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El aislamiento de Cristina, la crispación permanente y esa pasión por decir "todos"

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner siempre les habla a "todos", pide el esfuerzo de "todos", esgrime el acompañamiento de "todos". Pero en su discurso sobre los beneficios al campo, nadie del sector la acompañó y aprovechó para gastar más tiempo en "facturarles" la medida que para construir una política de Estado en la materia.

En el discurso pronunciado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner durante la firma de convenios que incluían medidas para el campo, la mandataria dedicó tan sólo una oración del mensaje al anuncio concreto de la emergencia agropecuaria para cuatro provincias, pero subrayó que las responsabilidades de sacar al país adelante son de todos.

El resto del tiempo dedicado al campo lo utilizó para “facturarle” a los productores, a sus dirigentes y a sus gobernadores esta decisión.

Sin embargo, gastó 374 palabras de su discurso para aclarar por qué no estuvo en la asunción de Obama, cuando ya se sabe que ningún jefe de Estado es invitado jamás a ese tipo de actos. El resto del breve mensaje estuvo dedicado a “Daniel”, tal como llamó al gobernador bonaerense Scioli, refiriéndose a un plan de construcción de viviendas. Así lo refleja la página oficial de discursos de la Casa Rosada, la que, dicho sea de paso, no contiene el párrafo dedicado a los anuncios de la emergencia agrícola.

Hubo algo más este lunes en Olivos: el vacío generado por la notoria ausencia en el lugar de los implicados en el anuncio, los dirigentes del campo.

La soledad presidencial, apuntalada sólo por quienes saben que tienen que ir sí o sí a este tipo de actividades (vale decir, los gobernadores afines), resultó impactante y, posiblemente, resulte en lo sucesivo reveladora.

Cristina no fue humilde –aun, después de su derrota frente a las protestas del campo iniciadas hace casi un año- y ni siquiera habló desde la estatura que le otorga el rol que ocupa en la vida política e institucional argentina. Lo hizo poniéndose por debajo de la dirigencia del campo, exagerando los beneficios de una medida que tan solo posterga por unos meses, hasta fin de año, el pago de impuestos a gente que, en general, está quebrada.

Pero si hay una palabra que fue usada en el mensaje y a la echa mano en forma frenética en los discursos presidenciales esa es “todos”. El término, denota una fuerte ambición abarcativa y, posiblemente, el convencimiento de que llega a las mayorías y de que ellas la comprenden y acompañan.

“Hay que saber –dijo en este último discurso- que todos los sectores están involucrados en la suerte de un gobierno, ya que si al gobierno le va mal le irá mal a todos los argentinos", y añadió que en este momento "más que nunca se requiere un gran esfuerzo y compromiso con todos los argentinos y con los intereses del país".

Reclamó la ayuda "de todos, desde el sector donde esté", y que tengan "una gran dosis de patriotismo por el esfuerzo de todos los argentinos".

La presidenta explicó que con esta medida "el Gobierno percibe menos recursos" y sostuvo que "es un esfuerzo muy grande de la sociedad argentina", ya que "todo el resto de los sectores económicos sigue tributando de la misma manera".

Lo que no pudo, supo o quiso desgajar de su “todismo” es que, en realidad, no hay tanta equidad impositiva en el país ni las cargas de la crisis son compartidas de una forma equivalente por las diferentes áreas que componen la economía del país.

¿Es lo mismo pasar el vencimiento de un impuesto de marzo a diciembre que sostener un tipo de cambio que favorece solo a los sectores industriales protegidos?

¿Costó tanto decidir estas medidas y tan poco avanzar en la moratoria y el blanqueo de capitales?

No es igual, indudablemente, que un productor del campo deba comprar, por ejemplo, plaguicidas importados a valor dólar y exportar sufriendo las retenciones que ello involucra. Como es bastante diferente la realidad de un sector, como el de los fabricantes de bienes de consumo, que aprovecha, en el mayor de los silencios, los beneficios de un dólar que vale más para ellos y cuya producción, en definitiva, termina siendo subsidiada por la gente, por los consumidores.

En definitiva, “todos” es la palabra que más ha pronunciado la presidenta en sus discursos, desde que asumió el cargo: 3.135 veces.

Pero, como vimos con este anuncio, una vez la vocación no es integradora, sino todo lo contrario. La vendetta, el pase de facturas, la diferenciación entre “nosotros” y “ellos” siguen generando crispación y enfrentamientos estériles en cada uno de quienes escuchamos, vemos o leemos las palabras presidenciales.