La enfermera Cinthia Córdoba denunció "pases a escondidas", desatención médica y amenazas de despido
Cinthia Córdoba, una de las enfermeras de la internación domiciliaria en Tigre. Antes de comenzar a declarar ante el Tribunal Oral en lo Criminal N°7 de San Isidro, la testigo aclaró su relación con uno de los acusados frente al banquillo: “Tengo vínculo con Mariano Perroni, es el papá de mis hijas. No estoy casada”.
Tras presentarse como licenciada en enfermería, Córdoba detalló cómo fue contratada por la empresa Medidom a través de Perroni para asistir a un paciente que se recuperaba de un hematoma subdural y de un cuadro de abstinencia al alcohol. Sin embargo, denunció trabas desde el primer día: “Yo pedí la historia clínica del paciente, pero no me lo pasaron. El primer día que fui fue el 11 de noviembre, tomé la guardia, entré al domicilio, el enfemero Almirón me hace el pase de guardia, me lo presenta. Estaba Diego en un sillón, estaba Gianinna también, me presenté y les dije que iba a estar toda la noche. Todo se reportaba en hojas de enfermería, qué medicación había que darle al paciente que estaba manuscrita y sin firma en la heladera y eso”.
A lo largo de su relato, la testigo sumó graves revelaciones sobre las irregularidades de la internación. Aseguró que el "Diez" no tenía ninguna dieta específica, que los pases entre médicos se hacían a escondidas y que los enfermeros operaban sin indicaciones precisas. Como ejemplo, relató una desatención ante un síntoma físico de alerta: “Un día lo vi edematizado a Maradona, pero nadie me contestó. Yo lo único que pude hacer fue subirle la pierna a un almohadón, tenía que esperar a la indicación de los médicos, pero no tuve respuesta”, puntualizó.
Uno de los momentos más tensos de su declaración ocurrió cuando reconstruyó una crisis psiquiátrica ocurrida a mediados de mes y la fría respuesta de la psiquiatra imputada, Agustina Cosachov. “El 14 de noviembre a la mañana yo me dedico al paciente. De un segundo a otro se exaltó de la nada, desconocía a todos, decía que estaba en una persecución. Yo le explique que era la enfermera y él me pidió que me cambiara y que me vaya que era una persecución”, declaró Córdoba.
Frente a la emergencia, la enfermera buscó auxilio de inmediato: “En ese momento yo la llamo a Cosachov para contarle la situación. Al principio me dijo: ‘¿Para eso me llamás?”. Le digo toda la situación que fue pasando, que no lo iba a dejar solo. Fui a golpear las puertas donde estaban Jony, Monona y nunca me atendieron. Yo se lo trasmito al coordinador, Mariano, que ya me había comunicado con la psiquiatra". Tras este episodio, según el testimonio de la testigo, las vías de comunicación se cerraron bajo amenaza: “Cuando viene el relevo, se despierta Monona y me quedo en el patio. Luego me voy y quedan ellos. A raíz de ello nos escriben a todos que no nos contactemos más con los médicos tratantes, que si nosotros nos comunicábamos con algún médico ibamos a quedar desvinculados”.
Finalmente, la enfermera se refirió al deterioro de Maradona en las horas previas a su fallecimiento, describiendo el panorama de su última jornada de trabajo. “El 23 de noviembre fue mi última guardia. Él no quiso ingerir nada comestible. Dijo que no tenía hambre. Le hice un té. Controlaba a ver si tomaba ese té, tomaba algo. Él estaba negado, estuvo todo el día en la habitación. Tuvo la visita de Dieguito y de Verónica Ojeda. Le dije que saliera, pero no quiso. Estaba tirado en la cama”, relató. Córdoba aseguró que alertó a los médicos sobre este ayuno, pero no recibió respuestas. Su desvinculación definitiva llegó poco después: “De su muerte me enteré por Mariano Perroni. Yo lo acompañé a Mariano hasta el domicilio a pedido de Forlini, que no se podía contactar con nadie de la casa”, concluyó.