Celso Jaque cumple sus primeros 100 días de gobierno
En esta primera etapa de su gestión ha debido enfrentar varias tormentas. Asoma un Jaque más independiente de la Casa Rosada, pero cuya marca de estilo es todavía un misterio y que dependerá mucho de los logros o desaciertos en el área de seguridad..
Celso Jaque cumple hoy sus primeros 100 días como gobernador de la provincia. Un periodo que estuvo muy cargado de tensiones y en el que, como balance, se puede decir que aún no aparece con demasiada claridad el proyecto de gestión del justicialista que llegó sorpresivamente al control del palacio del Barrio Cívico en diciembre.
Las circunstancias no dejaron a Jaque acomodarse en el sillón del cuarto piso y disfrutar de la denominada “luna de miel” con la ciudadanía. Apenas asumió, tuvo que enfrentar el malhumor social generado por una medida antipática que, por disciplina política, tuvo que cumplir sin chistar: el cambio del huso horario.
La mayoría de los mendocinos repudiaron desde el primer momento una acción política que afectaba la vida de cada uno de ellos. Y el responsable directo de esto fue Jaque. Por este gesto -no contradecir una orden de Cristina-, los votantes empezaron a conocer al nuevo gobernador. No fue una buena manera de romper el hielo.
Los conflictos internos en las áreas de la seguridad y de derechos humanos entre el ala progresista y la dura y pragmática fueron la segunda causa de tensión. La designación por parte del ministro de Seguridad, Juan Carlos Aguinaga, del comisario retirado Carlos Rico como subsecretario de Seguridad, alguien a quien se señala por lo menos como un colaborador de los militares en la época de la dictadura, fue una medida que buena parte del Poder Ejecutivo aún no digiere.
Es que Jaque buscó fortalecer la política de derechos humanos produciendo el desembarco en cargos públicos de destacados abogados de esa línea, a la vez que dejaba la seguridad en manos de un demócrata que se hizo rodear de algunos referentes antigüos de la policía para tratar de dominar la inseguridad urbana. El resultado a futuro de este peligroso cóctel es incierto, más allá de que Jaque insista en sostener el débil equilibrio.
Después, en cuestión de días, llegó el tercer foco de conflicto: la fuerte pelea salarial con los docentes. El fracaso inicial de la paritaria con los docentes, colocó al gobernador en una situación incómoda: sin inicio de clases, justo en la semana de celebración de la Fiesta de la Vendimia.
Jaque no salió ileso de esta pelea, pero logró después un acuerdo salarial que trajo un poco de tranquilidad al ajetreado y cuestionado gabinete peronista.
Luego el gobernador logró anotarse un punto a su favor. Atravesó la semana pasada la paritaria con el sector salud casi sin pelea, y contra muchos malos pronósticos, firmó un quizás emblemático acuerdo pacífico con la sindicalista más combativa de Mendoza: la jefa de ATE, Raquel Blas. De todos modos, para adelante quede pendiente definir cuál fue el costo que deberán pagar las arcas del Estado provincial por esta ágil negociación, traccionada con billetes y peligrosa para el déficit de las cuentas.
Unos días antes, Jaque había cerrado la conflictiva semana de la Vendimia -en la que su imagen tambaleó fuerte- con un mensaje dirigido al propio kirchnerismo gobernante: la decisión de no ceder a los grupos de los derechos humanos que quieren la cabeza del comisario Rico, a pesar de que estos cuenten con el respaldo del propio gobierno de Cristina y Néstor.
Esta postura pareció revelar el alumbramiento de un “nuevo” Jaque, alguien que no está dispuesto a disciplinarse en todo lo que manda la Casa Rosada, como una forma de acercarse a la ciudadanía. Resta ver si ha sintonizado con ella. Y si este cambio de rumbo político no le hará pagar graves consecuencias de cara al poderoso kirchnerismo.
Lo demás es un misterio: asoma un gobernador que busca mayor control sobre las empresas privatizadas (hay un proyecto de compra de acciones de OSM cuya suerte es incierta y tampoco se conoce mucho de la intención de adquirir papeles de YPF) y que intenta reordenar el Estado y marcar su sello a través de sucesivas “leyes de emergencia” en distintas áreas, por las cuales se ha ganado la enemistad de su antecesor, Julio Cobos. Queda por ver como guía a la realidad estas intenciones y si estas decisiones fueron correctas.
Mientras tanto, sobre el gobernador sigue pesando la promesa incumplida de los 40 millones de pesos de la Nación para la lucha del delito, un dinero que sigue sin llegar de la cada vez más distante Casa Rosada.
Y más que nada, el anuncio electoral de que tenía la clave para bajar considerablemente la inseguridad (30%, para ser precisos) en seis meses, un plazo que se acerca y que seguramente preocupa al jefe del Poder Ejecutivo.
Después, en cuestión de días, llegó el tercer foco de conflicto: la fuerte pelea salarial con los docentes. El fracaso inicial de la paritaria con los docentes, colocó al gobernador en una situación incómoda: sin inicio de clases, justo en la semana de celebración de la Fiesta de la Vendimia.
Jaque no salió ileso de esta pelea, pero logró después un acuerdo salarial que trajo un poco de tranquilidad al ajetreado y cuestionado gabinete peronista.
Luego el gobernador logró anotarse un punto a su favor. Atravesó la semana pasada la paritaria con el sector salud casi sin pelea, y contra muchos malos pronósticos, firmó un quizás emblemático acuerdo pacífico con la sindicalista más combativa de Mendoza: la jefa de ATE, Raquel Blas. De todos modos, para adelante quede pendiente definir cuál fue el costo que deberán pagar las arcas del Estado provincial por esta ágil negociación, traccionada con billetes y peligrosa para el déficit de las cuentas.
Unos días antes, Jaque había cerrado la conflictiva semana de la Vendimia -en la que su imagen tambaleó fuerte- con un mensaje dirigido al propio kirchnerismo gobernante: la decisión de no ceder a los grupos de los derechos humanos que quieren la cabeza del comisario Rico, a pesar de que estos cuenten con el respaldo del propio gobierno de Cristina y Néstor.
Esta postura pareció revelar el alumbramiento de un “nuevo” Jaque, alguien que no está dispuesto a disciplinarse en todo lo que manda la Casa Rosada, como una forma de acercarse a la ciudadanía. Resta ver si ha sintonizado con ella. Y si este cambio de rumbo político no le hará pagar graves consecuencias de cara al poderoso kirchnerismo.
Lo demás es un misterio: asoma un gobernador que busca mayor control sobre las empresas privatizadas (hay un proyecto de compra de acciones de OSM cuya suerte es incierta y tampoco se conoce mucho de la intención de adquirir papeles de YPF) y que intenta reordenar el Estado y marcar su sello a través de sucesivas “leyes de emergencia” en distintas áreas, por las cuales se ha ganado la enemistad de su antecesor, Julio Cobos. Queda por ver como guía a la realidad estas intenciones y si estas decisiones fueron correctas.
Mientras tanto, sobre el gobernador sigue pesando la promesa incumplida de los 40 millones de pesos de la Nación para la lucha del delito, un dinero que sigue sin llegar de la cada vez más distante Casa Rosada.
Y más que nada, el anuncio electoral de que tenía la clave para bajar considerablemente la inseguridad (30%, para ser precisos) en seis meses, un plazo que se acerca y que seguramente preocupa al jefe del Poder Ejecutivo.


