Al calorcito de la ANSES
Lo que para los trabajadores en blanco de este país (una proporción todavía baja respecto de la totalidad) representa dilemas acerca de la tranquilidad económica durante su vejez, tiene en el mundo de la política un correlato diferente. La reforma jubilatoria es una plataforma que ofrece a sus actores chances que van desde controlar cajas siderales de dinero (cercanas a los 100.000 millones de pesos) hasta configurar un plan electoral promisorio en un futuro cada vez cercano.
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En Mendoza, más de uno mira también al ANSES con interés. Para explotarlo, o para posicionarse gracias a él.
Desplazar al bicho raro (según la mirada del justicialismo local) que hasta hace horas controlaba la delegación mendocina de ANSES se convirtió en la misión jaquista. Fredy Fernández, un político local sinuoso pero firmemente arraigado a la causa K, no logró resistir mucho. Ahora es prácticamente un hecho que su sillón será ocupado por el malargüino Héctor Raso, uno de los aliados más firmes e ignotos del gobernador. El silencio Raso no accedió todavía a hablar con este medio, a pesar de que lo llamamos varias veces. Pero nadie desmintió que su destino sea estar al frente de la oficina de las jubilaciones en Mendoza en breve.
Mientras, por su lado, Fernández se verá obligado a emigrar a Buenos Aires, donde, no obstante, asegura que ocupará un puesto gerencial importante en el esquema de la ANSES. O sea, nadie quiere quedarse afuera de los beneficios de gestionar las jubilaciones en una etapa de renacimiento para la administración estatal.
El puesto de la ANSES en Mendoza ha de ser muy importante a partir de la reforma, ya que Jaque puso a sus principales espadas a trabajar para esta causa en Buenos Aires. Y no es casual que la embestida jaquista para quedarse con el organismo haya coincidido con el tratamiento del proyecto previsional en la Cámara de Diputados: quedó comprobado en los últimos años que las puertas de la Casa Rosada sólo se abren de par en par cuando el matrimonio presidencial necesita votos.
Vamos a las pruebas. En 2007, la Concertación con Cobos fue el plan apropiado para darle el golpe de gracia a la oposición política en las últimas elecciones y el ex gobernador mendocino propició este escenario. Premio K: Cobos llegó a la vicepresidencia de la Nación.
Otro ejemplo. El proyecto de retenciones al campo necesitaba en julio pasado cuanto voto se
pudiera captar y los de los diputados justicialistas mendocinos en vidriera: no costó conseguirlos. Premio K: días antes de la votación en Diputados de la Nación del proyecto del campo, Jaque fue estrella en la Casa Rosada, en remplazo de Cobos.
A Jaque lo distinguieron aquella vez con el hiperfamoso anuncio de los 40 millones de pesos para seguridad del Estado Nacional y con el lanzamiento del proyecto hídrico dique Los Blancos en el Valle de Uco. Pero en ese caso, lo extraño es que aquel dinero para la lucha contra el delito no llegó nunca. ¿Será por eso que en la negociación de los votos a favor de la eliminación de las AFJP el gobernador prefirió conformarse con un premio más módico y concreto?
Cobos. Al vicepresidente de la Nación, como se sabe, se les cerraron las puertas de la Casa
Rosada en el pasado invierno. Patricia Gutiérrez, su leal secretaria en el Palacio Gubernamental, es la última sobreviviente en ese terreno hostil y por estos días sintetiza el estado de las cosas en una palabra: “frío”.
Pero eso no significa que Cobos se vaya a quedar afuera de los réditos políticos que puede conceder la discusión del proyecto previsional. Eso sí, lo hará desde el lado opositor.
Acostumbrado últimamente a sacudir la lengua sólo para incomodar al poder K, el jueves, en pleno debate del proyecto en Diputados, criticó la estrategia oficial respecto de las jubilaciones: “Esto se está discutiendo a las apuradas”, expresó en Córdoba. Y este viernes, en Mendoza, siguió disparando: pidió un ente autárquico para el manejo de los fondos previsionales y hasta advirtió que el proyecto actual, a sus ojos imperfecto, se puede modificar en el futuro.
Pero en el Congreso, las palabras de Cobos contra el proyecto oficial fueron prácticamente ignoradas y eso quedó de manifiesto en el resultado de la votación de Diputados: una contundente victoria de la postura oficial, que casi no sufrió el suspenso ni el dramatismo. Es decir que esta vez hay un escenario rotundamente diferente al que precedió su voto “no positivo” a las retenciones al campo en julio.
Este panorama le pone muchos interrogantes a la discusión de las jubilaciones, que arranca la semana que viene en el Senado. ¿Se animará Cobos otra vez a desafiar las pretenciones de la Rosada, interviniendo en el debate directamente, o se rendirá ante lo que parece una victoria irreversible del oficialismo?
Todo parece indicar que ocurrirá lo segundo. El vicepresidente no intentará poner freno al plan K, que quiere tener el despacho de la Cámara Alta sobre las jubilaciones el jueves próximo y votarlo no más allá del 20 de este mes.
Una resistencia simbólica o testimonial al acelerado retorno del sistema previsional al Estado es el camino que parece vislumbrarse en el caso de Cobos, que no puede quedarse sin su tajada en la polémica de la ANSES.
Aunque la tentación de tener otra vez la pelota picando en su campo y de crecer un poco más de cara a las elecciones de 2009 y 2011 no permita, por ahora, sentenciar que el vicepresidente se quedará en un segundo plano.