Presenta:

El ministro que se va, las empanaditas de chorizo y la bandera de los piratas

Ardió el quincho del gordo el último viernes. La agenda, cargada de temas fuertes. Uno o dos ministros que se van, la fiesta de los casinos, el jubileo, y el mate que Celso le regaló a Peteco. Pasen y vean…
El gordo Julián estaba intratable. A las siete y diez de la tarde empezó a prepararse para un viernes de gloria. Había colgado otra vez el cuadro del General en la pared más linda del quincho, y al lado le puso retratos más chicos. Uno del Néstor (después de todo es El Jefe), uno más de Alberto Balestrini, que se quedó con PJ bonaerense; y otro de Gerardo Zamora, el radical K que arrasó en Santiago con el 80% de los votos. -¡La Concertación está viva!- casi les gritó a los contertulios que se iban acomodando alrededor de las empanaditas de chorizo, una delicia que el gordo había hecho amasar para darles el último golpe de horno con leña de algarrobo, esa que hace llama fácil y se extingue pronto… -¡Dale, como la estrella de Jaque!- lo gastaron, cuando se puso a disertar sobre la buena madera argentina.

La discusión en la mesa compartida de cada viernes había empezado cuando el Chito, haciendo uso de su momento moderado de la noche, lo corrió a Julián… -¡Sacá la foto de ese dictador, que quiso perpetuarse en el poder, que se rodeó de los violentos para imponernos su política de saqueo y autoritarismo, que usó a su mujer para su proyecto político personal, que violó hasta el derecho de propiedad, que renegó de la fe, que usó a la izquierda contra la derecha y viceversa!- le exigió a los gritos al gordo… -¡No seas gorila, por favor no te metas con el General!- se defendió el anfitrión, mientras rendía homenaje al Torrontés de Altavista, un vino muy frutado que les había mandado el Mauricio en botellas de a par, y que con las empanaditas de chorizo va como los dioses. -¡No… qué general… Perón era un demócrata… te lo digo por el otro!- aclaró Chito, un hombre de negocios que pasa dos horas diarias en Wikipedia buscando adjetivos fuertes para el particular momento del país, y del terruño mendocino.

-Lo que pasa es que el Néstor tiene buena imagen- aclaró Julián, ventilando de a poquito una encuesta que circula en ámbitos muy reservados… -no está tan golpeado como Cristina- aclaró, encendiendo la ilusión de los justicialistas de la mesa que presienten el 2009 muy esquivo. –Además, en Buenos Aires ganamos nosotros…- dijo, agitando la interna del mayor y más apetecible distrito electoral. -¿Nosotros, quién…?- le provocó el “Gaviota”, un viejo habitué de unos cuantos sellos partidarios, que de vez en cuando aparecía en los asados. -¡Cómo, nosotros los peronistas!- dijo el gordo, como si hubiese expresado la Verdad Revelada.

El otro gordo, el Omar, el radical-radical-radical que comparte los asados de los viernes en lo del Julián, preparaba las bondiolitas. Antes, las había desgrasado un poco y puesto a macerar en una mezcla de oliva y tomillo, las escurrió y las pasó por mostaza casera, de semilla, mientras el Julián –que se pasó la semana a ensalada griega pero con muzza para esperar el momento- calentaba la parrilla. –El que está golpeado…- dijo Omar- es el ministro…

-¡¡Cuál!!- le preguntaron en banda… Omar se hizo el distraído un rato mientras destapaba el chutney de damascos. El muy turro se había ido hasta La Dormida a juntar la fruta que los productores habían arrojado al asfalto de la ruta 7, para festejar la exitosa política agraria del gobierno provincial. –Estaban buenísimos los damascos- disimulaba el Omar, que había logrado captar la atención del grupete. –Además, lo preparé con el vinagre que me dio Migliozzi. Lo usa todas las mañanas para mejorar el carácter- contó, a la vez que las bondiolitas pedían una vuelta sobre la parrilla para no secarse. -¡Pero dale gordo aflojá quién se va!- lo amenazó Julián con un repasador de lino para las copas Riedel, que el Christian le había traído el jueves desde Italia. –Y… se va Migliozzi… incluso le piensan regalar, para que se lleve a su casa, un calendario de cosecha, ¿no viste que no tiene ni idea?- contó. -¿Y quién más, quién más?- quisieron saber los muchachos… –Y, según los amigos de los amigos, los únicos asegurados son Cazabán y Mario Adaro… Y para la señora Iris Lima habrá pista…- explicó, tendiendo además el manto de duda sobre la continuidad de Cerroni.

-¡Y de dónde sabés tanto vos del gobierno, si sos radical!- le reconvino Ludovico, el único ganso del grupo, que había pasado el rato picoteando unas sardinitas del Mediterráneo que el Omar De Marchi les trajo la semana pasada, en barril y saladitas, desde la eurozona.

-Y… es que estamos hablando de nuevo con los muchachos… O conocés a alguien más desesperado que “intendente-peronista-mendocino-con-buena-imagen”, puesto a hacer campaña con el Celso de ladero y la provincia para atrás- dijo el Omar con intención de cerrar… -¡Para ché!- lo cruzó el Armando, el único intendente peronista auténtico de la jabonería, al tiempo que preparaba berros, huevo, parmesano rayado grueso y oliva en una cazuelita de barro cocido, con un toque de pimienta negra recién molida- ¿No vieron que el ‘Chueco’ baja como mil palos de obras?- apuró, discando a dos manos el número del multioperador para pedirle letra, mientras el gordo Julián le rezaba un poquito a la estampita de San Perón que lleva siempre en el bolsillo con el carné del ‘Lobo’.

La cena fue transcurriendo calentita. El torrontés le dio paso a un Alto Las Hormigas Malbec que perfumó el ambiente y exaltó los sentidos.

-¿Qué va a pasar con la ley de moratoria y blanqueo?- inquirió el gordo Omar, mientras le entraba a la tercera bondiolita en un pan francés tostadito a la parrilla. El “Chito”, que estaba esperando el momento, no lo dejó ni masticar. -¡Qué va a pasar… van a perdonar a todos los delincuentes, como siempre van a joder al que paga, y el que no pagó y además cometió delitos, ese va a salir derecho!- se enojó, mientras juntaba miguitas para tirarle al gordo Julián con una ballesta, sólo por molestarlo. -¿No viste que cambian la bandera?- siguió –Ahora van a licitar el nuevo diseño, ¡con un paño negro, los huesitos cruzados y un par de palmeras!- azuzó, proponiendo además pasarles lista a los diputados mendocinos, para ver cómo van a levantar la mano por el jubileo K.

Ludovico seguía la charla moviendo las brasas con una ramita de fresno, desubicado como Luisito Bhöm explicando la mala racha de los asaltos a turistas. –Lo que pasa- dijo acomodando su pañuelito al cuello- es que hablan de envidia. Mirá que no lo quiero al Celso… pero ahora va a traer la Copa América a Mendoza… -¡¡¡¡Andáaaaaa!!!- le contestaron a coro, tapándole la boca con rúcula entera, mientras ponían ‘un cien’ cada uno sobre la mesa para apostar a que la Copa se la lleva Gioja a San Juan. El Omar tomó la apuesta y le puso banca.

-Pero qué fútbol ni fútbol… acá lo que andan son los casinos- provocó el gordo Julián… -Si ganan un palo por día… Lo que pasa es que hay alguien investigando, porque parece que a los muchachos se les fue la mano, y pusieron maquinitas hasta en el baño y la cocina- dijo al pie del retrato del general, que ahora se desternillaba de risa desde una esquina de su cuadro. –Dicen que violaron la regla del 4 %- siguió misterioso… -¿¿Qué, la coima es del 4 %??- preguntó Chito abusando del chutney. - ¡No! –lo retó el gordo Julián- es que están obligados a que la superficie total destinada al juego en cada emprendimiento, que también tiene que tener hotel de cinco estrellas, no puede ser de más del 4 %- explicó desplegando el Power Point con un resumen ejecutivo y animación Flash en la chimenea del quincho. –Y por si fuera poco, hay otros muchachos contando los metros entre uno de los casinos y otro a punto de salir del horno, con un recurso de amparo listo- sacudió, haciendo gala de su buena información. -Y preparate, que Celso vetó la ley y hay cola para abrir casinos nuevos- remató. El resto, quedó en silencio.

Mirá vos…

El postre venía desfilando. Antes de cerrar la noche, alguien contó que los del Parque Cívico habían mandado a parar auditoría a conocida fundación de medicina, porque en MDZ los habían primereado ventilando irregularidades, y al Celso y a Cazabán no les gusta nada eso de correr detrás de lo que les marca el periodismo, “a falta de oposición institucional responsable”, razonó uno mientras con las peras al Malbec le cerraba la boca al “Chito” para que no hiciera un discurso de sobremesa.

-El que está culturoso es el Celso- dijo Ludovico, ensopando el pan casero en el juguito de la bondiola. -¿Por?- le preguntaron… Y el flaco soltó la anécdota que tenía para el café con amaretto:

-Vieron que vino Peteco Carabajal, que le orquestaron sus temas para tocar con la filarmónica en el Independencia…. Bueno, parece que el Celso lo quiso conocer, y lo mandó a llamar. El Peteco fue, charlaron un rato, y se llevó dos regalos institucionales. Un vino Lagarde (no muchachos, el semillón del ’42 no, no insistan…) y un mate criollo con la inscripción “Jaque Gobernador”-

-Nooooooo!!!- Hasta el mate atrasa…. Somos de cuarta!!!- se quejó el Chito mientras todos, hasta el gordo Julián, que es peronista pero no come vidrio, se agarraban la cabeza.

Los muchachos lavaron los platos, cerraron el quincho, y se fueron silbando bajito. Para la próxima, quedaron en asar un chivito y ponerse a tono con el Fin de Año, y los asuetos de Cristina y el Celso.

Como si hiciera falta dejar de laburar un poco…