Empleo en Mendoza: presente gris, futuro negro

Los últimos datos indican que casi la mitad de la fuerza disponible tiene problemas de empleo. En paralelo, la economía no da muestras de crecimiento que auspicie una absorción de la demanda. En el medio, el debate sobre la reforma laboral.

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las largas filas muestran una creciente demanda de la fuerza de trabajo.

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Si no tenés trabajo o si lo tenés pero necesitar mejorar tu ingreso el horizonte es negro o, en el más optimista de los casos, gris oscuro. Aunque el tema de los problemas de empleo en Mendoza han sido tema recurrente en este espacio de opinión esta vez los datos de mercado laboral e involución del PBI son quienes pintan el cuadro de situación.

A tono con la situación del país, la provincia no escapa a una tendencia de desempleo en aumento. Nobleza obliga: el promedio local es más bajo que el nacional, aunque en una mirada fina quedan al descubierto los problemas de ingreso que afectan al Gran Mendoza.

Primero el golpe crudo: el desempleo aumentó 100% en un año al pasar del 4,2% en el primer trimestre de 2018 al 8,4% en los primeros tres meses de este año. Esto significa que hay 40.000 personas sin trabajo en el área metropolitana.

El panorama en Mendoza en el primer trimestre.

Sin embargo otro dato preocupante es el de trabajadores que, aún teniendo un empleo, necesitan cambiar a otro mejor o sumar horas para mejorar ingresos ante una inflación que no da tregua al poder adquisitivo. Los ocupados demandantes pasaron del 17% al 24,3% y los subocupados, del 10,6% al 12%. En números: un total de 177.000 personas con algún tipo de empleo buscan (o necesitan) mejorar su situación.

El invierno será crudo

Una de las conclusiones de estos datos es que la cantidad de personas que han salido al mercado laboral ha crecido por la situación económica, pero la evolución ha sido inversamente proporcional a la demanda de las empresas, que resisten atrincheradas con solo el personal necesario para subsitir.

En simultáneo con el informe de empleo el Indec lanzó otra granada a un horno que, desde hace tiempo, no está para bollos: el PBI cayó un 5,8% interanual en el primer trimestre.

Una economía en franca recesión combinada con salarios que cada vez alcanzan menos y empleos imposibles de generar en el contexto actual para el sector privado completan una molotov cuya mecha se encuentra pendiente de definiciones electorales.

La polarización extrema entre macrismo-peronismo y kirchnerismo-sindicalismo hacen que los empresarios posterguen cualquier decisión a mediano plazo. Sin esto el mercado laboral sabe que le espera un crudo invierno que recién podría mostrar algún brote bien entrada la primavera, luego de las generales de octubre y la definición en un eventual ballotage.

Reforma laboral, la madre de todas las batallas

Aún desde antes de asumir, Macri insistía en la necesidad de bajar el “costo argentino” poniendo al Transporte como ejemplo. En el duro discurso del Día de la Bandera contra los Moyano lo ratificó.

El objetivo final del presidente -con total consenso del sector empresario y parte de la oposición- es que Argentina necesita una reforma laboral integral. Convenios Colectivos de Trabajo (CCT) intocables rubricados hace 40 años sumados a la presión fiscal decantan en casi un 40% de empleo en negro en el país, explican en el Ejecutivo. Por ello consideran que una mayor flexibilidad en las modalidades de contratación (y despido, digamos todo) , la actualización de algunos puntos de los CCT y una paulatina reducción fiscal generarían un escenario fértil para el mercado laboral.

En la vereda de enfrente gremios pesados se resisten a ceder “privilegios” o salarios a cambio de más contrataciones. En parte se basan en el sano beneficio de la duda ya que, de por sí sola, una flexibilización no hará lo que es menester de la macroeconomía.

Con todo, si de algo está seguro el gobierno de Macri es que, tal como están las cosas, las leyes laborales traban cualquier inversión de magnitud a mediano o largo plazo. Por ello, con la mira en las reformas que llevaron adelante países como España, Francia o, más cerca, Brasil, aspirarán a llevar adelante modificaciones que aggiornen la legislación al siglo XXI en una eventual reelección.

Mientras todo esto ocurre, el cuentapropismo y las changas marcarán en lo laboral lo que queda de 2019.

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