El "operativo clamor" que aisló a Jaque del público de la Vendimia
Veloz ingreso al teatro griego, una muchedumbre de funcionarios y custodios que impedía individualizar al gobernador y los grupos organizados para aplaudirlo fueron algunos elementos utilizados para evitar los temidos silbidos. El contraste con la entrada de Mirtha Legrand, que no necesitó aplausos artificiales.
Un indudable “operativo clamor” ayudó el sábado al gobernador Celso Jaque a atravesar sin ningún tipo de sobresalto los metros que lo separaban del palco oficial del teatro griego Frank Romero Day. Metros que algunos deben haber imaginado como un calvario, por la movida que se hizo para cuidar la imagen del mandatario.
Eran exactamente las 21,55 cuando por el pasillo que guiaba a los asientos oficiales, los periodistas que estábamos apostados en ese lugar percibimos el tumulto de la comitiva gubernamental.
En ese momento, la atención de la multitud ya estaba concentrada en el escenario. De hecho, ya sonaban los acordes de la Marcha de la Vendimia, el teatro se llenaba de luces (al tiempo que se oscurecía totalmente el sector de las gradas) y los locutores vendimiales comenzaban con la rutina de los saludos al público.
Desde un primer momento resultó extraño el vértigo que traía la comitiva de Jaque. Un cerco notable de guardias marchaba a toda velocidad por el pasillo. En el medio, Jaque era prácticamente trasladado en el aire. A su alrededor corrían esta rara maratón el vicegobernador Cristian Racconto, varios ministros y el gobernador de San Juan, José Luis Gioja. Se puede decir que casi era imposible individualizar al gobernador entre esa muchedumbre, que avanzaba como si fueran maratonistas y estaban protegidos por la oscuridad.
Pero lo más extraño de toda la escena fue la presencia de dos jóvenes (recuerdo que uno vestía remera blanca y el otro una remera azul), quienes iban adelante de todos gritando una orden: “¡Saluden que llega el gobernador!, ¡Saluden que llega el gobernador!”. Respondían a estos gritones personajes, que parecían extraídos de alguna marcha piquetera en el centro porteño, varios grupos de personas que estaban estratégicamente ubicadas en ese sector del pasillo del teatro griego. A ellos los ví aplaudir de manera efusiva; eran perfectamente individualizables, ya que el resto del público prácticamente ignoró la llegada del gobernador. Se debe haber tratado de los 400 chicos que, según después dijo una nota del diario Uno, entraron gratis el sábado a la Fiesta de la Vendimia con la misión de “saludar” al gobernador, y quienes están ahora en la mira de algunos legisladores.
Lo visto el sábado demuestra que los temores de una silbatina para Jaque se convirtieron para algunos en una obsesión en la semana previa de la Vendimia. Pero el montaje que se realizó para que la profesía no se convirtiera en realidad fue demasiado obvio. Y demasiado chocante.
Bastó comparar lo que se armó para que al gobernador Jaque no lo silbaran –algo que probablemente no iba a ocurrir- con la llegada de la diva televisiva Mirtha Legrand, quien arribó a la Fiesta rodeada de muchos menos custodia, a un ritmo mucho más tranquilo, dejándose ver y en medio de los aplausos espontáneos de la gente.
Lo visto el sábado demuestra que los temores de una silbatina para Jaque se convirtieron para algunos en una obsesión en la semana previa de la Vendimia. Pero el montaje que se realizó para que la profesía no se convirtiera en realidad fue demasiado obvio. Y demasiado chocante.
Bastó comparar lo que se armó para que al gobernador Jaque no lo silbaran –algo que probablemente no iba a ocurrir- con la llegada de la diva televisiva Mirtha Legrand, quien arribó a la Fiesta rodeada de muchos menos custodia, a un ritmo mucho más tranquilo, dejándose ver y en medio de los aplausos espontáneos de la gente.


