La política "líquida" llegó para quedarse

Frente al desgaste de los partidos tradicionales, las alianzas ad hoc muestran que en el ajedrez electoral todo es posible, como lo confirman fórmulas impensadas como las de Fernández-Fernández y Macri-Pichetto. Entre las sociedades estratégicas y la abierta borocotización, la construcción política de los principales referentes implica tragar sapos para avanzar hacia la victoria electoral. 

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Rubén Valle

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El sociólogo y filósofo polaco Zygmunt Bauman instaló hace años el concepto de modernidad líquida para definir un estado de las cosas donde ya nada era sólido, las tradiciones se caían a pedazos y lo que cundía era el individualismo como medida de (casi) todo. 

Y en ese contexto donde el amor, la vida y hasta el consumo también les cabe el rótulo de líquidos por tener en común la falta de bases sólidas, la política no es la excepción. Más bien representa la máxima expresión de una realidad cada vez más laxa. Así lo demuestran con sus alocadas brújulas los principales actores políticos del presente nacional: Macri, Cristina, Alberto Fernández, Massa, Lavagna y Pichetto.

La sorpresiva alianza entre Mauricio Macri y Miguel Ángel Pichetto para conformar una fórmula presidencial, donde confluyen Cambiemos (Pro + UCR) y un "peronista racional", es una clara muestra de cuan cierto es que la política es el arte de lo posible. El rionegrino devenido coequiper de Macri lo define a su manera: "A mí no me gusta el término rosca. Prefiero pensar la política como arte". Un arte a medida. 

El anuncio de la fórmula entre un Presidente devaluado que busca la reelección y un legislador que hasta ayer era uno de los principales impulsares de esa tercera vía antigrieta conocida como Alternativa Federal, sacudió no sólo el avispero del mundillo político. La gente común, ergo los votantes, también expresaron su genuino desconcierto. 

Las encuestas que planteó este diario a sus lectores, la contrariedad de muchos oyentes de MDZ Radio que no ocultaban la sorpresa ni el enojo y el lógico rebote en las redes sociales (donde lapidarios apelaron a Google para activar ipso facto el archivo Pichetto), reflejaron el fuerte impacto que causó el anuncio de la fórmula de Cambiemos. 

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Y es ahí donde nace el descontento del votante común, de aquel que no lee las jugadas políticas ni sabe interpretar estas movidas como parte de un plan superador. No lo entiende del todo porque quienes hasta ayer estaban en veredas enfrentadas, apelando a la munición gruesa para cuestionar la gestión de Macri o para criticar la inacción de la oposición, hoy se peinan para la foto compartida, exponen su mejor sonrisa y firman el ubicuo "aquí no ha pasado nada". Un implacable meme definió a Pichetto como el Frank Underwood argentino, por el impenitente operador de House Of Cards. Una comparación que tanto vale por la cintura política como por la falta de escrúpulos. 

Mismo escenario de borocotización fue el que montó el mes pasado Cristina Fernández cuando anunció otra fórmula impensada con Alberto Fernández, el exjefe de gabinete de Néstor Kirchner, como candidato a ¡presidente! Sobre todo, porque la expresidenta resignaba el primer lugar para "cederlo" a su temporal exenemigo; una astilla del mismo palo que durante los años que orbitó por fuera del kirchnerismo no mezquinó críticas de trazo grueso hacia CFK, , con epítetos que lanzados en estos tiempos de reivindicaciones feministas le hubieran valido un pasaje sin escalas al cadalso.

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Entre sentimientos de desconcierto (e incluso algo de vergüenza ajena) y la presunción de que la política de estos tiempos es más real si viene de la mano de una alianza coyuntural, no de los desgastados partidos tradicionales, la política nacional va mutando hacia un Frankenstein que aún nadie sabe si podrá caminar derecho, romperá todo a su paso o si su ajeno corazón lo impulsará a las buenas causas. Si es política, todo será posible.  

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