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Presente (complicado) y futuro (impredecible) de Julio Cobos




“Que ahora no hable”, aconsejó un dirigente del radicalismo clásico bonaerense, medio en sorna, pero mucho en serio, con la esperanza de que el vicepresidente Julio Cobos logre transformarse en un catalizador de la oposición y, así, lograr el ansiado abrazo entre unos y otros radicales.

El “que no hable” se escuchó en muchas ocasiones, por lo bajo, pero siempre después del acto que catapultó al mendocino a convertirse en –según la estimación que hizo ante MDZ el historiador José Ignacio García Hamilton- “el vicepresidente más popular de la historia argentina”.

El temor a que Cobos “meta la pata” o espante a sus seguidores está latente en sus seguidores, pero también en muchos referentes de la oposición que, sin seguirlo a ciegas, caminan a la par en estos momentos de éxito, atentos a cualquier gesto o además que produzca para así poder ser los primeros en aplaudir o reprochar.

Sucede algo que debe expresarse en palabras y no sólo aguardar en gestos: la política se construye con ideas, fundamentalmente; pero como materiales de construcción sirven de mucho algunos materiales como suerte, sagacidad, ingenio, sentido de la oportunidad y tiempismo o timing (saber cuándo hacer las cosas).

Él mismo se refiere a su forma de ser y actuar tiñéndolo todo con el título de ingeniero civil que obtuvo en la universidad: pragmatismo y rapidez para tomar decisiones; sentido común y pocas vueltas para emitir un concepto. Y eso le alcanza para convertirse en prócer.

Cobos esconde para sí y sus muy íntimos qué piensa. Y alrededor se teje toda una trama de posibilidades. Aquí va una: resulta que Alberto Fernández renuncia y deja un par de frases impactantes al hacerlo: palabras más, palabras menos, dijo: “No tenía nada que aportar al gobierno” y “Me costaba sostener mi pensamiento”.

A partir de esto, algunos andan tejiendo una teoría que sería la siguiente: Alberto Fernández estaría armando un grupo político alternativo a la hegemonía “K”, junto a su mujer Vilma Ibarra y a Graciela Ocaña. En una primera instancia, Alberto F. se centrará en la unificación del PJ de Capital Federal y luego irá por más, para lo cual, y aquí viene la novedad, está charlando con Cobos, pues no quiere, justamente, otra propuesta “K”. Naturalmente, tal versión es rechazada por los protagonistas. Y nada sabremos de ella a menos que tal acercamiento, con el tiempo, se produzca.

Este es el hoy por hoy del panorama de Julio Cobos: complicado e impredecible.

Detengámonos en ese panorama:

Para la tropa propia

: Los “cobistas” lo son por varios motivos: por convencimiento, porque tienen algunas ideas en común, porque les conviene o porque no se ven militando o bien no los reciben en otro lado. Cobos los une. Junta radicales con peronistas, amigos de la infancia y del Liceo y compañeros de ruta que nada tuvieron ni tienen que ver con la política. Estas últimas categorías de “cobistas” son los más fieles, ya que mucho no les importó nunca qué pensara Cobos: son incondicionales. A los otros, a los que vienen de militar en política, les importa un poco más. Pero a poco de conocer al “líder”, se acostumbraron a festejarle cada una de sus ocurrencias y posiciones, a sabiendas de que el laboratorio social promedio de los mendocinos las aprueba a rabiar. Cobos sintoniza con el “mendocino tipo” y eso es demasiado en política en Mendoza. Sus seguidores están atentos a qué hará o dirá, aunque poco pueden incidir en ello; salvo, sus hijos, su esposa o su hermana. Por ello, un cosquilleo en la boca del estómago acompaña a los “cobistas” en su tarea militante y es producido por la incógnita acerca de lo que vendrá.

Para el gobierno y el partido oficialista

: Un ex funcionario de Cobos en Mendoza trató de explicarlo recientemente. “El Julio es como la Coca Cola: es así. No hay que buscarle más vueltas porque no las tiene”. El peronismo, pero por sobre todo el peronismo que está a ahora en el poder, todo lo ve con cristales de los años 70 y tiene muchas vueltas, claro. Todo lo analiza con la lógica de la ciencia política. Lo que no sabe este peronismo –o bien, empieza a conocer ahora- es que las herramientas típicas que nos legaron los cientistas políticos no caben para auscultar en el quehacer político del vicepresidente. Fracasaron al aplicar esa lógica: lo vieron como un tipo dócil que “acompañaba el movimiento” y no lo era; pensaron que se había constituido en “un traidor que construye su propio espacio”, pero tampoco lo es. ¿Qué es Julio Cobos para el peronismo K? Eso quieren escuchar de su propia boca tanto Cristina como Néstor, una vez más, ya que sus interlocutores, según su origen o intenciones, lo explica de una manera diferente.

Para la oposición

: Cobos quitó de cuajo a la oposición de la agenda mediática y política argentina. Lo hizo con un solo acto: su “voto no positivo”, transmitido en directo y en vivo a todo el país por la madrugada de un día laborable y emitido con el corazón en la mano. Esa misma oposición se debate entre atacarlo y enfrentarse así a una sociedad que varios días después lo sigue honrando como un santo popular o callarse, siguiendo el consejo del padre de todos los políticos argentinos, Perón, quien aconsejó, para casos como éste, “desensillar hasta que aclare”, tomando para sí un refrán campestre.

Para los adherentes espontáneos que ven en él un nuevo liderazgo

: Los nuevos referentes, aquellos que consiguieron existir mediática o socialmente a raíz del conflicto del campo, ponen en juego sus cuatro meses de gloria y no saben si apostárselo a un hombre al que quieren y al que le agradecen su ayuda para que las retenciones terminaran siendo un fracaso del gobierno. Pero que sufren de acidez estomacal cada vez que él mismo recuerda que le pidió perdón antes de votar a la presidenta y que sigue siendo parte de este gobierno.

Para los radicales

: Que si, que no, el radicalismo clásico, tradicional u ortodoxo está en un brete: Cobos y muchos de sus seguidores quieren volver a unirse bajo los auspicios de la boina blanca, pero la UCR lo expulsó. La UCR ahora le gustaría que volviera, pero le cuesta –tan principista que se dice– dar marcha atrás sobre sus pasos. Mientras tanto, sin que se note, claro, vampiriza el “efecto Cobos”, como si fuera lo que es: un “efecto radical”, un “efecto UCR ejercitando democráticamente el poder”.

La cuestión de fondo es que en la vieja política se subestima a Julio Cobos. Mirándose el ombligo, creen que sólo puede surgir un nuevo liderazgo en la Argentina desde sus propias entrañas y no como intenta el vicepresidente. De hecho, la historia les da la razón a la vieja política y los viejos políticos.

Cobos es otra cosa. “¡No hay de dónde agarrarlo!”, graficó un periodista porteño que le buscaba, cuál tazón contenedor de algún guiso de la política, un asa a la izquierda o a la derecha.

Ahora, desembarca en Buenos Aires después de haber regresado a su tierra como dando una vuelta olímpica por la Pampa Húmeda. Le tiraron papelitos a su paso; la gente registró en videos que luego subió a YouTube y su casa se transformó en un santuario de visita obligada. Cobos vuele a la gran ciudad y todos esperan que hable. Al mismo tiempo, todos tienen miedo de que los defraude.

Veamos:

Desde el oficialismo: tienen miedo de que “se vuelva a cortar solo” y haga “rancho aparte”, teniendo en cuenta que su nivel de popularidad trepa por encima del 70 por ciento y su compañera de fórmula no pasa el 30 por ciento.

Desde la nueva oposición espontánea que lo sigue:  hay miedo de que se vuelva mostrar junto a la Presidenta y ratifique su rol de segundo. Así Cristina recibiría –como en un dibujo animado japonés- los poderes acumulados por este personaje que se ha vuelto personalidad.

Desde la vieja oposición: el temor cunde por los mismos motivos. Si Cobos ratifica su “independencia”, ellos desaparecen. Si se muestra nuevamente junto a la presidenta, también pierden, porque ellos no han logrado articularse con la solidez necesaria para competir con ambos, con Cristina y con Cobos.

Esta semana, de nuevo, Cobos concentra sobre su rostro todos los reflectores. Y puede pasar cualquier cosa. Cualquiera sea la actitud que tome en Buenos Aires, Cobos ya consiguió un recuadro en los libros de historia del futuro. Resta, como él mismo lo pidió, conocer cuál será su juicio. Y eso dependerá de lo que haga y diga, de ahora en más, el propio y enigmático Julio Cobos.

Tal vez, sólo sea cuestión de preguntarle a las vecinas que limpian la vereda: seguramente Julio Cobos y ellas coinciden en sus reflexiones.