la presencia del gobernador en la Vendimia de Capital dan cuenta de un vínculo de dos extremos que por diversa razón se necesitan.

Un operador del intendente confesó que su jefe tiene intenciones de ser la llave que destrabe la interna de su partido, pero que este no es el momento. Al parecer, el Viti descree de su rol de árbitro, pero sí estima que puede ser un constructor más eficaz que lo que hasta el momento han mostrado sus correligionarios. Pero claro, esto es otra discusión, ya que más que solucionar, puede incluso complicar aún más el panorama radical.

A ello también apunta Jaque. Los caminos de la unidad, a veces, son por demás intrincados.