Las redes y la calle, ¿dos mundos aislados?

Circulan sofisticados instructivos para la cibermilitancia que hacen hincapié en evitar la violencia en los mensajes de campaña. Pero el caso de la agresión en Godoy Cruz advierte que también podría hacer falta un manual para los punteros que interactúan cuerpo a cuerpo en los barrios. La necesidad de moderar la grieta. 

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El militante oficialista en plena agresión.

El episodio del militante de Godoy Cruz marca un contraste sorpresivo en la era de las redes sociales y las campañas sofisticadas.

La cibermilitancia electoral se prepara en estos días para la primera de varias batallas. Será la de las PASO del 11 de agosto.

En los dos bandos de la grieta hay preparativos para "combatir" en las redes. Los instructores preparan y distribuyen verdaderos manuales de acción para sus "soldados" de internet.

Circulan órdenes sobre hastags, perfiles, mensajes para compartir, modos de respuesta y hasta fotos a usar en cada cuenta de Facebook, Twitter e Instagram.

Todos deberían tener, en lo posible, más de una red social para dar esta pelea, sostienen esas guías.

El objetivo es el indeciso, recalcan muchos de estos mensajes. Es tiempo de afinar una estrategia que multiplica la tropa hasta el infinito: todos los que tienen un celular pueden trabajar para la causa.

Se sugiere en los manuales estar atentos a "las mentiras y los fakes" y hay importantes menciones sobre el tono de la confrontación: "Hay que interactuar con afecto y si ven agravios hacia el candidato, no respondan con violencia".

Instructivo para la cibermilitancia.

El hecho de Godoy Cruz genera al menos un interrogante: ¿Se replican de algún modo estas civilizadas instrucciones de campaña en la calle o son dos mundos aislados y diferentes?

Genera sorpresa que entre tanta moderna capacitación para militantes haya aparecido este jueves un puntero de la "vieja escuela", capaz de marcar territorio, de apedrear un auto y de amenazar a adversarios con "un tiro" si se animan a repartir panfletos de una opción política diferente a la suya en su barrio.

El caso de este empleado municipal ha sido calificado como un hecho aislado, pero nadie debería descuidar que la campaña electoral también produce un "cuerpo a cuerpo", en plazas y barrios, con militantes de carne y hueso de opciones enfrentadas cuya "interacción" puede ser más complicada que la de las redes.

Los candidatos deberían moderar sus discursos y mensajes para colaborar con un objetivo: evitar que la polarización evidente degenere en violencia otra vez. Porque la vieja política todavía sobrevive y los que están en la calle también precisan un manual.

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