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Ciurca, feliz: en la Legislatura lo controla un hombre del oficialismo

El presidente de la Bicameral de Seguridad es el justicialista Hugo Morales, aliado del intendente Félix, quien el sábado anunció su alianza con Jaque. Esta situación es inédita para la política de estado en seguridad. Además, la Bicameral está casi desactivada: no sale a controlar y los funcionarios faltan a las reuniones.

Carlos Ciurca tiene un problema menos del cual preocuparse. La comisión Bicameral de Seguridad de la Legislatura, principal órgano de control de la política de Estado contra el delito, casi no funciona. Y su presidente difícilmente lo incomode en su gestión: se trata de Hugo Morales, un peronista de la línea de Omar Chafí Félix, quien cerró el sábado una esperada alianza política con el gobernador Celso Jaque.

La situación es prácticamente inédita. Desde que fue lanzada la política de estado en seguridad, la Bicameral nunca tuvo un presidente oficialista, o casi, como lo es Morales. En ese lugar siempre hubo un legislador de la oposición, condición que  se cumplió para no desvirtuar la labor de control.

Lo peor de todo es que en la Legislatura nadie mueve un dedo por renovar las autoridades. La semana pasada propuso discutir el tema uno de sus miembros, pero el resto, tanto los del oficialismo como los de la oposición, pidieron que esto se dejara para otra ocasión.

La desidia reinante sirve de excusa perfecta para el presidente actual: “Yo nunca pedí estar acá. Entré para esta un tiempo como presidente y me quedé porque nadie se propuso para el cargo. Se está dando una situación inusual, que es que no hay candidatos para la presidencia”, confesó esta tarde Morales. Sólo queda agregar para completar el cuadro que la Bicameral de Seguridad es la única comisión legislativa que no renovó autoridades a principios de este mes.

Bicamerales eran las de antes

El paupérrimo estado actual del órgano de control legislativo agranda la figura de otras bicamerales del pasado, que tuvieron un fuerte protagonismo en la política de estado en seguridad. La más recordada es, sin duda, la “dupla” que armaron el peronista Daniel Cassia y el demócrata José Álvarez, a quienes muchas veces los acusaron de mediáticos, pero que siempre procuraron estar en la línea de fuego: iban a las comisarías, se reunían con todo el mundo, revisaban y opinaban sobre todas las leyes y no dejaban una semana sin visitar la cárcel.

El panorama hoy es muy distinto. En las últimas reuniones ordinarias de la Bicameral (se realizan los martes) ni siquiera estuvieron todos sus miembros. El ministro Ciurca fue una sola vez e hizo poco más que saludar y charlar con los legisladores. Y aunque no haya una bajada de línea concreta en este sentido por parte de Jaque, nadie se juega por meterle presión al Gobierno.

“Sólo tenemos reuniones de camaradería con algunos funcionarios y los consultamos sobre algunos proyectos”, se lamentó ante este diario uno de los legisladores de la Bicameral. Del control de la suprema ley de emergencia en seguridad, que le permite al gobierno de Jaque mover partidas presupuestarias a discreción, ni hablar: este tema ni siquiera ha sido discutido en las reuniones recientes de la Bicameral

La postal de esta tarde alcanza para entender el cuadro. Un puñado de legisladores de la Bicameral (no todos) esperaban hoy, en el salón rojo de la Legislatura, al subsecretario de Justicia y Derechos Humanos, Diego Lavado, para discutir sobre un proyecto de ley que para captar más aspirantes al Servicio Penitenciario. Pero el encuentro quedó desactivado, sencillamente porque Lavado se olvidó de que tenía el compromiso. Es difícil que un funcionario se olvide de una reunión oficial, salvo que ese encuentro sea poco importante o no le interese. No se olvidó Lavado, por ejemplo, de la mediación en el conflicto con los vendedores ambulantes de la calle General Paz, la semana pasada.

¿Un presidente condicionado?

Para los cobistas, la siesta de la Bicameral no es casual. La atribuyen a una intención del gobierno. Es más, especulan que cuando llegue el pedido de recambio de autoridades, el Ejecutivo defenderá la continuidad del sanrafaelino Morales, a quien pueden condicionar para que no lo critique, en virtud de la alianza política entre Félix y Jaque.

Mientras tanto, los lazos entre los peronistas concertadores y los ortodoxos son cada vez más firmes. De hecho, ayer, los senadores de Félix, hasta hace pocos distantes, tuvieron un almuerzo con sus colegas justicialistas puros, en lo que bien podría denominarse como el comienzo de un operativo de ablande para cerrar el acuerdo político de Jaque y Félix en la Legislatura.

Sin embargo, Morales no asegura que las cartas estén jugadas en este sentido y sostiene que, por ahora, se mantiene el leit motiv de los concertadores del PJ: “Nosotros somos los justicialistas fuera del gobierno”, ratificó. Y sólo marcó un punto de referencia política para la convivencia futura con el PJ puro: “Nuestro límite es Cobos, nosotros no vamos a hacer lo que hacen sus legisladores, que son netamente opositores”, explicó.

Lo cierto es que, por ahora, ni en Diputados ni en Senadores, los peronistas concertadores han mostrado interés de desactivar sus bloques, que son independientes de los del PJ ortodoxo, para fundirse en uno solo con estos últimos. A pesar de los abrazos entre Jaque y el intendente Félix del sábado pasado en un club de San Rafael, en la Cámara Baja hay cuatro legisladores peronistas que se mantienen la identidad concertadora: Morales, Dante Casado, Gabriela Sánchez y Roberto Blanco. Y esto se replica en el Senado: los peronistas Emir Félix (hermano del intendente Omar), Ricardo Pettignano, Germán Gómez , Guillermo Amstutz y Ricardo Bermejillo tienen su propio bloque, ajeno al de los peronistas.

A su vez, dentro del peronismo concertador, hay diferencias insalvables: es muy poco probable que los legisladores que responden a Marita Perceval (Sánchez y Bermejillo) se plieguen al PJ, ya que la senadora nacional parece seguir firmemente ligada a Cobos. Tampoco es de esperar Amstutz  se acerque a Jaque, ya que es un desterrado del peronismo clásico por decisión propia, a quien el gobernador tampoco desea recibir en el seno del oficialismo.

Así, el mapa político legislativo, al margen de los acuerdos de cúpula, sigue siendo bastante complejo para el gobernador, que hoy va ganando una batalla (la falta de controles a su gestión en un área clave, como es la seguridad), pero no puede dar por superada otra prueba importante: la aprobación de las leyes que envía desde el Gobierno.