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"La Concertación ha muerto"

Un análisis sobre la Concertación local: "Es difícil creer que Cobos se ponga al frente de este espacio, porque su vocación no es de construcción y liderazgo sino de gestión. Tampoco se ve en ese lugar a otros dirigentes... O acaso ¿alguien imagina hoy que en las elecciones legislativas que se produzcan dentro de dos años la Concertación como tal presente candidatos? ".

La Concertación ideada por Néstor Kirchner y Julio Cobos fue una alternativa cosmetológica capaz de mostrar a nivel nacional la pluralidad y transversalidad del proyecto presidencial, pero que sin embargo no logró cuajar en Mendoza, el terreno más presumiblemente fértil para su germinación y crecimiento.

De esta manera, el mayor de los costos debió pagarse aquí; no sólo con la derrota en una elección y la pérdida del poder provincial, sino también con una fenomenal crisis política en un espacio lo suficientemente nuevo como para soportar semejante cuestionamiento.

Esta brevísima historia de nacimiento, apogeo y muerte concertador tiene algunas explicaciones. Algunas devienen de la omnipotencia de ciertos dirigentes, quienes creyeron que la sola imagen de Julio Cobos podría ser la llave mágica que abriera para los radicales K un nuevo período en la Gobernación. Así, confundieron algo que cualquier aspirante a la carrera de Sociología puede discernir: imagen positiva con intención de voto.

A ello hay que sumarle ciertas necesidades básicas insatisfechas, que en materia de gestión, Julio Cobos nunca pareció encontrarle solución. Especialmente aquellas demandas de más y mejor seguridad, verdadero karma cobista capaz de insumir cinco ministros en cuatro años.

Sin embargo, los padecimientos concertadores no terminan aquí. Tal vez el mayor error político fue creer que la pátina de novedad bendecida por Kirchner sería capaz de limpiar el pasado de una dirigencia que estaba como hoy está la Concertación: muerta y sepultada. La elección también dejó en claro que ni Jorge Pardal, ni Guillermo Amstutz, ni Chiqui García tienen mayor peso que el de las leyendas.

Por el contrario, su drenaje hacia las huestes concertadoras terminó resolviendo un gran inconveniente para el PJ que nunca encontró un lugar para que los ex caciques no entorpecieran su tarea. Tal error de construcción política no pudo ser suficientemente bien explicado, porque en realidad no tenía demasiadas explicaciones. Y hasta terminó perjudicando no sólo en términos de imagen, si no también en términos de efectivo aporte de votos. Pues si en algún sector estos referentes tienen inserción, es en el denominado “voto duro peronista”, que –ni por asomo- habría votado por un radical como César Biffi.

Así las cosas, y con la leche derramada, los llantos parecen reemplazarse por nuevos posicionamientos, que –inevitablemente- terminarán por licuar a la Concertación. Consumada la derrota provincial, a nivel de los municipios no implica mayores riesgos pues los intendentes concertadores electos seguirán vinculados a sus partidos de origen.

En los concejos deliberantes, en cambio, habrá fugas hacia los bloques peronistas o radicales. Difícilmente logre traducirse esta expresión electoral en una propuesta política de trabajo legislativo, y por ende con expectativas futuras de ser alternativa de poder. Y esto será similar a lo que se produzca seguramente en la Legislatura, donde los diputados o senadores de origen peronista volverán tímidamente al redil, o crearán sub-bloques, al igual que los radicales. Por la simple y sencilla razón que la Concertación no tiene líderes, o al menos líderes en condiciones de orientar hoy un proceso político con proyección.

Sólo Alfredo Cornejo desde el radicalismo y Omar Félix desde el peronismo parecen, por el solo hecho de haber ganado en sus departamentos, en condiciones de hacerse cargo de un espacio que hoy languidece. Habrá que ver si aceptan el convite.

Es difícil creer que el mismo Cobos se ponga al frente de este espacio, porque su vocación no es la de la construcción y liderazgo sino, en el mejor de los casos, de la gestión. Tampoco se ve en ese lugar a otros dirigentes como el mismo Biffi o Marita Perceval. Cualquiera de ellos podría tener más proyección nacional, de la mano del propio Kirchner, o de Cristina, que un rol de referente opositor en Mendoza. O acaso ¿alguien imagina hoy que en las elecciones legislativas que se produzcan dentro de dos años la Concertación como tal presente candidatos?

Con un PJ ortodoxo y reverdecido por el triunfo, y una UCR ortodoxa y feliz por haber obstaculizado la victoria de los “traidores”, lo único que puede aventurarse es la continuidad de ambos procesos internos hacia la reconfiguración (PJ) o hacia la implosión (UCR), más que el afianzamiento de un nuevo espacio cuyo debut fue un tropezón de esos que en política son contundentes e irreversibles caídas. Tan abruptas que son capaces de dejar fuera de combate aún a los mejores guerreros.